domingo, 26 de septiembre de 2010

Nos vemos en mi "último" blog

Dos años lleva esto varado... y ahí seguirá, pero desde hace unos días, y por motivos obvios -MQP Radio is dead- me encontraréis en lo que ingenuamente he llamado "nuevo" blog. Ahí os espero:

martes, 28 de octubre de 2008

Una despedida en condiciones

Llega el momento, me piro
al filo de la mañana, ¡que frío!
que no me he puesto el sayo,
pero me he puesto
como un rayo.

Me siento como un espermatozoide esperando
en un tubo de ensayo,
congelado pero vivo.
(Estopa: Me falta el aliento)


Está claro que os la debo. Una de las frases más repetidas en estos dos días de avalancha de emails y llamadas ha sido “No son formas”. Tanta coincidencia me hace pensar que, efectivamente, había mejores modos de echar la persiana. Lo malo es que no se me ocurrieron... y ahora mismo sigo sin saber cuál es la fórmula adecuada para decir adiós.

¿Digo con Los Panchos que nosotros, que nos queremos tanto, debemos separarnos, no me preguntes más? ¿Aúllo con Presuntos Implicados que es tan triste recordar que cada historia tiene su final? ¿Confieso con Pablo Milanés que por mi parte esperaba que un día el tiempo se hiciera cargo del fin y que, si así hubiera sido, yo habría seguido jugando a hacerte feliz? Por ahí va la cosa, para luego añadir con Fito: el mejor de los pecados, el haberte conocido; y cuidar de las estrellas puede ser un buen castigo.


¿Cómo contaros que una vez más he vuelto a ser el aviador de El Principito cuando era niño? Yo, empeñado en pintar elefantes engullidos por boas, mientras todo el mundo aplaudía lo maravillosamente bien que dibujaba los sombreros. Como la tarjeta del paro, la frustración es personal e intransferible.


Escribir es falsear la realidad, exagerarla, trampearla, escamotearla. Releed el párrafo de arriba. ¿A que parece que hay un tremendo y doloroso misterio? Pues es infinitamente más simple que todo eso. Hace dos meses, con el comienzo de curso, me puse un plazo mental. Si no ocurría determinado milagro, colgaba la chapa. El domingo, con octubre finiquitado a los efectos de MQP, me puse a hacer el rutinario balance y caí en la cuenta de que había vencido ese plazo. Pese a que (me da vergüenza reconocerlo) intenté forzarlo rozando lo patético, del milagro no había rastro. Luego vinieron las horas de insomnio y taquicardia de las que os hablé (no es tan fácil pegar un tiro de gracia), la convicción de que, si no lo hacía, cada futuro post me encabronaría, y por fin, la redacción del apunte final. Escogí a Rhet Butler y a Neruda como heraldos y garrapateé la memez que tenéis ahí abajo. Si desactivé los comentarios es porque me daba pánico que pareciera que me estaba haciendo querer. Jamás he dudado ni dudaré de vuestro cariño.


¿Y ahora? Pues no me arrepiento. En estos dos días he aprendido lecciones fundamentales y he rehecho mi cartografía sentimental. Casi podría decir que cada llamada y cada mensaje han sido exactamente los que esperaba y de quienes los esperaba, incluyendo alguna sorpresa agradabilísima. Y algo, si me perdonáis, más valioso todavía: las llamadas y los mensajes de quienes, sabiéndolo, no me han llegado ni me llegarán (excluyo despistados, tímidos, ocupadísimos) son los que estaba seguro de que no llegarían. Ha sido el último y maravilloso regalo de los cientos que me ha hecho este blog.


Miento. Ese fue el penúltimo. El último ha consistido en el blog colectivo que se han montado en un visto y no visto un puñado de chalados adorables. Es curioso, pero el resultado se aproxima a lo que yo realmente hubiera querido conseguir aquí, entre otras cosas, porque va bajo bandera MQP (mejor aún: gente MQP) en lugar de usar mi nombre. Por allí pararé, de paisano y sin distintivos que me delaten. Para cualquier contacto personal, insisto en dejaros mi email: javiervizcaino@euskalnet.net. A mis años, no temo el spam; sólo a los troyanos disfrazados de Teresa de Calcuta.


Ahora sí. Ha sido un inmenso placer y seguirá siéndolo, porque esta puerta que se cierra abrirá en el futuro otras que nos servirán para encontrarnos. Nos vemos. Nos leemos. Nos escuchamos.

lunes, 27 de octubre de 2008

Hasta aquí hemos llegado

Aunque éste sea el último dolor que me causa... y éstos, los últimos versos que le escribo.


Sí, exactamente hasta aquí. Cuando ponga el punto final a este apunte, el trocito de mi que ha habitado estas páginas empezará a caminar entre la niebla sin la menor intención de mirar atrás... y sin la menor idea de hacia dónde va. Y me temo que no tengo fuerzas ni ganas para seguirle. Él fue quien se empeñó en levantar todos estos castillos en el aire, y él, quien hace unas horas -largas horas de insomnio y taquicardia- ha decidido que ya no tiene nada más que decir en este blog. Me pasa a menudo con los yos libremente asociados a mi personalidad confederal y anárquica: cuando menos lo espero, presentan la dimisión y marchan a inmolarse donde nadie les vea. Creen, seguramente, que es heroísmo, aunque salte a la vista que es inconstancia, inmadurez, y falta de valor para enfrentarse a sus propios fracasos fraguados a pulso.


Os pido disculpas en su nombre y, sobre todo, os agradezco la paciencia infinita con la que a lo largo de este año -y los nueve meses en el anterior blog- os habéis acercado a dar sentido a lo que iba escribiendo. Supongo que es demasiado tarde para confesar que en buena parte de las ocasiones, las sílabas, las palabras, los sintagmas y las oraciones completas no eran más que puntos suspensivos disfrazados.


Sinceramente, no creo que sea una gran pérdida. Ya hay ruido suficiente y, desde luego, cálidos blogs que no juegan a ser lo que no son. En ellos seguiremos viéndonos... y espero que también a través de las ondas.


Perdonadme que, como símbolo equivalente a apagar la luz y cerrar la puerta, desactive la posibilidad de hacer más comentarios. Si queréis decirme algo, os dejo mi redundante y (falsamente) ególatra dirección de correo electrónico: javiervizcaino@javiervizcaino.net. (Me dicen que falla. Probad en javiervizcaino@euskalnet.net) En la medida de lo posible, procuraré contestar cada correo... pero dadme tiempo.


No os miento si os digo que os quiero. Gracias, de verdad, por haber pasado por aquí.

viernes, 24 de octubre de 2008

El domingo, la hipocondría



Buda parlante

Lady Godiva
Be Bop A Lula
Llena de Gracia
Amor supremo
Muslos y nalgas
Luna cherokee
Presenta el arma
Estoy enfermo
Cómo envejezco.
Cómo envejezco.
(Golpes bajos: Estoy enfermo)




Esta semana nos alejamos de los terrenos que rondan lo filosófico y tiraremos en el espacio de Imanol de todo un clásico: los enfermos imaginarios. ¡Eh, un momento! ¿Cómo que imaginarios? ¿Acaso pensar permanentemente que se está a un cuarto de hora de la extrema unción no es una enfermedad en sí misma? Bueno, eso que lo diga el profesional, aunque como nadie os va a poner una querella por intrusismo, también podéis opinar al respecto.


De todos modos, lo que esperamos en esta ocasión son vuestras experiencias... en carne propia y ajena. Algo sabrá nuestra doctorcita del alma, pero me da a la pituitaria que entre los frecuentadores de esta ciberterapia grupal hay más de uno y más de una que podría escribir varios tratados sobre el noble arte de creer que se tiene lo peor de lo peor.


Mi teoría -fácilmente rebatible y, en cualquier caso, intercambiable por el envoltorio de un Tigretón- es que las personas creativas-barra-imaginativas son, como se comentó en el caso de los celos, más propensas y, además, se aplican más en la fantasía mórbida animada. Vamos, que algunos dejarían por aprendices a los guionistas de House.


¿Y yo, qué? ¡Mira que sois curiosos y curiosas! En el esplendor de mi lozanía (siglo pasado, según se sale a la izquierda), fantaseé con frecuencia con hernias de hiato y alguna menudencia así, pero ahora mismo, ni fu ni fa. Como colecciono compulsivamente factores de riesgo para varias cosas gordas (cangrejito incluido), de vez cuando creo que he acertado cinco y el complementario en la bonoloto con forma de esquela. Luego, me viene a la cabeza cualquiera de mis obsesiones reglamentarias, y se me olvida que me estoy muriendo, deja de importarme, o pienso que no caerá esa breva.


Vuestro turno. ¿También sois de los que pondréis como epitafio Ya os dije que esta vez tenía algo serio? Viva el humor negro, homenaje al próximo presidente del mundo.

jueves, 23 de octubre de 2008

Sexo sin compromiso



Roxanne,

You dont have to put on the red light.
Those days are over.
You dont have to sell your body to the night.
Roxanne,
You dont have to wear that dress tonight,
Walk the streets for money.
You dont care if its wrong or if its right.
(Police: Roxanne)




No sé si es verdad que es el oficio más viejo del mundo, pero sí que es uno de los que más va a tardar en desaparecer, si a estas alturas del tercer milenio siguen quedando hombres que aflojan el bolsillo antes de aflojarse las urgencias inguinales con la coartada de "buscar sexo sin compromiso". Son, concretamente, el 46 por ciento de los tipos que, como diría mi viejo y facha profesor de latín, pagan por pecar en el mercado de la carne de Bizkaia, que es donde ha hecho sus cuentas y sus cábalas la asociación Askabide. Otro 22 por ciento, amantes de la innovación, por lo visto, se pulen los cuartos en el alivio de bajos “para realizar prácticas sexuales diferentes a las que mantienen con sus parejas”. Me falta un 32 por ciento para completar la suma, pero me temo que tendrán excusas como que les aburre la programación de la tele o que pasaban por allí.


Ya. No juzgues y no serás juzgado. De hecho, aún mordiéndome la lengua, me abstengo de hacerlo. Enunciar los motivos de los llamados en lenguaje guay usuarios de servicios sexuales me parece suficiente retrato. Me preocupa más la situación de las 373 personas que prestan los tales servicios y que han participado en el estudio. El 90 por ciento son mujeres e inmigrantes. ¿Hace falta añadir algo más?

lunes, 20 de octubre de 2008

Medicamento lo será vuestro padre


Hola, soy Javier, pero no el que escribe habitualmente aquí, sino el Javier más famoso -chúpate esa, Bardem- de la última semana. La verdad es que tengo cosas mejores que hacer (arrugar nariz, soltar babita o regüelditos, llorar para que vayan madurando los pulmones...) que ponerme delante de un ordenador, pero no me ha quedado otro remedio porque empiezo a estar hasta la mismísima fontanela de que todo el mundo hable de mi, que no me puedo defender.


Tiene sonajeros que los que tiran niños al mundo como si fueran pedos porque su fanatismo les impide usar un simple condón vayan por ahí diciendo que si no hubiera sido por lo de mi hermano, mis padres no me habrían tenido. ¡Anda y que les ondulen con la permanén! ¿Qué saben del cariño a los hijos unos tipos que los coleccionan para ponerles nombres como Borja Mari o Bruno Miguel y aparcarlos desde las ocho de la mañana a las ocho de la noche en el Colegio Alemán? Cree el ladrón que todos son de su condición.


Pues que se vayan enterando: mi padres me querían, me quieren, y me querrán. Y yo a ellos, y a mi hermano, gracias al que seré un superhéroe. ¿Sabéis que un trocito de mi cordón umbilical le salvará? Fijaos qué cosa: algo que normalmente se tira va a servir para que el día de mañana tenga quien me defienda de los matones del cole o quien me deje en herencia sus jerseys y sus juguetes. ¿No os parece como para mear y no echar gota que los que se llaman pro-vida prefieran la muerte de un niño -mi hermano- a su salvación gracias a los avances de la medicina?


Porque soy producto del progreso de la ciencia, ¡y a mucha honra! Oye, el mismo Jesús de Nazaret, ese cuyas enseñanzas dicen seguir -¡ja!-, ¿no fue también un caso de fecundación artificial? Hasta donde mi cerebrito de neonato llega a comprender, hubo un donante llamado Espíritu Santo y un médico llamado Dios que llevó a cabo el implante en María sin que José se sintiera hecho luz de gas. Y, ojo, porque este no fue concebido para salvar a un niño solo, sino -¡toma sobrada!- a toda la humanidad.


A él le llamaron El Mesías; a mi, el bebé medicamento. ¡Tócate los pinreles! ¿Tengo cara de Aspirina o de Bisolvón? Me llamarán muchas cosas durante mi (espero) larga vida, pero ya han empezado poniendo alto el listón de los motes. Ellos sí que tienen pinta de medicamento, contra el estreñimiento, concretamente, porque cada vez que les oigo, me entran ganas de manchar el pañal.


¡Habrase visto! ¿Qué vienen ahora a rasgarse las casullas todos estos que, en vez de hablar de niños, hombres y mujeres, hablan de rebaños de ovejas? Les joroba que les hayan quitado la exclusiva de los milagros. Es eso, no le deis más vueltas. Pues ya pueden ir acostumbrándose, porque lo mío es sólo el principio. La ciencia no se va a parar. No lo hizo en la época en que se quemaba a los presuntos herejes en hogueras reales y menos lo hará ahora, que hacen parrilladas virtuales con cualquiera que les ponga en peligro el invento.


Así que, a cascarla a Ampuero. Os dejo, que me espera biberón. ¡Gú!

jueves, 16 de octubre de 2008

El domingo, la responsabilidad

Si supiera quién es
el que tiene la culpa,
le arrancaba la piel
por charrán y traidor.
Si supiera quién es
el que tiene la culpa,
iba a hacerle beber
gasolina en porrón.
Alguno tuvo que ser
quien puso el anzuelo.
Y a mí me quieren cargar
con este mochuelo.
¡Que cargue su abuelo!
(Manolo Escobar: Quieren cazarme)




Aquí va el asunto para darle vueltas a los magines antes de que el domingo le arreemos el hervor final con el Doctor Querejeta (a.k.a. El Neuronas): La responsabilidad.


Es una de esas palabras anchas y largas, con mil posibles puntos de abordaje. No excluimos, a priori, ninguno, pero, por si os da una pista, os cuento que la idea inicial la tuvo Edurne, al recordar en la reunión del otro día el Experimento de Milgram, una célebre investigación sobre la obediencia a la autoridad. Os recomiendo vivamente que leáis la referencia a la wikipedia que os he puesto, pero si andáis justos de tiempo, os explico que viene a demostrar que los humanos somos capaces de hacer casi cualquier cosa que nos mande alguien investido de poder. Hay varias interpretaciones sobre por qué somos tan ruines, pero una de las más factibles es que lo hagamos porque dejamos de sentirnos responsables de nuestros actos, por brutales que sean, si los cometemos en el cumplimiento de una orden. El archiconocido “Yo soy un mandao”, vamos.


A esa teoría de la “obediencia debida” -que en Derecho sirve como atenuante o, incluso, eximente- yo le añado dos huevos duros y digo que nos pegamos esas pasadas porque nos lo mandan, sí, pero también porque mola mazo putear al prójimo sin mayores remordimientos y, más importante aún, con la seguridad de que no vamos a ser culpados por ello. Si en algo ha demostrado su destreza la mente humana, es en la elaboración de mecanismos de autojustificación. Nueve de cada diez torturadores e idéntica proporción de matarifes de personas a granel o al detalle duermen a pierna suelta.


Y aquí es donde me disfrazo de Narciso Ibáñez Menta en Historias para no dormir para recordar que Usted puede ser un asesino. Vale, vosotros no; pero seguramente un puñado de las personas que conocéis, sí. Mi teoría es que todo es cuestión de medios y oportunidad. Si a ese meoncete que intriga, conspira, delata y pelotea en la oficina, las vueltas de la vida le ponen en la Dirección General de Seguridad de uno de los países de la lista negra de Amnistía Internacional, tened por fijo que practicará el genocidio como una de las bellas artes. ¿Por qué? Sencillamente, porque no se sentirá responsable. Es más, pensará que cumple una misión patriótica y/o divina y que, en cualquier caso, sus víctimas se lo habían ganado a pulso.


Pero, ojo, que esto va de responsabilidades, y aquí no hay que escurrir ninguna, tampoco la nuestra. Volved a la oficina de la sabandija del ejemplo. Si reís sus gracias, tomáis café con él o le dais codacitos cómplices y, en definitiva, cerráis los ojos ante sus (todavía) pequeños crímenes, también seréis, en parte, responsables de sus actos.

martes, 14 de octubre de 2008

¿De qué leches se ríen estos?


Siempre he escuchado a personas que tienen verdaderos conocimientos sobre ese casino universal llamado Bolsa de valores que las dos peores cosas que pueden pasar en el parqué son -y no necesariamente por este orden- un desplome de más de un cinco por ciento en una sesión... y un subidón (raid alcista, en jerga) del mismo porcentaje en una jornada. Y no hace falta ser un tiburón de las finanzas para comprender el por qué. Cualquiera con dedo y medio de separación entre la boina y las cejas se sabe la teoría del pan para hoy y el hambre para mañana o la de los días de mucho que son vísperas de nada.


Como ayer había pasta fresca y pagábamos la ronda los paletos del pueblo, los mismos ineptos que se han fundido en un abrir y cerrar de ojos hasta un tercio de los índices (precio de amigo), se agarraron una melopea trepadora. Hoy tenemos en todos los periódicos a sus esbirros -léase operadores bursátiles- descuajerinjándose de la risa porque saben que los únicos que han pillado cacho contante y sonante de ese diez por ciento de subida son ellos, que siempre se quedan con la partija sana, aunque toda la pesca esté podrida. Y hoy, mañana, o dentro de una semana a más tardar, a realizar beneficios, que viene a ser comerse de una sentada todas las pipas que has pelado en las últimas horas.


Pero no me hagáis caso. Cada vez comprendo menos esta noche de Haloween de calabazas financieras apestosas y caramelos envenenados. ¿Me puede explicar alguien por qué ayer me pasé una hora en una de las inmensas colas del Carrefour de Sestao, escenario de un descomunal caos de carros llenos hasta las cartolas? ¿Y por qué las inmediaciones del Megapark de Barakaldo, donde no se compra ningún producto masticable, estaban como una avenida de México D.F. en la peor hora de tráfico? ¿Nos estamos puliendo el dinero antes de que no sirva para nada?


Y, al final de esté dominó asesino, nuestra Moli, en la puñetera calle por haber cometido el tremendo de delito de apasionarse con su trabajo. Siempre he sostenido que ninguna buena acción queda sin castigo. Te queremos, Iratxe.

domingo, 12 de octubre de 2008

¡Ahí os va un meme!

...una bici diabética, un cúmulo, un cirro, un estrato,
un camello del rey Baltasar, una gata sin gato,
mi Annie Hall, mi Gioconda, mi Wendy, las damas primero,
mi Cantinflas, mi Bola de Nieve, mis tres Mosqueteros,
mi Tintín, mi yo-yo, mi azulete, mi siete de copas,
el zaguán donde te desnudé sin quitarte la ropa...
(Sabina: La canción más hermosa del mundo)


Venzo mi recelo -o más bien, mi aversión- hacia los memes, y sólo por ser quien es el que me ha dejado la pelota en el tejado, en lugar de despejarla malamente a córner, trato de jugarla antes de pasarles el marr... digo... el encargo a seis nuevos receptores que detallaré al final.


Se trata del meme de Juan Palomo y, si no he entendido mal, consiste en hacer un top cinco de nuestra quincalla sentimental, oséase, en enumerar el quinteto de objetos sin valor monetario que, pese a ello, supongan un tesoro personal incalculable. ¡Menuda trampa para elefantes! Es inmenso el riesgo de olvidar alguno de esos regalos únicos que me han hecho a lo largo del tiempo las personas más importantes de mi vida... la mayoría de las cuales leen este blog y toman nota cariñosa.


Aún así, me encomiendo a Santa Rita, y me atrevo con la lista. Eso sí: me niego a ponerlas en otro orden que no sea el alfabético


  • Cartas. Un puñado (se incluyen emails y algún sms). Llenas de palabras que me ablandan y me endurecen.
  • Dedicatorias. Varias. Entre ellas, la de un libro que me envió Bernardo Atxaga tras una entrevista. (Por cierto, Bernardo: ya toca otra, ¿no?) [Perdonadme que haya desenfocado el texto en la imagen. Supongo que lo comprendéis.]
  • Diarios. Los que escribí en un cuaderno entre los catorce y los quince años y su continuación entre los veinte y los veintiuno. Más que nada, como constatación de que no aprendo.
  • Fotos. Otro puñado. Lo siento: son personales e intransferibles.
  • Premios. Valoro todos, pero el más especial es la Pluma de plata de la feria del libro de Bilbao, que tuvo que recoger Dani en mi nombre al día siguiente del funeral de mi padre y un día antes del nacimiento de mi hijo.


Y claro... Otras cien mil cosas que andan por aquí o por allá, y que cada vez que me las tropiezo me devuelven pedacitos dulcificados de mi vida. Ese disco de Fito, aquel otro de Gardel, esa cinta de Extremoduro, una maquinita de liar porros que jamás utilicé, un penique convertido en una chapa del museo del terror de Londres, la mitad de un foulard cuya otra parte regalé a los dieciséis años no recuerdo a qué rompedora de mi corazón, el jersey lila que llevaba el 16 de julio de 1988, mi colección de Principitos en diferentes idiomas con su anotación de quién me trajo cada ejemplar, las txartelas identificativas de mi época de becario en Radio Euskadi, unas cuantas entradas a conciertos, la grabación de mis primeros programas, “Sin ti no soy nada” y "La playa" en mp3 cantadas por Iratxe (me sacan las lágrimas cuando las escucho), el patético “Boga Boga” que destrozamos Dani y yo sin que Natxo de Felipe pudiera hacer nada por evitarlo, varios vídeos con mis ridículos televisivos, los libros de notas de EGB y el bachillerato, la pitillera de cuero que me hizo Berta, los huecos en la estantería de los libros que presté y nunca me devolvieron, los saleros abrazados que me trajo Imanol de Nueva York, una caja de Gitanes sin empezar que me compró Sonia, el cartel y el CD del Hondas con hache...


Misión imposible, citar todos. Espero que no me odien los seis seres humanos a los que, en cumplimiento de las reglas de los memes, cedo el testigo. A saber:


[Sólo hay dos reglas en el meme de Juan Palomo: enlaza por favor al sistema de publicidad que propone Nirelandia y pásalo a seis personas que bloguean. Mejor si en el meme colocas el logo de Juan Palomo, cosa que yo no he hecho, por cierto...]

miércoles, 8 de octubre de 2008

Tomemos medidas


You got to know when to hold 'em, know when to fold 'em,

Know when to walk away and know when to run.
You never count your money when you're sittin' at the table.
There'll be time enough for countin' when the dealin's done.
(Kenny Rogers: The gambler)





Miro el gráfico del enésimo hostiazo del Dow Jones con la misma cara de lelo con que el hippy de Jóvenes se tiraba horas con los ojos pegados al punto que se quedaba en la pantalla de las viejas teles al apagarlas. Sólo en el último año los sabiondos hijos de Harvard y Stanford se han cepillado un treinta y pico por ciento del índice que -querámoslo o no- desemboca en el fondo de cada uno de nuestros bolsillos. Yo, de mayor, quiero un curro de esos: la pifias, y en vez de correrte a gorrazos, los grandes consorcios de defraudadores legalizados se dan de bofetadas para contratarte. Tampoco me sorprende; cualquiera de nosotros conoce lugares cercanos donde los inútiles son recompensados mientras ninguna buena acción se libra de su justo castigo.


Los gobiernos, entre tanto, se meten a practicantes, inyecta que te inyecta una pasta que no deja de ser, como la causante del desastre, puro humo, apuntes contables de lo que no se puede contar, simplemente porque no existe. Pero no pueden hacer otra cosa: hoy me salvas a mi, y mañana, en la próxima campaña electoral, yo te salvo a ti, prestándote la pasta que sé que no me podrás devolver más que con favorcitos como este. Quid pro quo, decían los romanos... y perdón por mencionar un imperio que se vino abajo con un par de cosquillas.


El lunes a la una de la tarde anunciarán el Nobel de Economía. Si la Academia Sueca fuera tan vanguardista como dicen, deberían dárnoslo exaequo a los millones de seres humanos que, sin haber pisado una escuela de negocios ni tener ganas de hacerlo, sabíamos que tarde o temprano el castillo de naipes se vendría abajo. Si no es así, mi propuesta alternativa es que se lo otorguen a Michael Moore por sus diez medidas para atajar la sangría, que recoge Mikel Eztabai en su blog. Yo soy especialmente entusiasta partidario de las dos primeras: perseguir criminalmente a los que han inducido la crisis a sabiendas desde Wall Street y hacer que los que se han enriquecido con la economía virtual aporten sus casas, sus jets y sus botellas de Bourbon para el rescate. Y tampoco estaría mal que los pasearan en ropa interior por las calles de Novosibirsk.