jueves, 20 de diciembre de 2007

Alta velocidad y tocino

O tren vai andando pasiño a pasiño
e vaime levando cara o meu destiño.
(Andrés Do Barro: O tren)


Ahora que ya estamos curtidos en polémicas circulares (por lo menos, Ashet e Iñaki lo están), podemos meter las wambas en charcos profundos y -casi seguro- sin salida. ¿Qué os parece el tren de alta velocidad? Decía Mel Gibson en ya no recuerdo qué parte de Arma letal que las opiniones son como los culos: todo el mundo tiene una. Pues creedme que en esto del caballo de hierro que va a toda leche yo no podría decir que tengo culo, o sea, opinión. De hecho, me ocurre algo curioso: cuando escucho los argumentos favorables me sitúo radicalmente en contra y cuando me adoctrinan con las razones para oponerse, me entran ganas de ser el ciudadano que saque el primer billete.

Supongo que sería más fácil saber lo que pienso si las opciones no se redujeran a es buenísimo o es malísimo y si quien defendiera lo uno y otro no fueran, respectivamente, un político que jamás ha ido en transporte público o un ecologista que lleva la bici plegada en la parte de atrás de su cuatro por cuatro. De acuerdo, he exagerado con los estereotipos. Cambiad, si queréis, al primero por un político que hace lo que le dice su partido y al segundo, por un ecologista sedicente de esos que lleva tatuado en la nalga Me opongo a todo y a más.

Y como vivimos donde vivimos, no hay que olvidar el factor E, ese que obra el milagro de convertir las mejores causas en garitos poco recomendables donde a uno no le apetece nada que lo reconozcan. Es triste confesar que esos que literalmente mezclan alta velocidad y bajo tocino a mí me están ayudando a tomar por la vía de las vísceras el partido que no soy capaz de tomar con la cabeza. Me temo que no soy el único.