sábado, 8 de diciembre de 2007

Gilipollas Caraculo, Antonio

Dime tu nombre y te haré reina en un jardín de rosas. (Duncan Dhu: Jardín de rosas)

Iñaki Murua me acaba de hacer alucinar en cinemascope con Dolby Surround al descubrirme dos historias de esas que en la vieja prensa solían venir bajo el epígrafe Mundo insólito. Pero como todo es superable, lo del pobre actor en semipelotas detenido por la Ertzaintza y lo del bombero al que le ha salido carísimo su onanismo altruista se me antojan pequeñeces al lado de la pesadilla entre kafkiana y dantesca que está viviendo el ciudadano Antonio Bandín Moreno.

Como sabréis a estas alturas la mayoría, ese es su nombre real, pero para los restos quedará como Antonio Gilipollas Caraculo por culpa de un anónimo empleado de la empresa que tramita las facturas de Gas Natural que se sintió chistoso y cambió los auténticos apellidos del sufrido abonado por los dos contundentes epítetos. Seguramente, todo habría quedado en un berrinche anónimo si a la víctima del guasón no se le hubiera ocurrido dar tres cuartos al pregonero, o lo que es lo mismo, denunciar la vejación onomástica ante los medios de comunicación. Si quería taza, ahora Antonio tendrá que acarrear con toda la cafetera y allá donde vaya será saludado por el alias que le puso el auxiliar administrativo bromista. Definitivamente, hay remedios que son peores que la enfermedad. Tomad nota por si os pasa: es mejor dejarlo correr, porque en el momento de redactar esto, la búsqueda de "Gilipollas Caraculo" en Google arroja más de veinte mil resultados...
...y sólo un día después, ¡253.000!