miércoles, 5 de diciembre de 2007

Siempre estais ahí

El escenario es un volcán que brama con sonido atronador. Bañado por sudor y luz, te busco entre la multitud, porque yo sé que siempre estás allí. (Baron Rojo: Siempre estás allí)

Como veis, la paloma con cara de caballo no es el único premio que me he traído de Barcelona. Esta mañana la encantadora Marieta me ha regalado una pieza excepcional de cerámica amazigh y mi adorable familia de Terrassa me ha obsequiado con una selección de productos catalanes de su carnicería. Ha sido un día redondo, orlado de cafés, cervezas, palabras, tabaco, sonrisas y cariño auténtico. Es uno de los recuerdos más hermosos que me va a quedar de estas semanas en que me han metido a héroe por accidente.

La otra parte, la del oropel y la fanfarria, la iré destilando poco a poco. Como siempre, mi querido Javier Ortiz da en la diana cuando habla del pulpo en un garaje que fui ayer. Creedme: no estaba nervioso. Si mi voz sonó así, fue porque quise que cada sílaba transmitiese lo que de verdad sentía. Necesitaba que los que estáis ahí supieráis que sois los más importantes. Necesitaba también que mis compañeras y compañeros tuvieran claro que estaba allí representándoles.

Ahora os puedo contar que, aunque nunca llegué a anotar nada ni a hacer siquiera un esquema, di varias vueltas a lo que debería decir. Pensé explicar de qué iba el espacio, tuve la efímera tentación de hablar de los últimos acontecimientos o de marcarme una teórica poniendo a escuadra a las emisoras de las que se nutre el Cocidito. Pero en el Palacio Albéniz, donde el Ayuntamiento de Barcelona agasajó a los premiados, descarté todo eso, mientras miraba una impresionante flota de Mercedes con chóferes que parecían, como los propios vehículos, salidos de la misma cadena de montaje. Poco antes, había visto cómo un puñado de gestos de fastidio se transformaban milagrosamente en sonrisas llenas de dientes blanquísimos ante los destellos de los flashes. Ahí supe que con un minuto tenía más que suficiente. Sería nuestro minuto, el de quienes no sabemos -y en mi caso, no queremos- manejarnos en un hotel de seiscientos euros por noche.

Y también en ese instante emigraron las mariposas de mi estómago. Como otras veces en mi vida, haría mi papel, que consistía básicamente en ser cortés y agradecido con quienes habían tenido la gentileza de premiar en mi persona los veinticinco años de Radio Euskadi. Es lo que intenté hacer: ser un punto más de la complicadísima escaleta de una gala -eso sí hay que reconocerlo- que es una demostración de poderío y solvencia como muy pocos actos sociales de nuestro entorno. Diré que estuve allí; diré que me vistéis; diré que os vi, porque sabía que estabais ahí. Siempre estais ahí.

POSDATA: Ahora empieza el carrusel de libro. Va a ser una bonita excusa para vernos y charlar o, aunque sea, saludarnos. No dudéis en acercaros allá donde estemos SIN NECESIDAD DE COMPRAR UN EJEMPLAR. Esto no va de marketing. Quiero que lo tengáis claro, ¿de acuerdo?
Os iremos contando los cuándos y los dóndes. De momento, anotad: Jueves 6 de diciembre a partir de las 12 del mediodía y sábado, después de hacer el programa en directo, a partir de las dos de la tarde en la feria de Durango.