lunes, 10 de diciembre de 2007

Torcidos Humanos

Sabes que no existe la tortura: es tu locura.
Te has imaginado la bañera y electrodos,
las hostias, la bolsa en la cabeza y, si eres mujer, la violación. (La Polla Records: La tortura)


Debería ser exactamente al contrario, pero cada vez que escucho a alguien pidiendo que se respeten los Derechos Humanos, me pongo a la defensiva. Lo triste es que, una vez hechas las pruebas del algodón y del estropajo, suelo constatar que mi recelo resulta una actitud incluso demasiado generosa hacia quienes enarbolan una bandera que, cuando no les ve nadie, utilizan para atizar al prójimo. Hablo de gobiernos y gobernantes, que casi por oficio deben vulnerar los tales derechos para asegurar su pervivencia, pero también señalo a colectivos presuntamente beneméritos de Villarriba y Villabajo que suelen pedir para los suyos lo que no permiten a los demás.

Como no censado en ninguno de los dos extremos, saco la nariz este 10 de diciembre, exactamente igual que lo haría un tres marzo, un siete de julio o un catorce de octubre, para gritar que aquí, allá y acullá se siguen vulnerando los Derechos Humanos y que eso es así porque no le importa a casi nadie. El que no sea cómplice, que tire la primera piedra.