Todo está muy claro, pero no lo entiendo: quién está ganando y quién está perdiendo. (Fito y Fitipaldis: Ni negro ni blanco)Aquí tenéis información actualizada y contextualizada.
Lo que se ve y lo que no se ve de Más Que Palabras
Todo está muy claro, pero no lo entiendo: quién está ganando y quién está perdiendo. (Fito y Fitipaldis: Ni negro ni blanco)Aquí tenéis información actualizada y contextualizada.
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Javier Vizcaíno
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Etiquetas: Impresiones y depresiones

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Javier Vizcaíno
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23:40
Etiquetas: Ni esto ni lo otro
Dígame usted dónde hay un cuadro con más gracia, con el color que da la luz del mes de abril, cuando son dos y están debajo de una acacia, y entre los dos un cocidito de albañil.
(León y Quintero: Cocidito madrileño)
En el blog aparcado os mostré la galleta del CD, y aquí os descubro la portada, que le ha dado mil y un quebraderos de cabeza al maestro Imanol Gillen. No dejará de asombrarme el mundo de la edición: la pieza ha recibido hoy el visto bueno y me juran por rojito vivo que llegará a tiempo a la Azoka. Descansaré cuando lo vea, aunque me temo que no terminaré de creerme que he despertado de la pesadilla que para mí ha supuesto escribirlo o, según se mire, transcribirlo. Hay material potente, muy potente. Creo que, en conjunto, me puedo sentir satisfecho, pero he llegado tan harto a la meta, que necesitaré meses para sentir que lo que acabo de deciros es cierto.
Con mi complejo de Escarlata O'Hara por montera, a Dios pongo por testigo de que la segunda entrega en versión libro-CD del Cocidito Madrileño será la última. (Y ahora es cuando viene Iñaki(2) a decir ¡Eso, eso! ¡Y cárgatelo también de MQP!)
No os cortéis y opinad... de momento, sobre la portada. Lo otro llegará más adelante.
Ernesto, curtido en esas redacciones donde se pueden hacer jornadas de doce horas diarias a la caza de la mejor historia para alimentar el hambre canina de la insaciable audiencia televisiva, defendió con ardor su trabajo. Pero me temo que su brillantez no fue suficiente para convencer a la inmensa mayoría de los oyentes de MQP, alineados de saque con ideas más parecidas a las que trajo Mariola, que también fue cocinera de esa tele de trazo grueso antes de arrepentirse y contar sus miserables pelos y señales en un libro titulado ¡Mírame, tonto! Confieso que yo, que conozco ese paño por vía cercana -incluso cercanísima-, aprecié el esfuerzo del periodista madrileño, pero también me vi más reflejado en la postura de la valenciana.
Una frase ingeniosa: No quieras saber cómo se hacen las leyes ni las salchichas, a lo que añado: Ni tampoco los programas de telerrealidad. Cuando escucho a algunos de mis compañeros más jóvenes maldecir la profesión porque se han mojado al volver de una rueda de prensa o porque la máquina de café no funciona, suelo desearles con cordial mala leche una temporadita en cualquier talk show. De hecho -y que me perdone Mikel eztabai- yo creo que preferiría hacer la mili en los Regulares de Ceuta antes que trabajar dos semanas en esas casquerías donde la única forma de sobrevivir es hacerse un abrigo de conchas de galápago impermeable a cualquier sentimiento humano. Si Darwin tuviera que probar la teoría de la selección natural hoy, sin duda iría a una de esas redacciones en que sucesivos jefes intermedios con la pituitaria y el paladar atrofiados piden más tabasco a las historias, ya de por sí picantes, que les ofrecen los curritos.
Lo peor de todo es que, igual que en los grandes almacenes incluyen en el precio de las cosas la parte proporcional de lo que saben que les van a hurtar, aquí también entra en presupuesto que de tanto en tanto se produzca una desgracia. Es más: se ha llegado a tal grado de refinamiento en la perversión que cuando llegan esos accidentes, se hace de la necesidad virtud y se consigue, incluso, subir cinco puntos la audiencia. No me he parado a mirar los datos, pero me apuesto lo que sea a que desde el asesinato de Smetlana, el Diario de Patricia ha mejorado rating y share. Y justo aquí, donde me voy a parar, llegamos a la última responsabilidad, la de quien maneja el mando a distancia.
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Javier Vizcaíno
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Etiquetas: Oficio de tinieblas
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