domingo, 27 de enero de 2008

¿Abrimos las listas?

Habla, pueblo, habla,
habla, pueblo sí.
No dejes que nadie
decida por ti.
(Vino Tinto: Habla pueblo, habla)


El Dios de los blogs también escribe derecho en renglones torcidos. Lo acabo de comprobar leyendo vuestros siempre nutritivos comentarios al apunte anterior, que me han dado materia para poner las neuronas a hacer estiramientos y, de propina, para empezar a escribir esta entrada en la que nuevamente os dejo una patata caliente en forma de pregunta: ¿abrimos las listas?


Podéis empezar objetando que sobra la primera persona del plural en el verbo, pues digamos lo que digamos, nos van a hacer el mismo caso que un peine a Gadafi. Pasad eso por alto. Imaginad que sí está en nuestra mano cambiar algo y daos el capricho de argumentar a favor o en contra. Yo, que a veces pienso que sí, otras que tal vez y en ocasiones que no, me limitaré a anotar algunas de las ideas -por llamarlas de alguna manera- que han hecho eslalom en mi cabeza durante la tarde.

De saque suena bien, ¿verdad? Las siglas pasan a segundo plano sin dejar de estar ahí y las personas se hacen con el protagonismo. En teoría, no habría que votar -como dicen algunos que hacen- tapándose la nariz, porque en cada papeleta o papelón pondríamos cruces junto a los nombres y apellidos que más nos convencen. Sería esperable también que quienes aspiran ganarse nuestra marca en su casilla se empleasen a fondo para convencernos y que, de alguna manera, sintieran nuestro aliento en el cogote cada vez que tuvieran que actuar. Se tendrían que ganar el respaldo popular con el sudor de su frente y no haciendo pasillos o genuflexiones en la sede del partido. Hay motivos para pensar que cambiaría significativamente la forma de hacer política.

Hasta ahí pinta de cine, pero pensemos un poco: ¿Llegaríamos a conocer de verdad a los seres humanos susceptibles de ser votados? Algo me dice que lo tendrían más fácil los más mediáticos y/o los que tienen más posibles. Tenemos una comparación fácil en los clubs de fútbol: en teoría, cualquiera puede ser presidente de la Real o el Athletic, pero si vemos la relación de nombres que han ocupado esos cargos, nos damos cuenta de que no hay auxiliares administrativos, carteros o profes de secundaria. La pega es mayor si pensáis en que la libertad de elección no es necesariamente sinónimo de acierto. ¿Qué pasaría si se presentaran Fernando Alonso, Bisbal, Federico Jiménez Losantos o Karlos Arguiñano? Sospecho que todos obtendrían el número suficiente de sufragios como para ganarse el escaño. Trasladadlo a unos comicios locales y nos encontraríamos en los ayuntamientos con los tres o cuatro xelebres del pueblo y, por supuesto, con los que más pasta manejan. ¿La vuelta al caciquismo?

Se me ocurren más pros y, desde luego, más contras, pero no me alargo más. Es vuestro turno. Recordad la pregunta: ¿abrimos las listas?