lunes, 14 de enero de 2008

Chicos malos de ayer y hoy

Chicos malos... ¡malos!
¿Por qué será? Algo marcha mal
Si somos malos, ¿Por qué será?
No comprendes, no lo entiendes.
¡Algo marcha mal!
(Pato de Goma: Chicos malos)


¡Vaya! Parece que ha vuelto a fallar la educación-en-valores. Estoy por telefonear a la escritora Gemma Lienas y preguntarle si son agresivos o violentos los mangarranes de entre quince y veintiún años que ayer dieron una paliza a dos seguidores del Sestao River. Los niñatos, vergüenza de la noble afición de mi querido Barakaldo, iban bien surtidos de cacharrería para hostiar, bates de beisbol y puños de hierro incluidos.

No haré el numerito de echarme las manos a la cabeza, porque recuerdo perfectamente cómo cuando yo todavía usaba pantalón corto, los más brutos de Astrabudua quedaban en fines de semana alternos en las mugas con Erandio y Leioa (entonces Lejona) para atizarse con el macarramen de esos pueblos vecinos. Aquellos quinquis llevaban Lois marcapaquetes atados con cinturones cuya hebilla era la cabeza de un león, mocasines negros, calcetines grises de rombos que servían para guardar el paquete de Ducados y, como eran los años de los tubazos insustanciales del hoy mitificado Bruce Lee, utilizaban nunchacos para abrir las cabezas, aunque también se estilaban los bates y los puños americanos. Si prescindimos de la estética setentera, no hay grandes diferencias entre los verracos de mi generación y la piara de manguis que a estas horas andarán hechos unos hombrecitos contando la hazaña a sus cerriles colegas.


Claro que, ahora que caigo, en aquel tiempo gris no había pedagogos guays, ni psicólogos que martirizasen a la chavalada con test copiados de una revista de crucigramas. Es cierto que empezaba a haber profes enrollados que permitían el tuteo y hasta algún lanzado que pretendió sustituir los exámenes por algo llamado evaluación continua y que paraba los pies a los padres y madres que les animaban a no cortarse con la vara en las nalgas de sus hijos, pero ni en las aulas, ni en casa ni en la tele en blanco y negro se hablaba de educación-en-valores. A ver si va a resultar que ese invento, vigente por lo menos desde hace dos décadas, no sirve para evitar que haya un porcentaje de cenutrios que, sencillamente, encuentra divertido apalizar al prójimo.