sábado, 19 de enero de 2008

Erabaki(ko genuke)

Berriz nongoa nintzen galdetu zidaten;
berriro aho bete hortz geratu ziren.
Abertzaleak baditugu ere
hor aberririk ez.

Egunkarietan gaude
baina mapetan ez

(Zarama: Zoaz Euskal Herrira!)


No tengo vocación de abajofirmante. Si a veces me cuesta estar de acuerdo con algo que acaba de salir de mi puño y letra, respaldar un texto escrito por manos ajenas me resulta prácticamente imposible y no son pocas las veces que he pedido que apartaran de mí cálices de los que, siendo menos tiquismiquis, habría podido beber. ¿Por qué, entonces, he puesto mi nombre junto a otros setenta y nueve en el documento de la Plataforma Erabaki? Dejémoslo en que ha sido por instinto y, tal vez, porque me agrada mucho la compañía.

Por lo demás, tengo la sensación de haber firmado una obviedad, lo que señalo no como crítica a la redacción y a su contenido, sino como dolorosa constatación de que en este país -el que sea- hasta lo obvio es precisable, matizable y apostillable. Proclamar que una comunidad tiene derecho a decidir sobre la forma de organizar su convivencia me parece tan irrebatible como sostener que los melones tienen pepitas. Añado, aunque no esté en el escrito, que acepto de antemano el resultado de esa decisión y que sería el primero en sacar los colores a quien sólo diera por bueno un marcador favorable. Uno de los aspectos que más me gusta del manifiesto es que insiste casi en cada párrafo en que esta sociedad tiene muchas formas de sentir y de sentirse. No seré yo quien diga que la mía es la buena.


No me alargo en lo que hasta a mí mismo me empieza a oler a autojustificación o, como poco, examen público de conciencia. Sólo llamo vuestra atención sobre el punto clave de la iniciativa, el que podría convertirla en un brindis al sol o en otro de tantos papeles mojados sobre los que hemos puesto nuestras huellas digitales. Dice el texto que se pretende abrir el camino hacia una Paz basada en un final dialogado de la violencia, propiciada por la manifestación inequívoca de ETA de abandonar la lucha armada. Me temo que hoy, víspera de San Sebastián de 2008, lo último es un tren que no figura ni en los horarios más optimistas. Y sin eso, lo demás se convierte en condicional. Decidiremos es, de momento, decidiríamos.