lunes, 7 de enero de 2008

Independencia

If not himself, then he has naught
To say the things he truly feels and not the words of one who kneels
The record shows I took the blows and did it my way!
(Paul Anka: My way)

Acabaré abriendo en este blog una etiqueta que ya está en mi vida personal y laboral: charcos, parques y jardines. No sé cómo lo hago -bueno, en realidad sí tengo mis sospechas-, pero los barrizales tienen la manía de salirme al encuentro, especialmente cuando voy con alpargatas.

Juro que ayer sólo quería hacer un programa bonito y tranquilo para poner la guinda al maratón de 19 días consecutivos yendo a la radio (ojo, que los previos habían sido Barcelona, el megapuente, Durango y Tolosa) que he compartido con el superequipo de MQP. A primera vista, parecía, ¡oh, sí! que volveríamos a reeditar ese happy end que siempre me desarma y me sube al cielo, que consiste en Cristina diciéndome con su penúltimo aliento que le da pena que se termine. Lo cierto es que, viendo las cinco horas en conjunto, había motivos para que se cumpliera el deseo... si no fuera porque yo salí del estudio a las dos de la tarde con la palabra independencia atravesada en la glotis.

Corro a precisar que me refiero a la periodística, que es la que me toca más de cerca. Probablemente fuisteis testigos del momento en que empezó todo: en el repaso a la prensa de la Mesa a Tres Bandas leímos el titular de la entrevista a Andoni Ortuzar en Deia. Javier Ortiz dijo “sin comentarios”, pero su voz no llegó a escucharse con nitidez. Yo pregunté si alguien había dicho algo o si quería decirlo y el silencio -dos segundos en radio son una eternidad- me invitó a seguir con los periódicos. Apenas un minuto después llegó el primer email acusándonos de autocensurarnos. Lo leí sin disimular mi desazón, lo que abrió un minidebate apresurado sobre la independencia periodística que tuvo su complemento, tras la pausa de las nueve y media, con el comentario de la presunta noticia espinosa.

¿Puede alguien ponerme algún ejemplo de medio de comunicación donde se haya hablado abierta y públicamente sobre los cambios en su propia cúpula? ¿SER, COPE, Gara, La Razón, Vocento, El Mundo, El Adelanto de Salamanca? Hasta donde yo recuerdo, esos cambios se resuelven con frías notas, con panegíricos o con las dos cosas. No creo que nuestra actuación quepa en ninguna de esas categorías. Por eso me dolió, aún agradeciendo y apreciando el tono mesurado e incluso amable, que varios oyentes pusieran en duda mi independencia justo cuando y donde quería haberla demostrado.


No quiero alargar demasiado el apunte. Dejo para otra ocasión desarrollaros mi idea sobre lo que, como nos ocurre con tantas otras palabras fetiche (libertad, paz...), ya no somos capaces de distinguir de una onza de chocolate. Sí quiero añadir que en mis años de profesión he descubierto que los que más presumen de independencia -con honrosas excepciones- tienen el armario lleno de banderas de conveniencia. Y una coda final: si ayer no me tembló el pulso para sacar a la plaza esa noticia fue porque su protagonista nos ha enseñado con el ejemplo -¿lo recordáis en la Audiencia Nacional?- en estos ocho años y pico que cuando se actúa con honradez no hay que tener miedo a las consecuencias.