martes, 15 de enero de 2008

Mentiras piadosas

Y asi fue como aprendí
que en historias de dos
conviene a veces mentir,
que ciertos engaños son
narcóticos contra el mal de amor...
(Joaquín Sabina: Mentiras piadosas)


Después de atizarme a palo seco las tertulias de este día y medio, tengo agujetas en las mandíbulas de tanto bostezar escuchando sin descanso el mantra del momento en las zahúrdas del dial, que en realidad es una letanía que nunca ha dejado de sonar: Zapatero, embustero. Como el mayordomo de uno de mis anuncios favoritos, los alpistados blanden un algodón manchado con la confesión que le arrancó en su entrevista-maratón Pedrojota al presidente del Gobierno español sobre la continuación de los contactos con ETA tras el atentado de la T-4.


Si hacemos flashback, es fácil comprobar que el inquilino de Moncloa y su escudero en jefe, Alfredo Pérez Rubalcaba, juraron por rojito vivo que la negociación había acabado tras el doble asesinato de Barajas. Por tanto, si después se siguió hablando con la banda, es irrefutable que se faltó a la verdad, que es una forma suave de decir que se mintió. Hasta ahí, todo claro. Ahora voy yo y lo lío, no por ganas de crear más confusión sino porque no soy capaz de formarme mi propia opinión: ¿Es realmente tan grave? ¿Un gobernante tiene la obligación de ser sincero respecto a todas y cada una de las cuestiones que maneja? ¿Y si ocultando datos o incluso mintiendo sin paliativos se consigue un bien superior, no ya para el interesado, sino para la comunidad? ¿Son aceptables en política las mentiras piadosas? Ahí os dejo la patata caliente...