sábado, 12 de enero de 2008

Sin pena ni gloria

La de la mochila azul, la de ojitos dormilones
me dejo gran inquetud
y bajas calificaciones.
(Pedrito Fernández: La de la mochila azul)

Si queréis reíros un rato, os recomiendo la primera parte del Cocidito de esta mañana (la segunda es un tanto heavy), trufada de lisonjas, caricias y cosquillas a vuestro seguro servidor. No sintáis reparo en carcajearos, incluso si me tenéis en buena estima, al escuchar de nuevo la cantinela de la descontextualización o la milonga de las supuestas dianas que ando colocando por ahí, pero sobre todo, regodearos sin rubor con el par de sambenitos nuevos que me cuelga mi fan número uno.

Documentada, como en ella es habitual, por los golondrinos de sus axilas, me calza la condición -palabras textuales- de doblemente converso y amoral y remata la faena inventándome un pasado académico gris, tirando a negro. Dice la mengana que pasé por la facultad sin pena ni gloria y, fijaos por dónde, eso sí ha conseguido hacerle un pequeño rasguño a mi ego, normalmente de tamaño bonsai. En aquellos años ni Leioa era Harvard ni yo lo que se dice un hincador de codos y es cierto que guardo más fotos de la época hechas en la cafetería que en las aulas, pero aún así, firmé un expediente lucidito... más que nada porque en mi precaria situación económica de entonces (Dickens podría haber escrito mi vida) dependía de una raquítica beca para no ser expulsado del paraíso educativo.


No me perderé en nostalgias inútiles. En realidad, todo esto era un preámbulo para llegar a la enseñanza que podemos extraer de la penúltima andanada de la sin par Angelita (O Angelines, como se presentaba cuando ella estudiaba) la Fantástica: sus opiniones, que podrían ser muy respetables, dejan de serlo en el instante en que las basa en toscas invenciones. ¿Necesitaba el otro día inventarse que la llamó Benedicto XVI en persona para interesarse por la manifestación del día 30? ¿Para ponerme a escuadra y decir que no le gusta lo que hago y cómo lo hago hace falta crear un bulo sobre mis notas? Es tan ridículo, que me ruborizo con sólo escribirlo.