martes, 5 de febrero de 2008

Causas y azares

Y las causas lo fueron cercando
cotidianas, invisibles.
Y el azar se le iba enredando
poderoso, invencible.
(Silvio Rodríguez: Causas y azares)



Principios de octubre de 2007: el juez que veía amanecer mira en google maps dónde queda Segura y manda unos propios a detener a la cúpula de Batasuna que, vaya por Dios, tenía cónclave en la localidad gipuzkoana. Caen todos los mahaikides de peso, excepto (y no es un chiste fácil) Pernando Barrena, que en las fechas posteriores bate el récord mundial de hacer declaraciones, más que nada porque es el único portavoz de la formación que se libra de la trena. Todo el mundo se pregunta los motivos que han llevado a su iluminada señoría a hacer una salvedad con el navarro, pero como tenemos una capacidad para digerir noticias inexplicables digna de Pantagruel, nos encogemos de hombros y aceptamos como si tal cosa que la de Barrena fuera la única voz de la izquierda abertzale ilegalizada que escuchásemos en los meses por venir.


Y así ocurrió. Fue Pernando quien en nombre de Batasuna puso el grito en el cielo por la sentencia del 18/98, y quien tuvo que vestirse de lagarterana cuando ETA asesinó a dos chavales con placa de la Guardia Civil o cuando la banda estuvo a punto de provocar una nochebuena sangrienta en Balmaseda. También alzó la voz por las presuntas torturas a Igor Portu, expresó su satisfacción porque el Tribunal de Estrasburgo admitió en parte la demanda de su partido y, lo mismo con cada información de relieve que se ha producido desde el encarcelamiento de sus compañeros.


29 de enero de 2008: Pernando Barrena anuncia que muy pronto va a haber pelos y señales de las conversaciones a tres bandas de Loiola, de las que, por cierto, ya se sabía bastante porque diversos medios habían publicado alguna versión y porque alguno de los que estuvo en ellas ofreció un puñado de detalles.


4 de febrero de 2008: Baltasar Garzón, probablemente al hacer inventario de detenidos, echa en falta uno. Poco antes del mediodía Pernando Barrena es apresado y, tras presenciar el registro de su domicilio en Berriozar, un coche se lo lleva, previsiblemente, a reunirse con sus compañeros de la mesa nacional de Batasuna encarcelados. ¿Existen las casualidades?