lunes, 25 de febrero de 2008

Fotos y votos

All you have to do is close your eyes
and just reach out your hands and touch me.
Hold me close don't ever let me go.
More than words is all I ever needed you to show.
(Extreme: More than words)


Durante mi cada vez más lejano barnizado universitario me tuve que tragar -y hacer como que me creía- un sinfín de pintorescas teorías que pretendían demostrar que una arruga de más en la camisa o la frente del candidato le condenaba sin remedio a palmar en las elecciones. Con un tono visionario no muy diferente al de los que van de puerta en puerta anunciando el inminente fin del mundo, los apóstoles de la religión semiótica negaban el libre albedrío de la lerda masa votante y sostenían con la mirada perdida en el infinito que unas canas, un hoyuelo en la barbilla o el ángulo de arqueo de una ceja eran el único aliento que empujaba las papeletas al fondo de la urna. Los programas, la ideología y los hechos conocidos del aspirante eran puro atrezzo en este guiñol manejado por control remoto.

Por lo que veo, el paso de los años no sólo no ha acabado con esta moda de lectores de la buena ventura en los carteles, sino que los ha elevado a la categoría de gurús. Hasta los partidos que no tienen para alquilar una megafonía decente con la que hacer llegar su mensaje se dejan los cuartos en engañabobos que les cuentan, con guarnición verbal esotérica, lo mismo que cualquier amatxu: no te lleves el dedo a la nariz, ponte bien esos cuellos, so Adán, o hija, esos colores no te favorecen nada. No hay que tener ningún máster en consulting o bautizarse asesor de imagen para barruntar que unos sobacos chorreantes a lo Camacho o un moco haciendo rapel en la aleta de la napia no ayudan a ganarse consideración social.


Todo esto me vino a la cabeza ayer, durante la mesa A Tres Bandas de MQP, cuando nos entregamos (con servidor en la vanguardia) a un imaginativo escrutinio de las fotos que ha publicado en primera El País estos dos últimos domingos. En la de José Luis Rodríguez Zapatero y Sonsoles Espinosa vimos una cierta superioridad casi protectora de la esposa del presidente español, mientras que en la de Mariano Rajoy y Elvira Fernández percibimos las tornas cambiadas: es ella quien parece buscar refugio en el hombro de su marido y en ese brazo al que se ase delicadamente.


Podría seguir el análisis hasta el sobresaliente, pero me temo que a partir de ahora, el trabajo es vuestro. Os ha caído un examen-sorpresa de semiótica. Las preguntas son estas: ¿Qué veis en las fotos hechas por Marisa Flórez y Gorka Lejarcegui? ¿Hay alguna intencionalidad por parte de El País en su publicación? ¿Creéis que pueden mover a alguien a votar o a dejar de votar a cualquiera de los candidatos?