miércoles, 27 de febrero de 2008

Fútbol, cultura y milagros

Dans les gradins c'est l'enfer!
Ecoutez les supporters:
Football, football, football
Allez allez allez!
Courrez! courrez! courrez!
(Mano Negra: Santa Maradona)


Hace mucho que no hablamos de lo único y ya va siendo hora. Me sirve como excusa uno de los pocos libros que no he dejado en la inmensa torre de los que esperan mejor ocasión en mi mesilla de noche. Su título me parece casi provocador: Cultura(s) del fútbol, como si se sacara pecho ante quienes desprecian el balompié y en su prepotencia lo reducen a entretenimiento de seres mononeuronales. Pero, ojo: tampoco se trata de una de esas estomagantes intelectualizaciones que hacen los listillos que necesitan justificar su gusto por algo que, pese a ellos, es popular. Además, como se trata de un trabajo colectivo, la indiferencia que puede provocar alguno de los textos se compensa con la brillantez o la autenticidad de los otros.

Yo lo he disfrutado casi al completo, seguramente porque estoy en una fase paradójica de mis sentimientos respecto al fútbol. Ahora que casi ha dejado de hacerme sufrir como aficionado (no os podría repetir ni la mitad de la alineación de mi equipo), me fascina como fenómeno. Empezó a ser así hace unos años, cuando mi querido viejo sufrió un infarto cerebral y los médicos nos dijeron que perdiéramos toda esperanza de recuperación de la facultad de comunicarse. Su estado en esos días parecía confirmar que sería así: no nos reconocía más que a ráfagas y sólo era capaz de farfullar palabras inconexas. Sin embargo, un día, cuando iba a cambiar el relevo a uno de mis hermanos, me dijo claramente: Javi, mañana cuando vengas, traeme la radio, que quiero escuchar los partidos.


Aunque al día siguiente era viernes y no había ningún partido, yo le llevé la radio y se la dejé encendida. Cada vez que salía de la habitación a echar un cigarrillo rápido en la entonces aún existente sala de fumadores, a la vuelta le preguntaba: ¿Cómo va el Madrid?, a lo que él respondía siempre con un resultado diferente... y con goles marcados por jugadores que hacía años se habían retirado. Era lo de menos. Para mí aquello era un inicio y poco a poco fui viendo nuevos avances, pues cuando sí había jornada de liga, conseguía retener algunos de los enfrentamientos reales, si bien seguía liándose con los resultados. Para entonces, ya nos reconocía y hasta nos hacía preguntas con sentido sobre el día a día.


Semana a semana, siguieron los progresos, siempre con el fútbol como hilo conductor. Me hablaba de fichajes, de sanciones del comité de competición, de lesiones, o de destituciones de entrenadores que cada vez con más frecuencia habían acontecido de verdad y no en su nebulosa. El siguiente hito fue pedirme que le comprara el Marca y que le fuera pasando las hojas delante de los ojos (él no podía moverse), lo que me descubrió que se las apañaba para leer, pues me hacía comentarios que cuadraban con lo que decía el periódico. A partir de ahí, la recuperación fue milagrosa. Sus miembros comenzaron a despertarse, comprendió dónde estaba y qué le había pasado, volvió a tener noción del tiempo... y hasta a abroncarme cariñosamente por entrevistar a tal o cual político que no era de su agrado, señal inequívoca que era casi el de siempre. Vivió cinco años más -creo sinceramente que los disfrutó- en los que hablamos muchísimo de fútbol.


En realidad, no era esta la historia que quería contaros cuando he empezado a escribir, pero veo que algo me ha empujado a compartirla con vosotros. Ahí queda, y tras ella, unas cuantos fragmentos que he entresacado del libro que me ha servido como magdalena proustiana (podéis escuchar aquí la charla que mantuvimos con sus editores, Galder Reguera y Luis V. Solar):


  • En términos socioeconómicos, un futbolista es un joven afortunado al que el liberalismo permite alcanzar a una edad inverosímil lo que la mayoría de trabajadores no conseguirá en toda su vida. (Miguel Pardeza)

  • El fútbol favorece el acercamiento de los pueblos, potencia la capacidad de deleite y sobre todo actúa como un analgésico de valor inapreciable por ser la mejor metáfora de la propia vida. (Miguel Pardeza)

  • Tal vez como otros deportes, pero en un grado enormemente superior, el fútbol es el espectáculo de la autorreferencia, el espectáculo de la identidad. (Patxi Lanceros)

  • El fútbol, como fenómeno cultural, bebe de todos los ámbitos del quehacer humano, desde la política hasta el arte, al mismo timpo que los alimenta. (Galder Reguera)

  • Camino de los vestuarios dediqué una última mirada a la grada, de la que a partir del día siguiente yo también pasaría a formar parte. Al igual que pasé a ser parte del mundo de los porteros que nunca yerran. El de los jubilados. (Andoni Zubizarreta)

  • Es cierto que las personas pueden cambiar de afiliación política o creencia religiosa; romper su matrimonio y formar otro; variar su orientación sexual. En definitiva, para los humanos todo es susceptible de cambiar. Todo menos la afición a un equipo de fútbol. (Carlos Castellanos)

  • Ya no surge un jugador de fútbol tan vocacional porque no necesita la vocación como estímulo. Son tantas las recompensas que conlleva alcanzar la categoría de jugador de fútbol, que el hecho de jugar al fútbol no es lo prioritario, sino el medio que permite alcanzar otro fin. (Juanma Lillo)

  • Y allí en la Amazonia, rodeado de gente humilde que trabajaba duramente en las fábricas beneficiadoras de castañas, con los niños colgados de las mamas de sus madres, buscando desesperadamente un poco de alimento mientras sus hermanos mayores ayudaban con los sacos y las dos manos llenas de callos de tanto pelar castañas, nos volvimos a emocionar, y la gente se sentía orgullosa de ser boliviana. Lo habíamos conseguido, al menos durante un tiempo habían elevado la autoestima, y todo gracias al fútbol. (Xabier Azkargorta)