lunes, 18 de febrero de 2008

Ikusi arte, Ane

Ehun aldiz agur
esan ez banizu ez nizun inoiz esan
ta ehun aldiz ehun,
ez naiz sekula joan izan.
Horregatik agur
esan banizun ez nizun ezer esan
inor ez dago ziur,
edo ez du nahi ziur izan.
(Karidadeko Benta: Ehun aldiz agur)




Ahí tenéis a Ane Miren Luzuriaga, que durante cuatro meses ha sido el quinto mástil de MQP, descifrando una piedra Rosetta con forma de tarjeta de despedida. No sabe, porque es insultantemente joven, que esas letras que dejaron sus compañeras y su dulce dolor de muelas Domínguez en el cartón irán cambiando de significado con los años. También lo harán las que contiene esta carta que le dirijo a ella especialmente, y en la misma botella arrojada al agua, a las decenas de polizones con permiso que a lo largo del tiempo han formado parte de la tripulación de esta txalupa casi siempre a la deriva a la que ahora el pairo parece llevar por fin a puerto.



Querida Ana Mari... digo... Ane:

No me ha servido de nada prepararme. Al final, como en ese poema de Atxaga que nunca recuerdo, algo ha hecho crash dentro de mí, y sólo gracias al máster en fingir lo que no siento que empecé en junio he sido capaz de mantener el tipo. Ya veré qué hago con los desconchones internos, con las lágrimas a las que he dado esquinazo y ahora me piden cuentas, con las palabras que llevo semanas buscando sin saber que aún no estaban inventadas, con la confirmación de mi peor pronóstico diluido en un sorbete de mandarina, con la amenaza de olvido que hay tras cada hasta pronto, con el jueves a las diez y el domingo a las dos y cinco y, sobre todo, con los plazos que me empiezan a correr también a mí.


Jodidas despedidas, se me atragantan y me bloquean porque sacan de mi caja fuerte todos los rostros -muchos difusos, otros incluso sin nombre- de las personas a las que he ido diciendo ojalá que te vaya bonito. Jamás me ha servido de consuelo saber que volveríamos a cruzarnos. No es casual que uno de mis versos de cabecera de Neruda sentencie que nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. La parte positiva de la frase en apariencia terrible es que podemos ser aún mejores. Algo me dice que en nuestro caso será así.