miércoles, 6 de febrero de 2008

La mala educación

Todo lo que no aprendí…
nunca se me ha olvidado.
(Fito y Fitipaldis: Siempre estoy soñando)


Vais a decir, seguramente con razón, que se me notan las fijaciones más que los michelines en las fotos con la camiseta de mi equipo fetiche, pero no he podido evitar pensar de nuevo en la plaga de pedaguays educavaloreros al enterarme de cómo un mastuerzo con derecho a tarima en un instituto de Sevilla se ha tirado dos años puteando a sus alumnos. Tanto ir de pepitogrillos de la enseñanza en abstracto y, cuando tienen la oportunidad de pasar de la teoría a la práctica, les entra tortícolis mirando hacia otro lado. ¿Cuántos profes y profas hay en ese centro? ¿Cuarenta, cincuenta? ¿Cómo han podido dejar que durante curso y medio ese malnacido de iniciales E.T.C. se pasara cien pueblos con los chavales?

Si creéis que exagero, leed del punto a la cruz la detalladísima información de El Correo de Andalucía que ha servido -espero que sólo como aperitivo- para que expedienten a este zurullo de la docencia y lo aparten cautelarmente de su puesto. Lo de los motes vejatorios que destacaban las notas que han sacado otros medios es apenas anecdótico al lado, por ejemplo, de cómo el fulano justificó pegar a una alumna en el culo diciendo que “a las niñas malas hay que darlas en el culo”. Y a todo eso, la dirección del instituto, los servicios psicológicos y las inspecciones, silbando la del puente sobre el río kwai. Nadie hizo nada hasta que la asociación de padres y madres lo denunció ante la instancia oportuna y, especialmente, ante la prensa. ¿Alguien duda que si el asunto no sale en los papeles el fulano seguiría hoy martirizando a los estudiantes?

Por eso mismo me pregunto en cuántos establos académicos habrá uno o varios ejemplares de esta repugnante especie de alimañas. Recuerdo cómo hace unos meses se me heló la sangre cuando, ante mi ingenua curiosidad sobre lo que los chavales eliminarían de su escuela, una niña de ocho años me respondió: “la manía de pegarnos que tenía la andereño del año pasado”. Y no me quedó mejor cuerpo al leer en el blog de Kanif cómo las gasta la monitora de natación de su hijo o en el de Ruth -que conoce perfectamente el paño- las hazañas de una profesora amargada que tuvo que sufrir. ¿Tan difícil es poner fuera de la circulación a estos torturadores de las aulas?