viernes, 8 de febrero de 2008

La vida sigue igual

Quiero tener tu presencia.
Quiero que estés a mi lado.
No quiero hablar de la lucha
si no estamos preparados.
(Seguridad Social: Quiero tener tu presencia)


Una bomba de ETA de madrugada y una decisión del Juez Garzón al mediodía. A veces ocurre al revés: el juez actúa mientras la ciudad duerme y la banda lo hace a plena luz. Nada que no esté inventado. Nada que no esté previsto. Nada que, salvo que se sea vecino de Bergara o miembro de ANV o EHAK, haya cambiado notablemente el curso de nuestras vidas.

En la cantina de Termibús, encontradero de fugaces acarreadores de maletas y fijos en la quiniela, se habla de si Yeste es un niñato consentido o un león herido por la calumnia. Un grupo de mujeres se ríe mientras deciden si son diábolos, cilindros o campanas. Cuando cambian de conversación, debaten si hay que declarar personas non gratas a los integrantes de la Kelly Family por dar tanto la tabarra o si es urgente abrir una suscripción popular para que les hagan un sitio en el conjunto escultórico de amigos de los vascos junto a la estatua de Álvarez Solís. Un conductor de PESA con dos teleberris atrasados pregunta mientras enciende una Faria si alguien ha visto lo de esas baldosas que hablan. El camarero abronca amistosamente a una auxiliar de enfermería que trabaja en Basurto porque el día de la huelga no pudo hacerse una resonancia. Yo tomo nota mental de las charlas. Perdono a los futboleros su tono de voz, a las mujeres que me hayan confinado a una esquina de la barra, al chófer la peste de su puro, pero mi clemencia no alcanza al camarero, que me había jurado que el sandwich no llevaba chatka. Ojalá haya otra huelga el día que vuelvas a hacerte la resonancia. Renuncio al cortado. Al salir, recuerdo vagamente que por la noche ETA ha puesto una bomba y que hace unos minutos Garzón ha dictado un auto, pero esa noción me abandona de inmediato, ante la rebelión de mis papilas gustativas castigadas por la maldita pasta de surimi coloreada. Tenía que haber pedido un pincho de tortilla.