Nos habían contado que Nicolas Sarkozy era la esperanza de Occidente, el Hombre-de-Estado del siglo veintiuno, el arcángel de la nueva forma de hacer política y veinte o treinta maravillas más. De momento, lo que nos ha enseñado es que le tira la sisa a la altura de la ingle, que es capaz de comparecer en peculiar estado de excitación ¿espirituosa? ante la prensa de todo el mundo o que no pierde la sonrisa cuando llama gilipollas -de nuevo en público- a un ciudadano que no le había querido saludar, hazaña que remata negándose a pedir disculpas. De acuerdo que todos tenemos un conocido así, pero ninguno es Presidente de la República Francesa.
martes 26 de febrero de 2008
¡Pírate, gilipollas!
Publicado por
Javier Vizcaíno
en
12:48
Etiquetas: Extravagancias, Ni esto ni lo otro
