martes, 26 de febrero de 2008

¡Pírate, gilipollas!

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Nos habían contado que Nicolas Sarkozy era la esperanza de Occidente, el Hombre-de-Estado del siglo veintiuno, el arcángel de la nueva forma de hacer política y veinte o treinta maravillas más. De momento, lo que nos ha enseñado es que le tira la sisa a la altura de la ingle, que es capaz de comparecer en peculiar estado de excitación ¿espirituosa? ante la prensa de todo el mundo o que no pierde la sonrisa cuando llama gilipollas -de nuevo en público- a un ciudadano que no le había querido saludar, hazaña que remata negándose a pedir disculpas. De acuerdo que todos tenemos un conocido así, pero ninguno es Presidente de la República Francesa.