domingo, 10 de febrero de 2008

Un cateto con boli

Y que nadie te hace caso, y que nadie te comprende,
y que mamá no te quiere, y que papá no te quiere,
y que nadie te da un beso, y que nadie te acaricia.
Eres un idiota porque nadie te la toca.
(Los Ronaldos: Idiota)


Desde mucho antes de apuntarme como voluntario a la farándula paralela que conformamos los cuentacosas, he sentido una mezcla de fascinación y ternura por los periódicos de provincias, que vienen a ser a la comunicación lo que el chándal con tacones a la elegancia. Me apresuro a aclarar que no hablo de la noble prensa local que suple con voluntad la falta de medios, sino de esos diarios que mandan imprimir los caciques del terruño -generalmente constructores con mano en todas las recalificaciones en cien o doscientos kilómetros a la redonda- a la mayor gloria de sus egos y de sus negocios. Si, como yo, tenéis un paraíso con moscas y vermú de obligado cumplimiento donde perderos en verano, sabéis que me refiero a los papeles que acumulan grasa yendo de mano en mano en la única tasca del pueblo y que alcanzan su máxima utilidad cuando envuelven los puerros que aromatizan nuestro viaje de vuelta al asfalto.


Para llegar antes de las uvas a lo que os quiero contar, paso por alto sus geniales titulares de primera y sus fastuosos reportajes a doble página sobre exposiciones de macramé en cualquier pedanía remota, y me detengo en las páginas que pomposamente llaman de opinión. Con honrosas excepciones, esas hojas que no leemos más que los turistas ociosos las llenan ególatras con graforrea, cuya ausencia total de pudor les lleva a firmar lo mismo odas a la hija de un concejal nombrada democráticamente reina de la belleza que descarrachantes análisis sobre la influencia de las primarias de Estados Unidos en la política de la comarca. Son catetos con boli que llegan a los ochenta años soñando con ser Cela, Umbral, Campmany o Ussía (nótese el descenso de calidad literaria que va de nombre a nombre) y que, en el mejor de los casos, alcanzan un par de segundos premios en juegos florales patrocinados por la caja de ahorros de su provincia.


Me complace presentaros a uno de estos ejemplares. Se llama Antonio Civantos y, según me ha contado google, ha juntado unas cuantas letras en su vida, incluyendo (jua, jua, jua, jua) una novela negra. Yo me lo he encontrado esta mañana en La Opinión de Zamora. Os invito a descodificar sus regüeldos sintácticos al completo, aunque por si dejara de funcionar el enlace, me permito copiar y pegar algunos de ellos. Si no os sentís con cuerpo, dejadlo para otro rato. Ahí van:


"Si, como dice Cañete, a las ecuatorianas les salen baratas las mamografías, para mí que las nekanes del PCTV y ANV deberían pagar el triple por el servicio. Y es que no se pueden comparar unas cosas con otras. Las mujeres ecuatorianas son bastante discretas y recogidas, monillas en general, pero más bien parcas en todas sus pertenencias. En cambio, amigos míos, esos cetáceos del norte, con esos lomos y morcones, y esas ubres lácteas y acalostradas, deberían abonar el triple de la tarifa normal. La verdad, no sabría uno donde encasillar a estas vascas, anatómicamente hablando. Y eso que los del Ministerio de Sanidad han establecido tres baremos corporales para catalogar a las mujeres españolas: diábolo, cilindro y campana. Sin embargo, las vascas de la izquierda aberchale no responden a la sensibilidad de estas medidas. A no ser, claro está, que las vascas no sean españolas. Cosa que dudo mucho. Al menos, no deberían haberlas discriminado de esa guisa, pues con añadir otro parámetro a la terna tipológica española todas hubieran quedado contentas. Por ejemplo, no se hubiera provocado ningún conflicto si las hubieran dividido en: diabólicas, cilindrínicas, campanudas y cetácicas. Las diabólicas son aquellas que te hacen la vida imposible, me refiero a esas mujeres fatales de las películas que al final siempre consiguen matarte de asco. Las cilindrínicas son las mujeres que fuman como chimeneas, ennegreciéndote la vida para siempre. Las campanudas son aquellas que están buenísimas y, además, son capaces de quitarte la Visa y todas las joyas y pieles que husmean a su paso. Y, por fin, las cetácicas, nacidas en el País Vasco y que, por su aspecto de endriago marino, se afilian a cualquier partido político patrocinado por la Eta, para salir luego en televisión y asustar a los niños."

Me reafirmo: cateto con boli. Por suerte, y a diferencia de otros morlacos de la faltada con los que nos las solemos ver, totalmente inofensivo.