martes, 18 de marzo de 2008

El juego del Principito

But now and then I ponder
And wonder as I wander
Among the fields and shrub
Perhaps the trouble is
Who knows
That I never met a rose.
Never, never met a rose.
(Richard Kiley: I never met a rose)


Han encontrado al tío que abatió a Saint Exupery. Fin del misterio. Es increíble lo pelmas que pueden ser los investigadores... y lo rentable que sigue siendo el mito. Por alguna razón extraña, yo no le tengo gran aprecio al autor de El Principito. Sí, bien extraña tiene que ser esa razón, porque resulta que en mi casa hay cerca de cien ediciones diferentes de ese libro y casi todas las personas que han tenido motivos para querer entenderme (algunas para quererme a secas) se han lanzado a buscarme entre sus páginas. Si me hubieran encontrado, habría sido un notición mayor que el hallazgo del piloto nazi que hizo diana en Saint-Ex.


¿Hay algún piscoanalista a bordo? Al fin y al cabo, fue el psicólogo del cole, Julio, el que me prestó el primer ejemplar hace veintinueve años. Nunca se lo devolví. Sus amarillentas hojas a punto de desintegrarse me acompañan ahora mismo, mientras escribo. Me temo que era su receta para tratar de curar los afectos huidizos o, tal vez, su premio de consolación para los casos definitivamente perdidos. Si fue lo primero, no ha logrado su propósito; si fue por lo segundo, va siendo hora de concederle que atinó en el diagnóstico... aunque yo seguiré buscando, y ahora que caigo, tal vez sé cuál es el fragmento que me identifica. Como no tengo secretos para los que echáis un rato en este ciberconfesionario, lo voy a compartir con vosotros. Eso sí, en yidish:


- Kum zikh shpiln mit mir, hot mi forgeleygt der kleiner prints. Ikn bin azoy troyerik...


(Aclaración: esto sólo es un divertimento. Conociendo la curiosidad enfermiza de algunos de los habituales, sé que moverán Roma con Santiago o Google con Yahoo para dar con la traducción. ¿Alguien se atreve a intentarlo? También vale imaginarlo. Quienes tengan conocimientos de alemán parten con ventaja, porque al fin y al cabo se trata de la lengua de los askenazíes, los judíos que se asentaron en centroeuropa. ¡No vamos a estar todo el día hablando del conflicto!)