lunes, 3 de marzo de 2008

Las verdades de Pako

Inork espero ez nauen leku batera noa
niregandik gehiegi espero zuten batetik:
Harlandu sendoz etorkizuna tinkatzea
Betirako konpromezu sakon ta serioa
zidaten eskatzen.
(Mikel Markez: Ez asko espero)


Le robé ayer por la mañana a Pako Aristi veinte minutos de charla y -calculo- dos horas entre ida y vuelta desde su casa en Urrestilla hasta nuestros estudios en Miramon. Si añado el madrugón dominical inducido, mi sentimiento de culpa toma proporciones de catedral y sólo se apacigua ante el eco que ha tenido entre un puñado de oyentes de MQP -quiero creer que incluso más de los que nos han llamado o escrito- esa conversación que ha ido haciendo zigzag entre la media docena de notas garabateadas a mano que me he llevado al estudio a modo de cuestionario.

Me insinúa ahora el puñetero perfeccionismo que tal vez tardamos en entrar en calor, y que a lo peor me sobraron treinta o cuarenta reiteraciones sobre la condición de outsider con balcón a la calle de Pako. Quién sabe... El caso es que incluso alguna de las personas en quien más indiferencia provoco encontró audible el intercambio de palabras, lo que, supongo, debería hacer adelgazar unos gramos mi frustración, al mismo tiempo que me induce a pensar que no estuvo tan mal y, ya puestos, que los que hicisteis novillos radiofónicos podéis escucharla sin mayor sufrimiento. Si dais el paso, no dejéis de contarme qué os parece, que ando de proceso interno (aprovecho los insomnios kilométricos) y necesito ponencias críticas, porque me empiezo a aburrir de darme con la fusta yo solo.

Para que el aterrizaje en la charla no os resulte demasiado brusco, os dejo hacer ejercicios de calentamiento con el final de uno de los poemas incluidos en Tres cuadernos y un destino, el trabajo más reciente de Aristi y, que yo sepa, el primero publicado en castellano. Se titula El País Vasco, hoy, y después de un puñado de verdades incómodas, desemboca en estas palabras:

Vivimos cómodamente instalados en parámetros conservadores,
pero sin perder nunca la simpatía por los estados sublevados:
siempre es hermoso sentirse necesitado por el tercer mundo,
poder ayudarles para que sigan siendo un poco más pobres.
Salvaguardamos lo insustancial del euskara
declamando los asuntos importantes en castellano.
Así es, señoras y señores, el presente del País Vasco:
el pueblo burgués más revolucionario del mundo.