miércoles, 12 de marzo de 2008

Ya lo dejaré mañana

Peninsularesekin hasi nintzen
oso gazte biziotan;
gero hamazortzi zigarro oriek
paketeko Idealesekin.
Baina La vida sigue igual,
zerak esaten zuenez...
Shakespearek?
Ez! Julio Iglesias, lerdoak!
(Hertzainak: Sigarrillos amarillos)


Antes del punto final habrán caído tres pitillos. Sumadle otro par mientras coloco los enlaces, meto mano a la foto y escojo la banda sonora. Conste que es precio de amigo, porque si las teclas se me ponen levantiscas o la inspiración me enseña el culo, soy capaz de llegar al medio paquete, que es algo más si tengo uno de esos días de bandera a media asta en el corazón. Cuando sientes el alma negra, incluso el sentido estético parece decirte que los pulmones tienen que ir a juego, de luto riguroso, con crespón color nicotina quemada.

Y mientras, el sabio Armentia se está quitando de este jaco legal, carísimo y hasta no hace tanto, glamouroso. Envidio su arrojo, aunque al leer sus crónicas del Bupropión, me invade tal sensación de monazo por persona interpuesta, que me alegro infinitamente de no estar en su piel en proceso de purificación y mis dedos se autodeterminan para anexionarse un segundo después a la cajetilla de JPS. Bueno, si es Winston, tampoco le hacen ascos, porque en realidad sólo buscan una ahumada bandera de conveniencia.

Jodido fumeque. Alguien -tal vez yo mismo- presumía de haberse quitado de encima como espinillas varios amores de su vida y de haberse librado de más cadenas que Houdini, al tiempo que lamentaba haber salido siempre derrotado en la guerra contra el enano con filtro. Tal vez, diréis, no se la tomó en serio. Y seguro que es cierto, pero también lo es que el humo ciega sus ojos y sus pensamientos.