jueves, 10 de abril de 2008

El frío infierno

Cae fuego en lugar de maná,
se disfraza el asfalto de mar,
el zapato no encuentra el pedal,
parece que anda suelto Satanás.
Canta Bod Dylan en el cassette,
tinta roja escrita en la pared,
un cadáver abraza el arcén,
parece que anda suelto Lucifer.
Un semáforo va a dar a luz,
una novia vestida de tul
se masturba sobre un ataúd,
parece que anda suelto Belcebú.
(L.E. Aute: Anda suelto Satanás)





Por motivos que muy pronto os contaré con pelos y señales, ando en pleno proceso de inmersión venezolana, lo que significa que exprimo parte de mi implacable insomnio chapoteando en diferentes cibercharcos de la República Bolivariana. En una de esas apneas, concretamente en las páginas del segundo periódico en ventas del país, temí que me había afectado la borrachera de las profundidades cuando leí: El Vaticano descarta que haya fuego en el infierno. Lo primero que pensé fue que lo del cambio climático se estaba poniendo serio de verdad, pero pronto comprendí que lo que trataba de contarnos el arzobispo Ravasi era que durante dos mil años nos habían estado tomando el pelo al amenazarnos a los polipecadores reincidentes con acabar como los cochinillos de Segovia, pues la realidad es que Satanlandia se parece más (ya que ponemos referencias castellanas) a Soria un tres de enero. Vamos, que fai un cutu que escarabaya el peyeyu y pinga el mocu, que se dice en asturianu.


Ya sé que a los pedazo de descreídos y ateazos que ficháis por aquí tanto os da pasar el castigo eterno cociendoos en vuestra salsa o ultracongelados como los palitos de cangrejo, pero al que suscribe, que tuvo un pie en el seminario, estas cosas le hacen pensar... y no bien precisamente. ¿Qué datos manejan los barandas de la fe para que les haya dado por volver a acojonar al rebaño? ¿Es pura política comercial para no perder cuota de mercado ante la pujanza del islamismo y su riquísimo catálogo de represalias y expiaciones para los desviados de la Verdad? Esto lo empezó, desmintiendo a su propio antecesor, el mismísimo Joseph Ratzinger (a.k.a. Benedicto XVI), y veo que lo continúa su mano ejecutora doctrinal, este tal Ravasi que a mí tanto se me parece -fijaos en la foto- a Carlos Dávila. Me divertirá el próximo capítulo, aunque algo me dice que la carco-curia pierde el tiempo atemorizando al personal con algo que ocurrirá en la próxima vida, a la altura del más allá, según se entra a la izquierda. Si en vez de tanto libro de onanismo teológico hubieran leído A puerta cerrada, hace tiempo sabrían que, con llamas sopleteras o con carámbanos de hielo, no hay parque temático de la tortura penitencial como el del más acá. El infierno, escribió Sartre, son los otros.