miércoles, 23 de abril de 2008

El hotel de los líos


19.00 P.M. en el único reloj al que le he puesto la hora local. Los demás, incluido el del portátil, marcan la 1.30 A.M., así que os presiento plegando la oreja o practicando el trasnoche. Escribo a la carrera, que es el mismo ritmo que he llevado durante todo este día en que no podido comer más que una galletita salada que me ha conseguido el Viceministro de Estrategia Comunicacional de Venezuela, Freddy Fernández, antes de grabar la entrevista que escucharéis el sábado.


Eso ha sido a las cuatro de la tarde, hora a la que he llegado vivo después de peleas sin cuento con el tráfico, la impuntualidad de algún invitado, la burocracia, una entrevista que se ha caído, dos inventadas de la nada, cuarenta que no creo que pueda aprovechar y una especie de ensoñación que me ha puesto delante de la mismísima Norkis Batista, la protagonista de la telenovela de más audiencia del país... y más cosas que habréis descubierto los que hayáis pinchado en el link.


En un paso fugaz por el hotel para coger una camisa de recambio me he encontrado con el edificio tomado por soldados casi adolescentes tocados con boina roja y nada discretos guardas de seguridad con guayabera, además de ni sé la cantidad de tipos con traje negro y visible microcasco y/o walkie-talkie. En medio de tal despliegue de seguridad, yo me he fumado mi cigarrillo reglamentario, pensando qué podría hacer alguien en mi situación si, en lugar de un paquete de rubio y un mechero, llevase otras armas. El chófer que ha venido a recogerme no acaba de entender que no le hubieran registrado el maletero y el motor: Creo que se espera al mero Presidente, ha dicho, con el mismo tono de confidencia que las otras dieciocho personas a las que había escuchado idéntico vaticinio.


De momento, Chávez no ha venido, pero tampoco sería tan sorprendente, porque sí que ha llegado Carlos Lage, o sea el que en el actual escalafón cubano va inmediatamente después de Raúl Castro. También se espera a Evo Morales y Daniel Ortega. Participan en una cumbre-sorpresa de ALBA, siglas que corresponden a Alternativa Bolivariana para las Américas. Es estadísticamente probable que nos crucemos con alguno de ellos en el hall, aunque no en el ascensor, pues un militar ha tomado uno de los seis que hay en el hotel y parece dispuesto a que sólo lo usen los lujosos huéspedes revolucionarios. ¿Casan bien esas palabras: lujoso y revolucionario?


No me pidáis respuesta, que tengo que abreviar. Y tampoco foto, porque a ver quién es el guapo que saca la cámara en este pequeño estado de sitio. Me temo que nos tendremos que conformar como ilustración con ese edificio indescriptible que parece un homenaje a mi persona y, más concretamente, a mi adicción al café liofilizado.


Y hasta aquí puedo escribir. Espero tener tiempo para resumir lo que queda por el camino. También espero no desfallecer por el camino. ¡Qué estrés! Y la mitad de la parroquia, pensando que estoy de vacaciones...


¡Ah! Dentro de unas horas emitimos el primer Boulevard íntegro desde Venezuela. Paga la ronda Lapitz, pero los demás estaremos trasnochando con él un ratito o todo el ratazo, según los casos. Nos escuchamos.