sábado, 5 de abril de 2008

El violín de Wei Ming

So I say
Thank you for the music, the songs I'm singing
Thanks for all the joy they're bringing
Who can live without it, I ask in all honesty
What would life be?
(Abba: Thank You for the music)


Al César lo que es del César, y a Vitriolín lo que es de Vitriolín: Fue Mikel el primer heraldo que nos vino a contar (¡en el apunte sobre la felicidad!) el motín que casi había presenciado después de que la policía le requisara la herramienta de trabajo al que que los paseantes de Azkuna City llamaban Vivaldi o, simplemente, El chino del violín. Hoy, gracias a Deia, sabemos que el oriental melómano se llama Wei Ming, que lleva seis años dulcificando con su música la vida de los bilbaenses o provocándoles dolores de cabeza -según las versiones- y que recuperar su instrumento le costará 650 euros del ala... salvo que surtan efecto las medidas de presión iniciadas por un abogado bohemio que se ha erigido en su representante.


Esos son parte de los hechos. Ahora toca tomar partido, algo que me consta ya se está haciendo en la capital vizcaína. ¿Nos dejamos subyugar por la imagen lírica del inmigrante que se gana las alubias creando un sirimiri de notas musicales y firmamos para que le devuelvan el violín o hacemos caso a los que aseguran que hay serruchos que despiden un sonido menos hiriente que el presunto Stradivari de Ming y aplaudimos a los Municipales? A falta de más datos, seré (algunos dirán que para no variar) equidistante: que le devuelvan el violín, pero no el amplificador.