viernes, 18 de abril de 2008

Ellos no son tontos

La oferta y la demanda, es la que manda,
y tal como anda la santa madre, más vale tarde que mañana.
Que no se te vaya la gana ni el murmullo del ron,
que podemos hacer tanto amor estando juntos
anidando liendres, anidando liendres.
(Enrique Bunbury: Anidando liendres)



Me lo dijeron, pero no me lo creí: Mediamarkt ha dejado de reembolsar el dinero a los clientes que devuelven los productos porque los han encontrado defectuosos o porque, simplemente, sienten que no cubren sus expectativas. Enfermo, como estoy, del vicio de la tecnología combinado con el del escrutinio milimétrico de los folletos promocionales, me ha tocado decenas de veces tratar de recolocar en sus imposibles embalajes supuestas maravillas que no funcionaban o que no se parecían a lo que prometían en los fastuosos anuncios. Salvo un pequeño gesto de fastidio del vendedor, jamás he tenido el menor problema para recibir de nuevo mi dinero... hasta ayer.


Sólo tres horas después de haber comprado una fruslería que se demostró inservible -llamadle unidad regrabadora externa de DVD- acudí con el todavía inmaculado ticket de compra a recuperar los 89 euros que, por cierto, ya había reinvertido mentalmente y me dí de bruces con la realidad en forma de tarjetita con el importe de uso exclusivo en el establecimiento. O sea: yo voy con un dinero que a ellos le sirve para gastar en todas partes (no será en sueldos, por cierto), me venden un artilugio que no hace lo que la propaganda dice que hace, y cuando voy a dejarlo donde lo encontré, en lugar de mi pasta de uso discrecional, me dan un trozo de plástico que representa esa pasta... pero que sólo puedo gastar en esa tienda. Paso por alto el tiempo perdido en ir, probar y volver y la frustración misma de comprobar que me la han intentado meter doblada con una presunta información que no se correspondía con la realidad. Me limito sólo al vil metal convertido en vil plástico, insisto, de uso obligatorio en un lugar, para más inri, donde me acaban de intentar colar como libre un gato sarnoso.


Os lo cuento no como desfogue o pequeña revancha, sino como pura información que os podría resultar útil. Es estadísticamente probable que, tentados por la agresiva publicidad o llevados por la necesidad real de haceros con este o aquel cachivache, acabéis adquiriéndolo en el gran bazar rojo. Ahora ya sabéis que si lo hacéis y por azar o de nuevo por estadística, el producto no chuta, a todo lo más que podéis aspirar es a una tarjetita con el equivalente a vuestro dinero, con la pequeña salvedad de que sólo os servirá para pagar allí.


La buena noticia es que quedan decenas de firmas que contemplan, lo mismo en compras presenciales que virtuales, la devolución hasta del último céntimo sin siquiera preguntar. La mala es que, por lo visto, el aparente suicidio comercial de MediaMarkt (si los clientes de verdad no son tontos, obrarán en consecuencia) no será tal porque el resto de las grandes empresas de distribución están a un cuarto de hora de hacer lo mismo... ¡y encima de presentarse como víctimas!