lunes, 28 de abril de 2008

Haciendo las maletas


Las 8.30 A.M., es decir las 3.00 P.M. en el lugar que volveré a pisar el martes. Han pasado exactamente 25 horas desde que atravesé por última vez las cinco pesadas puertas que separan el diminuto estudio y la no mucho mayor redacción de Unión Radio. El librero y ya amigo para siempre Roger Michelena, que me acompañó en ese viaje, fue testigo de cómo creció el nudo que ya llevaba en la garganta tras despedir el programa al ser recibido con palmas por Maite Mayo e Iñaki Espiga, mis dos compadres en el Trío de la Ojera que reúne a los más faltos de sueño a este lado del Arauca. Fue el penúltimo momento emotivo de las decenas acumuladas a lo largo de esas cinco horas de transmisión a merced del satélite, que nos dejó tirados sin piedad en los 160 minutos finales. Aún me recuperaba con una inyección de nicotina, cuando el teléfono me regaló las voces vía rape de Susana, Loreto, Cris, Itsaso, Olaia, y -bendito tú entre todas las mujeres- Domínguez. Otro bálsamo necesario en esas horas en que empezaba a anidar en mí la depresión post-parto que aún arrastro y -me temo- me acompañará hasta que me meta en el próximo fregado, algo que ocurrirá el mismo martes, a la vuelta.

Con la adrenalina reequilibrada por un par de horas de sueño que nos maquillaron los párpados, por la tarde escapamos a El Hatillo, el único lugar a muchos kilómetros a la redonda donde, por lo visto, se puede caminar sin temor a acabar en el asfalto con tres rajas en el abdomen. Risas, confidencias, más risas, botellas azules de Solera Ligth, compras de regalos en la impresionante tienda de artesanía local, unas puntitas de satisfacción por el trabajo, otra ronda de Soleras acompañando el comentario de las jugadas más interesantes, complicidad renovada y retorno al hotel después de soportar el inevitable trancón (no penséis mal: es la forma venezolana de decir atasco).


Nuestras cuentas aseguraban que teníamos casi todo el pescado vendido. Iñaki había dejado visto para sentencia el Boulevard de esta noche, Maite había hecho lo propio con sus trabajos para Informativos y a mí sólo me tocaba hacer de polizón de madrugada un ratito en el MQP que ha conducido Loreto. Todo eso, con la tranquilidad de saber que el transmisor de satélite había vuelto a funcionar. Pero siempre repito que hasta el rabo todo es toro y ya os conté que este era
el hotel de los líos. Cuando nos disponíamos a buscar dónde y qué cenar, un turbante violeta eléctrico a juego con una llamativa blusa y unas mallas apareció en la recepción: era Piedad Córdoba, la senadora colombiana que envenena los sueños de Uribe y que se ha metido unas cuantas veces en la boca del lobo, o sea de las FARC. Igor dio el aviso, a Espiga se le puso cara de ¡a por ella!, y unos minutos después estaban frente a la política que, tras declararse amiga de los vascos, aceptó la entrevista que escucharéis -o habréis escuchado- hoy en el Boule.


Como este texto ha ido creciendo con el día, me marca ahora el reloj las 5.22 P.M., o sea, las 11.53 P.M. de ahí. La mayor parte del grupo baja ya del impresionante El Ávila. Iñaki y servidor hemos preferido trabajar (él) y zanganear (yo), y hace unos minutos hemos vivido la penúltima aventura. Al volver de comer (Arepas llaneras y Pabellón criollo) una patrulla de policías armados hasta el cogote ha parado el taxi y nos ha hecho bajar para un registro a conciencia. Confieso que he temido una encerrona con continuación kafkiana o, como mal menor, despedirme de los 130 Bolívares Fuertes (43 euros al cambio oficial; 26 en el mercado negro) que me quedan, pero el chófer nos ha dicho aquí no hay mordidas, que sólo eran ganas de molestar.


De nuevo en el hotel, posponiendo el momento de enfrentarme a la montaña de ropa sucia y aparejos técnicos que debo devolver a las maletas, fumo, bebo agua mineral helada y trato de encontrar palabras para describir -a petición vuestra- el olor de Caracas. Sospecho que me iré sin ser capaz siquiera de aproximarme, aunque también sé que reconocería ese aroma en cualquier lugar. Se queda en mi álbum de fragancias en el mismo estante mental donde algún día trataré de ordenar las emociones -tenues algunas; intensas la mayoría- que he coleccionado en este viaje que me ha ayudado a descubrir un puñado de datos sobre este país y miles sobre mí mismo.


[Posdata: Como ilustración, os dejo la foto que se hicieron junto al logotipo de la actual Radio Euskadi los pioneros de la vieja Radio Euzkadi que nos acompañaron en la impagable primera hora del programa del sábado, con Iñaki Anasagasti al otro lado del satélite. Ellos son Kepa Lekue, Guillermo Ramos, Iñaki Aretxabaleta y Jon Mikel Olabarrieta, cuatro de las decenas de personas que mantuvieron viva la voz de la resistencia vasca. Parte de lo que somos es gracias a lo que fueron.]