viernes, 2 de mayo de 2008

Cuarenta años no es nada

Papá cuéntame otra vez que tras tanta barricada
y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada,
al final de la partida no pudisteis hacer nada,
y bajo los adoquines no había arena de playa.
(Ismael Serrano: Papá cuéntame otra vez)

Cuarenta años de mayo del 68. No me digáis que la efémeride os deja indiferentes porque no me lo creería de personas que, haciendo la media, tienen la misma edad y prácticamente las mismas ideas que la penúltima revolución romántica -la última fue la de los Claveles- que figura en los libros de Historia. Estoy seguro de que cuando no os ve nadie, o incluso bajo vigilancia, escrutáis los adoquines para comprobar si ocultan una playa y también tengo la certidumbre de que vuestro realismo os lleva una y otra vez a seguir reclamando lo imposible.


Ya sé que tres cuartas partes de las cosas que nos han contado sobre esos días no pasarían la prueba del algodón de la verosimilitud y que por cada diez tipos que juran haber estado allí hay ocho impostores. También sé, y eso puede ser peor, que los dos que sí estuvieron usan ahora zapatos Lotus y ropa interior de raso y serían los primeros en mandar a los guardias a poner a escuadra a cualquiera que amenazara desde la calle su tranquilidad burguesa. A pesar de todo eso o precisamente por ello, me es muy grato el recuerdo de un tiempo en que a algunos poderosos no les llegó la camisa al cuello. Fue efímero y, como digo, incluso engañoso, pero al precio que van las utopías, me resisto a tirar a la basura esas imágenes en blanco y negro o en colores desvahidos. Quién sabe si un día nos servirán para algo.