sábado, 7 de junio de 2008

Crisis en la cabeza




Crueles mensajes

en el contestador,
tú y tus chantajes,
reconozco tu voz.
Juegos de guerra,
noches entre satén.
Ruidos salvajes,
pánico en el Edén.
(Casal: Pánico en el Edén)




Alguien con cierto poder le susurró hace unos días a un baranda empresarial que si infundes pesimismo es peor. No entro en lo estético de ese nuevo fuera de micro, pero creo que no andaba muy desencaminado el que hablaba por lo bajini.


Imagino que los listos habrán mirado y remirado los números para concluir que vamos de culo y cuesta abajo. Yo mismo me acuerdo de parentelas diversas cuando lleno el depósito de mi Saxo o al pagar un cortado aguachirloso a precio de Blue Mountain jamaicano (la faena de verdad es para quien no puede soñar ni con un saxo ni con un café), pero soy incapaz de discernir cuánto de real y cuánto de virtual hay en estas vacas flacas.


Que la economía sea una ciencia -eso dicen- no impide que sean los estados psicológicos los que marquen la pauta. Si hay cuerpo de subidón, da lo mismo que los bolsillos y las cuentas corrientes estén vacías, que siempre parecerá que es domingo. Si, como ahora, hay sensación de que se nos cae el cielo encima, nada nos convencerá de lo contrario y dejamos para mejor rato el próximo trago, la próxima entrada para el cine o el próximo viaje. Como esto funciona de acuerdo al efecto dominó, lo notan en el bar, en el cine y en la agencia de viajes, lo que hace que el camarero, la taquillera y el comercial de la agencia se aprieten el cinturón... y así en una conga infinita que nos afecta a todos. Al final, la profecía o parte de ella se cumple a sí misma y vivimos con las orejitas abajo y ojos de peluche lastimero hasta que vuelve a sonar el timbre del nuevo ciclo.


Supongo que esto es el capitalismo y que lo tenemos asumido, aunque a mi cada vez me enfada más que haya quien siempre gane pinten oros o bastos y, peor todavía, que haya otros muchos que palman igual en las duras que en las maduras.