lunes, 2 de junio de 2008

El Factor E





Veo veo

¿Qué ves?
Una cosita
¿Y qué cosita es?
Empieza con la E
¿Que seré, qué seré, qué seré?
(Teresa Rabal: Veo veo)







El debate sobre el Tren de Alta Velocidad está definitivamente envenenado. Los sólidos argumentos de los que se oponen sinceramente a la mayor obra pública de nuestra historia van perdiendo audiencia. Es cierto que nadie, empezando por los promotores de la “Y”, los ha rebatido suficientemente. Es también verdad que no ha habido lugar a una puesta en común de pros y contras que a muchas personas les habría servido para tener una postura basada en datos y no en intuiciones. Pero a partir de ahora casi nadie va a echar en falta ni lo uno ni lo otro. Ha entrado en juego (no sé si ha sido la segunda o la tercera vez) lo que un día llamé el Factor E y lo racional ha dejado paso a lo primario, traducido en el siguiente pensamiento simple pero real: “Si ETA está en contra, yo estoy a favor”.


No aplaudo que sea así. Me limito a constatarlo. Aunque tratemos de utilizar el cerebro, los seres humanos actuamos con las tripas. Es más: la paradoja es que la cabeza se moviliza tres segundos después que las vísceras y no necesariamente para traer cordura, sino para envolver intelectualmente el sentimiento primario. Pensad en esa persona que os cayó mal al primer golpe de vista y cómo ahora os cae todavía peor porque vuestra masa gris os ha provisto de decenas de razones construidas a medida de esa impresión a bote pronto. Cuando, además, la sensación es de agresión, los resortes saltan con mayor intensidad y vehemencia.


Con este asunto me temo que se va a repetir ese patrón de comportamiento que nos lleva a racionalizar lo irracional. No creo que sea necesario tener diez másters en psiquiatría para conocer estos sencillos mecanismos mentales. Por eso me asombra que quienes dedican tiempo y esfuerzo a demostrar con datos el posible impacto negativo que tendrá el TAV en el entorno y en nuestras vidas no hayan tenido en cuenta el Factor E y, peor aún, no parezcan estar dispuestos a hacer nada por combatir sus efectos letales contra su propio trabajo. Veinte informes elaborados por catedráticos de economía, geología, biología, derecho o sociología son papel mojado frente a un simple recorte de prensa sobre una bomba contra una empresa que participa en las obras.