jueves, 12 de junio de 2008

Arrasate, la Transilvania española

La mafia te persigue
y te coge la policia
te encierran y te sueltan
y todos te dicen
Dejalo ya
sabes que nunca has ido
a venus en un barco.
(Mecano: Barco a Venus)



Este apunte es producto de una jugada trenzada. Mi compadre Bitor ha recibido un balón de un amigo, lo ha controlado con el pecho y, sin dejar que tocara el suelo, se lo ha pasado a Domínguez, quien, tras comprobar que mi posición era legal, me lo ha centrado al hueco. Yo me limito a hacer la pared con vosotros y vosotras, que sólo tenéis que empujar la pelota al fondo de la red.


Al margen de metáforas futboleras (sin ver ni un minuto de la Eurocopa, conste), creo que es uno de los materiales cómicos más descuajeringantes por los que he pasado mis ojos. Bien es cierto que le es aplicable el viejo eslogan de La Codorniz Tiemble después de haber reído y que el punto de partida es siniestro rayando lo macabro.


Firma el impagable opúsculo A.Martín-Aragón, plumilla de un periódico económico casi clandestino llamado La Gaceta (no confundir con la vieja Gaceta del Norte). Enviado a Arrasate en misión lírico-informativa, el zutano, que ha digerido de pena a Truman Capote, Tom Wolfe y Marcial Lafuente Estefanía, se casca una pieza antológica. Yo os la voy a dar picadita, pero si os puede el morbo, aquí podréis hozar en su versión íntegra. Vamos allá.


La cosa comienza tal que así...


El sol de Mondragón es como un ataúd circular. Su brillo desprende la palidez de un colmillo de vampiro. Da la impresión de que nunca termina de amanecer en este pueblo guipuzcoano, cuyo nombre en vascuence, Arrasate, podría traducirse al castellano como Puerta a la noche. La lozanía verdosa de las montañas contrasta con la grisura tétrica de los edificios. Es la Transilvania española.


Prometedor, ¿eh? Pues lo que viene a continuación tampoco defrauda:


Aquí asesinaron a un ex concejal socialista, Isaías Carrasco. Cometió el error de no ser una bestia. Es peligroso ser persona medianamente decente en Mondragón. Han transcurrido casi tres meses desde el crimen. Pero todo sigue como antes. No ha habido examen de conciencia, pese a la sangre derramada, pese a las campanas que redoblaron a muerto en una tarde de marzo.


En algún cursillo de creatividad literaria le debieron de contar al tal Martín-Aragón que la cosa gana mucho introduciendo personajes que humanicen la historia, y el gachó se tira en plancha a ponerlo en práctica:


Un vendedor de cupones, manco, cojo y desdentado, ofrece boletos a los paseantes en las proximidades del ayuntamiento. Llovizna. Cerca del tullido, a pocos metros, se alza una verja que delimita la fachada principal del Banco Guipuzcoano. No es una verja cualquiera. Sobre los barrotes de hierro se alinean las fotografías de etarras encarcelados. "Que nadie se atreva a arrancarlas o a pedir su retirada” —me advierte el vendedor de lotería.


Venga, un recreo de diez segundos para recuperarnos, y seguimos. ¿Ya? De acuerdo. Me salto la lisérgica conversación con el lotero, y transcribo el impagable pasaje en el que el gacetillero llega al ayuntamiento. Jane Austen se sonrojaría:


Un trueno resuena en lo alto. La lluvia se hace más gruesa. Busco cobijo en el ayuntamiento. Una funcionaria se levanta de una silla y me da las buenas tardes. Tiene unos ojos verdes y grandes. Hay tristeza en ellos. Cuando le digo que quiero charlar con algún concejal de ANV, la tristeza que nada en sus ojos adquiere la sombra de la desconfianza.


Calma, que ya sólo queda el final, a la altura de todo lo anterior:


Entro en un bar para afrontar tranquilamente el hecho de que los seres humanos somos, por regla general, cobardes y pusilánimes. La camarera, una joven dicharachera, me sirve un café y me invita a un bombón. Su buen humor chirría en un pueblo donde el terror se considera tan natural como la lluvia. Pensándolo bien, Isaías Carrasco descansa muy, pero que muy en paz. Al menos ya no está obligado a convivir con vampiros y otras excrecencias humanas. Mondragón no despierta.


Breve comentario de texto, estilo bachillerato:

  • La utilización del asesinato de Isaías Carrasco con estos propósitos es punto más que vomitiva.
  • A pesar de todos los elementos objetivamente dramáticos, el individuo sólo consigue descoyuntarnos el bullarengue a base de risa.
  • Estas cosas no sólo se escriben. También se publican Y hasta se leen.