lunes, 16 de junio de 2008

Europa, ¿qué Europa?

No hay muro en Berlín. ¡No!
No hay valses en Viena. ¡No! ¡No!
No hay bancos en Suiza. ¡No!
No hay Papa en Roma. ¡No! ¡No!
Europa ha muerto.
(Ilegales: Europa ha muerto)


Me ha dicho un amigo (Copyright Muguruza) que el destacado político al que iba a entrevistar el otro día llegó a la cita temeroso de que le fuera a preguntar algo sobre el no irlandés. Mal disimulando el nerviosismo, echó un vistazo a los periódicos que había en la mesa y, para sorpresa de propios y extraños, preguntó qué había pasado. Cuando se le explicó que Irlanda había rechazado en referéndum el Tratado de Lisboa, el dirigente confirmó que no sabía por dónde le daba el aire al comentar: “¡Ah! Pero no es el primer país donde eso pasa...” Hubo que aclararle que lo que se había sometido a las urnas era algo diferente a lo que él tenía en la cabeza.


Creo que no hay que hacer mucha sangre con el político. Su ignorancia es sólo fiel reflejo de la que nos adorna a cualquier ser humano que no tengamos entre nuestros vicios atizarnos en vena las plúmbeas informaciones y/o análisis sobre ese artilugio ideológico-geográfico del que sólo sabemos que sirve para que los partidos se quiten lastre o para que nos entre el canguelo ante una vuelta al siglo XIX en materia de derechos laborales.


Europa es una palabra que llena mucho en la boca, pero luego no sabe a nada, sólo a la sospecha de que nos están colando el timo de la estampita. Hmmmm... ¿Sólo sospecha?