jueves, 31 de julio de 2008

Agur, Clásicos Populares

Nessun dorma! Nessun dorma!
Tu pure, o, Principessa,
nella tua fredda stanza,
guardi le stelle
che tremano d'amore
e di speranza.
Ma il mio mistero è chiuso in me,
il nome mio nessun saprà!
(Giacomo Puccini: Nessun dorma!, de la ópera Turandot)


No lo escuchaba todos los días, ni mucho menos, pero me bastaba saber que estaba ahí, que un martes o miércoles cualquiera podía poner la radio a las tres de la tarde y encontrarme a dos tipos mandando a paseo todas las prevenciones estúpidas de los programadores, ese gremio que, con excepciones, no distinguiría un micrófono de una rebanada de nocilla.


Me gustaba que eso ocurriera, además, en una emisora pública y que haya sido así -no sin salvarse in extremis un buen montón de veces- durante 32 años con sus respectivos vaivenes políticos, siempre acompañados de los correspondientes desembarcos de elefantes en cacharrería.


Hoy ha sido la última vez y no me perdono habérmelo perdido. Quería haber derramado alguna lágrima con sentido, mientras brindaba por la nueva vida de Fernando Argenta (Araceli González Campa ya se jubiló en enero) y celebraba la suerte de haber tenido al alcance de mi dedo durante más de tres décadas un programa como “Clásicos Populares”.


Gracias, Fernando. Gracias, Araceli. Buena suerte.