viernes, 15 de agosto de 2008

El futuro de la radio es el presente


Si no le parece mal al proponente, traslado aquí el debate sobre el futuro de la radio, y aporto como ilustración -que no alegoría, espero- una puesta de sol ayoína.


Ya os dije en un apunte de muy buen recuerdo que hace tiempo dejé de esperar la muerte de la radio, anunciada hasta el aburrimiento por todo tipo de profetas, especialmente los teóricos de la comunicación que, como su propio nombre indica, son eso, puñeteros teóricos. ¿Que un día todo esto se irá al guano? Seguramente será así, y será entonces el momento de hacer la autopsia. Sabremos si fue el vídeo, internet o lo que sea que inventen pasado mañana lo que nos mandó a la cuneta de la historia. Me temo, con todo, que no habrá forense capaz de detectar el virus que precipitó el final. Y ese virus no tiene nada que ver con la renovación tecnológica y los cambios en los gustos que conlleva, sino con lo humano.


La radio morirá porque no habremos hecho nada por salvarla los que la hacemos. Es pura y simple falta de apego, cuando no el más desazonador de los desapegos. Esto se ha convertido en un curro más, una forma de ganarse la vida, lo que en su sentido actual no se limita a un trozo de pan y algo para cubrirse del frío, sino a procurarse un pisazo, un cochazo y unas vacacionazas, todo ello con horario de oficina y derecho a tomarse los días libres que le salgan a uno de la sobaquera. Todo lo que no satisfaga esas expectativas será considerado explotación y justificará el desinterés más absoluto en el desempeño de las tareas.


Añadid a ello nuestro propio impuesto del valor añadido, que no es el IVA, sino el EGO, y tendréis una visión aún más nítida del panorama que os pinto. Porque en este oficio no es suficiente la pasta si no va acompañada de cerradas ovaciones con vuelta y medio al ruedo de propina. Desarrollaré la idea en el prometido apunte sobre los elogios debilitadores, pero anotad, de momento, que muchos de los que trabajan en esto aprenden antes a celebrar los goles que a meterlos. No imagináis el mal que hacemos al vitorear a alguien por un simple saque de banda.


Tratad de convencer a personas así de que se detengan un ratito a pensar sobre el presente y el futuro de su profesión. Pedidles que reflexionen, que sean críticos y autocríticos, que busquen y comparen antes de comprar el mejor modo de contar las cosas, que pierdan tiempo mirando el ombligo común en lugar del individual. Sugeridles un debate como este, que les haga estrujarse los magines sobre los gustos de las jóvenes generaciones. Proponedles que miren lo que se hace por ahí y viendo si se puede aprovechar alguna idea. Como Jerry MacGuire, os dirán que sí, pero que primero quieren ver la pasta.


De acuerdo: he sido muy duro, incluso más que de costumbre, así que aplico yo mismo el antídoto para tanto veneno. Afortunadamente (esto te gustará, Mikel) hay un buen puñado de objetores a ese ejército de la ego-mediocridad remunerada. Por eso la radio no ha muerto... aún.