sábado, 9 de agosto de 2008

Nuevos enigmas astures

Resolución del misterio que no era tal: estoy en Pando, a cinco kilómetros y medio de Ribadesella, donde hoy se congregarán 300.000 personas a cuenta del famoso descenso del Sella, que sale de Arriondas, donde tiene sus reales la ferretería Falo, inmortalizada en el apunte de ayer.

Enigma para hoy: ¿Seréis capaces de adivinar, con las pistas que os vaya dando, los lugares por los que pasamos ayer? Empecemos:


Por la mañana, hice mi primer posado en monokini del verano en una playa de lo más familiar -eso cuentan de ella- que tiene las vistas que podéis contemplar. Las dos o tres tiendas del pueblo son de esas en las que te puedes surtir de aparejos de pesca, medio kilo de nectarinas, La Nueva España, unos doritos o un pareo. En una de ellas es posible, incluso, echarse un futbolín por cincuenta céntimos. Eso sí: por una ensalada mixta te clavan ocho euros... ¡y doce por un plato de fabes!


Por la tarde, tras recorrer veintipocos kilómetros y pasar por una localidad de prometedor nombre sobre la que luego os daré más detalles, estuvimos en el equivalente astur de Hernani o Astigarraga... y no me refiero al hecho de que esta localidad fue distinguida hace doce años por Felipe de Borbón como municipio ejemplar. Después de hacer mis pinitos como escanciador (“achatador”, creo que dijo una lugareña a ver mi nulo estilo), entramos a un museo del que Oier salió echando pestes porque no le dejaron tocar más que una manzana. “Sólo hablaban y me he aburrido mucho. No me ha gustado nada, nada, nada”, protestó el pequeñajo con criterio propio.


Después de ese pequeño chasco, volvimos al pueblo de nombre sugerente, sede de una empresa famosa en el mundo entero, aunque el recuerdo que tendré de allí no es el de la sidra con burbujas, sino el de la cerveza servida en vaso helado. Al ver un local atendido por una venezolana, ha sido imposible no pedir una Polar helada, que me ha hecho volver con nostalgia a los cercanos días del Trío de la Ojera en Caracas.


Ya veis que no son precisamente los viajes de Marco Polo, pero siempre he sabido que no daría motivos para entrevistarme a mi querido Roge Blasco. Aparte de los divertidos despistes de Maripuri (mi GPS, insisto) que me sugiere siempre el camino más sinuoso y pegado a abismos que encuentra, no hay demasiada aventura... ¡ni la quiero!


Os seguiré contando. Mientras, recordad que tenéis tarea: ¿En qué tres localidades estuve ayer? Playa familiar, Hernani astur, sitio de nombre prometedor. Acertéis o no, como premio, mi cariño infinito.