viernes, 22 de agosto de 2008

Reencuentro


Veintisiete años después, el domingo volví al lugar donde están parte de mis raíces. Aunque ya sólo los animales la habitan porque han hecho una coquetona vivienda enfrente, la casa sigue en pie y tal y como yo la recordaba... cosa que no ocurrió con la carretera. La de mi memoria era ancha y recta, cuando la auténtica es un estrechísimo mar de curvas.



En el par de horas que estuvimos allí, fueron apareciendo flashes en mi cabeza, retazos de un tiempo que creía extraviado y que, por lo visto, sólo dormía en lo más profundo del niño que ya no soy. Mis tíos Manolo y Mercedes y mis primos Inés y Casiano tenían alguna arruga más, pero no me costó reconocerlos. Conocer a los pequeños Miriam y Alberto (16 y 18 años) fue un regalo de ese viaje, y también la presencia justo ese día de mi prima Lidia, con la que pasé las mejores vacaciones de mi infancia.



Me ocurrió y os lo quería contar. Un abrazo y muchos besos. Nos leemos.