domingo, 12 de octubre de 2008

¡Ahí os va un meme!

...una bici diabética, un cúmulo, un cirro, un estrato,
un camello del rey Baltasar, una gata sin gato,
mi Annie Hall, mi Gioconda, mi Wendy, las damas primero,
mi Cantinflas, mi Bola de Nieve, mis tres Mosqueteros,
mi Tintín, mi yo-yo, mi azulete, mi siete de copas,
el zaguán donde te desnudé sin quitarte la ropa...
(Sabina: La canción más hermosa del mundo)


Venzo mi recelo -o más bien, mi aversión- hacia los memes, y sólo por ser quien es el que me ha dejado la pelota en el tejado, en lugar de despejarla malamente a córner, trato de jugarla antes de pasarles el marr... digo... el encargo a seis nuevos receptores que detallaré al final.


Se trata del meme de Juan Palomo y, si no he entendido mal, consiste en hacer un top cinco de nuestra quincalla sentimental, oséase, en enumerar el quinteto de objetos sin valor monetario que, pese a ello, supongan un tesoro personal incalculable. ¡Menuda trampa para elefantes! Es inmenso el riesgo de olvidar alguno de esos regalos únicos que me han hecho a lo largo del tiempo las personas más importantes de mi vida... la mayoría de las cuales leen este blog y toman nota cariñosa.


Aún así, me encomiendo a Santa Rita, y me atrevo con la lista. Eso sí: me niego a ponerlas en otro orden que no sea el alfabético


  • Cartas. Un puñado (se incluyen emails y algún sms). Llenas de palabras que me ablandan y me endurecen.
  • Dedicatorias. Varias. Entre ellas, la de un libro que me envió Bernardo Atxaga tras una entrevista. (Por cierto, Bernardo: ya toca otra, ¿no?) [Perdonadme que haya desenfocado el texto en la imagen. Supongo que lo comprendéis.]
  • Diarios. Los que escribí en un cuaderno entre los catorce y los quince años y su continuación entre los veinte y los veintiuno. Más que nada, como constatación de que no aprendo.
  • Fotos. Otro puñado. Lo siento: son personales e intransferibles.
  • Premios. Valoro todos, pero el más especial es la Pluma de plata de la feria del libro de Bilbao, que tuvo que recoger Dani en mi nombre al día siguiente del funeral de mi padre y un día antes del nacimiento de mi hijo.


Y claro... Otras cien mil cosas que andan por aquí o por allá, y que cada vez que me las tropiezo me devuelven pedacitos dulcificados de mi vida. Ese disco de Fito, aquel otro de Gardel, esa cinta de Extremoduro, una maquinita de liar porros que jamás utilicé, un penique convertido en una chapa del museo del terror de Londres, la mitad de un foulard cuya otra parte regalé a los dieciséis años no recuerdo a qué rompedora de mi corazón, el jersey lila que llevaba el 16 de julio de 1988, mi colección de Principitos en diferentes idiomas con su anotación de quién me trajo cada ejemplar, las txartelas identificativas de mi época de becario en Radio Euskadi, unas cuantas entradas a conciertos, la grabación de mis primeros programas, “Sin ti no soy nada” y "La playa" en mp3 cantadas por Iratxe (me sacan las lágrimas cuando las escucho), el patético “Boga Boga” que destrozamos Dani y yo sin que Natxo de Felipe pudiera hacer nada por evitarlo, varios vídeos con mis ridículos televisivos, los libros de notas de EGB y el bachillerato, la pitillera de cuero que me hizo Berta, los huecos en la estantería de los libros que presté y nunca me devolvieron, los saleros abrazados que me trajo Imanol de Nueva York, una caja de Gitanes sin empezar que me compró Sonia, el cartel y el CD del Hondas con hache...


Misión imposible, citar todos. Espero que no me odien los seis seres humanos a los que, en cumplimiento de las reglas de los memes, cedo el testigo. A saber:


[Sólo hay dos reglas en el meme de Juan Palomo: enlaza por favor al sistema de publicidad que propone Nirelandia y pásalo a seis personas que bloguean. Mejor si en el meme colocas el logo de Juan Palomo, cosa que yo no he hecho, por cierto...]