martes, 14 de octubre de 2008

¿De qué leches se ríen estos?


Siempre he escuchado a personas que tienen verdaderos conocimientos sobre ese casino universal llamado Bolsa de valores que las dos peores cosas que pueden pasar en el parqué son -y no necesariamente por este orden- un desplome de más de un cinco por ciento en una sesión... y un subidón (raid alcista, en jerga) del mismo porcentaje en una jornada. Y no hace falta ser un tiburón de las finanzas para comprender el por qué. Cualquiera con dedo y medio de separación entre la boina y las cejas se sabe la teoría del pan para hoy y el hambre para mañana o la de los días de mucho que son vísperas de nada.


Como ayer había pasta fresca y pagábamos la ronda los paletos del pueblo, los mismos ineptos que se han fundido en un abrir y cerrar de ojos hasta un tercio de los índices (precio de amigo), se agarraron una melopea trepadora. Hoy tenemos en todos los periódicos a sus esbirros -léase operadores bursátiles- descuajerinjándose de la risa porque saben que los únicos que han pillado cacho contante y sonante de ese diez por ciento de subida son ellos, que siempre se quedan con la partija sana, aunque toda la pesca esté podrida. Y hoy, mañana, o dentro de una semana a más tardar, a realizar beneficios, que viene a ser comerse de una sentada todas las pipas que has pelado en las últimas horas.


Pero no me hagáis caso. Cada vez comprendo menos esta noche de Haloween de calabazas financieras apestosas y caramelos envenenados. ¿Me puede explicar alguien por qué ayer me pasé una hora en una de las inmensas colas del Carrefour de Sestao, escenario de un descomunal caos de carros llenos hasta las cartolas? ¿Y por qué las inmediaciones del Megapark de Barakaldo, donde no se compra ningún producto masticable, estaban como una avenida de México D.F. en la peor hora de tráfico? ¿Nos estamos puliendo el dinero antes de que no sirva para nada?


Y, al final de esté dominó asesino, nuestra Moli, en la puñetera calle por haber cometido el tremendo de delito de apasionarse con su trabajo. Siempre he sostenido que ninguna buena acción queda sin castigo. Te queremos, Iratxe.