jueves, 2 de octubre de 2008

Hasta la vista, Público


Si nos cruzamos por la vida,

no me preguntes dónde voy.
Mira mis ojos y adivina
lo que busco y lo que soy.
No importa que cierres la puerta;
me gusta entrar por el balcón.
Al día siguiente dejo el hueco
de mi huida en tu colchón.
Y digo adiós, adiós, adiós.
Cierro la maleta y pido
un taxi para la estación.
(Sabina: Adiós, adiós)





Como os anuncié el comienzo, os doy cuenta de la despedida. Acabo de enviar mi última Trama mediática para Público, y estoy aún de resaca, con la doble sensación de liberación y pena que yo mismo me predije cuando, hace tres semanas, levanté la mano desde el campo y pedí el cambio al míster. Por lo visto, había medido mal mi forma física y peor aún la mental. La radio me permite pequeñas canitas al aire, pero no relaciones paralelas... por más satisfactorias que sean.


Y de verdad que esta lo ha sido. No tengo palabras suficientes para agradecer el trato que me han regalado en el periódico y la consideración hacia mi trabajo que me han transmitido en todo momento el director, Nacho Escolar, y el jefe de opinión, Marco Schwartz. Quedo también a los pies de mis dos enlaces directos en la redacción que no llegué a pisar, Lucía Álvarez y Ana Rosa Maza, demostración viva de que la eficiencia es compatible con una abrumadora calidez, incluso en contactos telefónicos de treinta segundos. No me olvido de los ilustradores, Constanzo y Casal, que han mejorado siempre mis ideas. A todos, gracias, con subrayado especial para Javier Ortiz -el inmenso Ortiz-, que estuvo en el origen de esta breve pero intensísima incursión en territorios que tenía olvidados.


A los que me habéis leido aquí y allá -muchos, incluso, en la versión de papel-, una genuflexión. Nos seguimos viendo por aquí... espero que en lo sucesivo con mayor frecuencia. De momento, id apuntando que mañana os pondré tarea para la sección de Imanol. La cosa irá -os avanzo- de las decepciones.