lunes, 20 de octubre de 2008

Medicamento lo será vuestro padre


Hola, soy Javier, pero no el que escribe habitualmente aquí, sino el Javier más famoso -chúpate esa, Bardem- de la última semana. La verdad es que tengo cosas mejores que hacer (arrugar nariz, soltar babita o regüelditos, llorar para que vayan madurando los pulmones...) que ponerme delante de un ordenador, pero no me ha quedado otro remedio porque empiezo a estar hasta la mismísima fontanela de que todo el mundo hable de mi, que no me puedo defender.


Tiene sonajeros que los que tiran niños al mundo como si fueran pedos porque su fanatismo les impide usar un simple condón vayan por ahí diciendo que si no hubiera sido por lo de mi hermano, mis padres no me habrían tenido. ¡Anda y que les ondulen con la permanén! ¿Qué saben del cariño a los hijos unos tipos que los coleccionan para ponerles nombres como Borja Mari o Bruno Miguel y aparcarlos desde las ocho de la mañana a las ocho de la noche en el Colegio Alemán? Cree el ladrón que todos son de su condición.


Pues que se vayan enterando: mi padres me querían, me quieren, y me querrán. Y yo a ellos, y a mi hermano, gracias al que seré un superhéroe. ¿Sabéis que un trocito de mi cordón umbilical le salvará? Fijaos qué cosa: algo que normalmente se tira va a servir para que el día de mañana tenga quien me defienda de los matones del cole o quien me deje en herencia sus jerseys y sus juguetes. ¿No os parece como para mear y no echar gota que los que se llaman pro-vida prefieran la muerte de un niño -mi hermano- a su salvación gracias a los avances de la medicina?


Porque soy producto del progreso de la ciencia, ¡y a mucha honra! Oye, el mismo Jesús de Nazaret, ese cuyas enseñanzas dicen seguir -¡ja!-, ¿no fue también un caso de fecundación artificial? Hasta donde mi cerebrito de neonato llega a comprender, hubo un donante llamado Espíritu Santo y un médico llamado Dios que llevó a cabo el implante en María sin que José se sintiera hecho luz de gas. Y, ojo, porque este no fue concebido para salvar a un niño solo, sino -¡toma sobrada!- a toda la humanidad.


A él le llamaron El Mesías; a mi, el bebé medicamento. ¡Tócate los pinreles! ¿Tengo cara de Aspirina o de Bisolvón? Me llamarán muchas cosas durante mi (espero) larga vida, pero ya han empezado poniendo alto el listón de los motes. Ellos sí que tienen pinta de medicamento, contra el estreñimiento, concretamente, porque cada vez que les oigo, me entran ganas de manchar el pañal.


¡Habrase visto! ¿Qué vienen ahora a rasgarse las casullas todos estos que, en vez de hablar de niños, hombres y mujeres, hablan de rebaños de ovejas? Les joroba que les hayan quitado la exclusiva de los milagros. Es eso, no le deis más vueltas. Pues ya pueden ir acostumbrándose, porque lo mío es sólo el principio. La ciencia no se va a parar. No lo hizo en la época en que se quemaba a los presuntos herejes en hogueras reales y menos lo hará ahora, que hacen parrilladas virtuales con cualquiera que les ponga en peligro el invento.


Así que, a cascarla a Ampuero. Os dejo, que me espera biberón. ¡Gú!