miércoles, 8 de octubre de 2008

Tomemos medidas


You got to know when to hold 'em, know when to fold 'em,

Know when to walk away and know when to run.
You never count your money when you're sittin' at the table.
There'll be time enough for countin' when the dealin's done.
(Kenny Rogers: The gambler)





Miro el gráfico del enésimo hostiazo del Dow Jones con la misma cara de lelo con que el hippy de Jóvenes se tiraba horas con los ojos pegados al punto que se quedaba en la pantalla de las viejas teles al apagarlas. Sólo en el último año los sabiondos hijos de Harvard y Stanford se han cepillado un treinta y pico por ciento del índice que -querámoslo o no- desemboca en el fondo de cada uno de nuestros bolsillos. Yo, de mayor, quiero un curro de esos: la pifias, y en vez de correrte a gorrazos, los grandes consorcios de defraudadores legalizados se dan de bofetadas para contratarte. Tampoco me sorprende; cualquiera de nosotros conoce lugares cercanos donde los inútiles son recompensados mientras ninguna buena acción se libra de su justo castigo.


Los gobiernos, entre tanto, se meten a practicantes, inyecta que te inyecta una pasta que no deja de ser, como la causante del desastre, puro humo, apuntes contables de lo que no se puede contar, simplemente porque no existe. Pero no pueden hacer otra cosa: hoy me salvas a mi, y mañana, en la próxima campaña electoral, yo te salvo a ti, prestándote la pasta que sé que no me podrás devolver más que con favorcitos como este. Quid pro quo, decían los romanos... y perdón por mencionar un imperio que se vino abajo con un par de cosquillas.


El lunes a la una de la tarde anunciarán el Nobel de Economía. Si la Academia Sueca fuera tan vanguardista como dicen, deberían dárnoslo exaequo a los millones de seres humanos que, sin haber pisado una escuela de negocios ni tener ganas de hacerlo, sabíamos que tarde o temprano el castillo de naipes se vendría abajo. Si no es así, mi propuesta alternativa es que se lo otorguen a Michael Moore por sus diez medidas para atajar la sangría, que recoge Mikel Eztabai en su blog. Yo soy especialmente entusiasta partidario de las dos primeras: perseguir criminalmente a los que han inducido la crisis a sabiendas desde Wall Street y hacer que los que se han enriquecido con la economía virtual aporten sus casas, sus jets y sus botellas de Bourbon para el rescate. Y tampoco estaría mal que los pasearan en ropa interior por las calles de Novosibirsk.