martes 29 de abril de 2008

De vuelta... y media

Yo nací en esta ribera del Arauca vibrador (...)
Me arrulló la viva diana de la brisa en el palmar
Y por eso tengo el alma
Como el alma primorosa
De cristal de cristal.
Amo, río, canto, sueño
Con claveles de pasión
(Pedro Elías Gutiérrez y Rafael Bolivar Coronado: Alma Llanera)


21.06, hora de Euskal Herria. Siete horas en casa, incluyendo las dos que he pasado en mi cama, tan agradecida, que ni me ha preguntado qué sábanas han envuelto mis sueños en los últimos días. Tengo aún la cabeza embotada, pero menos que las piernas, confinadas durante el interminable vuelo transoceánico en el rácano espacio de la clase turista del Airbus A-340 Concepción Arenal, al que pudimos subir después de pagar veinte euros a un maletero-trampa y otra pasta por unas supuestas tasas de las que nadie nos había hablado. Por lo menos, eso estaba tarifado en dinero. Más caro me resultó el impuesto de paciencia derrochado en los mil controles de pasaporte y equipaje y, especialmente, en el cacheo con visos de magreo a que nos sometieron, previa separación del pasaje por sexos, unas criaturas con uniforme verde y gorra roja en la misma puerta del avión. Y por si los clicks de famobil con su camisita y su canesú bolivarianos no nos habían tocado lo suficiente la entrepierna, las avinagradas azafatas de Iberia se encargaron de hacernos sentir un rebaño transportado a once mil pies. Imaginaos la sensación de liberación al driblar al último guardia civil en Loiu y echar la primera bocanada de humo (no he dejado de fumar) de nuevo al aire vasco, donde también he dejado sendos besos para Maite y Espiga, antes de arrastrar mi maletón y mi mochila al taxi que me ha devuelto a los brazos de Isa y Oier. Para entonces, Urki y Osa todavía estaban en el fielato, sellando los papeles de los aparatos que llevamos y trajimos; espero que ya hayan salido.


Xabi, Plaza e Igor aún tienen tarea -de índole diversa según los casos, ¿eh, Lapitz?- en los dominios de Hugo Rafael. Para los demás ha aparecido el rótulo de Game Over, y ahora andamos en proceso de desvenezuelización, aunque sé que durante un tiempo seguiremos calculando los precios en Bolívares Fuertes (negros y oficiales), saludando con un solo beso en lugar de dos, mirando con recelo a los taxistas por si son asaltadores disfrazados, tratando de adivinar en cada interlocutor si es pro o antichavista, decidiendo si el café es un marrón fuerte o está guayoyo, esperando que el aire acondicionado nos hiele las ideas en cada local al que entremos, buscando signos que delaten cirugía plástica en las delanteras, los labios o los pómulos de las chicas y comparando la San Miguel con la Polar o la Solera. Tal vez os parezca exagerado para una estancia de ocho días, pero ya os he ido contando con qué intensidad nos hemos bebido cada segundo y cuánta alma, corazón y vida hemos puesto en este viaje que, como sugerí en el apunte anterior, nos ha llevado, además de a un país increíble, al centro de nosotros mismos como periodistas y como personas. Ojalá también para vosotros haya sido útil. Gracias por haber estado al otro lado.


[Posdata: Os dejo como ilustración a Iñaki Espiga, fácilmente reconocible, pese a la barba de días y la palidez, porque jamás ha usado máscara. En la parte no visible de la foto (usad la imaginación) estamos, también sin careta y sonrientes, Maite Mayo y yo mismo. El conjunto se podría títular El Trío de la Ojera derrotando a los demonios o, menos épicamente, Ene, qué risas hisimos aquel sábado en El Hatillo.]

lunes 28 de abril de 2008

Haciendo las maletas


Las 8.30 A.M., es decir las 3.00 P.M. en el lugar que volveré a pisar el martes. Han pasado exactamente 25 horas desde que atravesé por última vez las cinco pesadas puertas que separan el diminuto estudio y la no mucho mayor redacción de Unión Radio. El librero y ya amigo para siempre Roger Michelena, que me acompañó en ese viaje, fue testigo de cómo creció el nudo que ya llevaba en la garganta tras despedir el programa al ser recibido con palmas por Maite Mayo e Iñaki Espiga, mis dos compadres en el Trío de la Ojera que reúne a los más faltos de sueño a este lado del Arauca. Fue el penúltimo momento emotivo de las decenas acumuladas a lo largo de esas cinco horas de transmisión a merced del satélite, que nos dejó tirados sin piedad en los 160 minutos finales. Aún me recuperaba con una inyección de nicotina, cuando el teléfono me regaló las voces vía rape de Susana, Loreto, Cris, Itsaso, Olaia, y -bendito tú entre todas las mujeres- Domínguez. Otro bálsamo necesario en esas horas en que empezaba a anidar en mí la depresión post-parto que aún arrastro y -me temo- me acompañará hasta que me meta en el próximo fregado, algo que ocurrirá el mismo martes, a la vuelta.

Con la adrenalina reequilibrada por un par de horas de sueño que nos maquillaron los párpados, por la tarde escapamos a El Hatillo, el único lugar a muchos kilómetros a la redonda donde, por lo visto, se puede caminar sin temor a acabar en el asfalto con tres rajas en el abdomen. Risas, confidencias, más risas, botellas azules de Solera Ligth, compras de regalos en la impresionante tienda de artesanía local, unas puntitas de satisfacción por el trabajo, otra ronda de Soleras acompañando el comentario de las jugadas más interesantes, complicidad renovada y retorno al hotel después de soportar el inevitable trancón (no penséis mal: es la forma venezolana de decir atasco).


Nuestras cuentas aseguraban que teníamos casi todo el pescado vendido. Iñaki había dejado visto para sentencia el Boulevard de esta noche, Maite había hecho lo propio con sus trabajos para Informativos y a mí sólo me tocaba hacer de polizón de madrugada un ratito en el MQP que ha conducido Loreto. Todo eso, con la tranquilidad de saber que el transmisor de satélite había vuelto a funcionar. Pero siempre repito que hasta el rabo todo es toro y ya os conté que este era
el hotel de los líos. Cuando nos disponíamos a buscar dónde y qué cenar, un turbante violeta eléctrico a juego con una llamativa blusa y unas mallas apareció en la recepción: era Piedad Córdoba, la senadora colombiana que envenena los sueños de Uribe y que se ha metido unas cuantas veces en la boca del lobo, o sea de las FARC. Igor dio el aviso, a Espiga se le puso cara de ¡a por ella!, y unos minutos después estaban frente a la política que, tras declararse amiga de los vascos, aceptó la entrevista que escucharéis -o habréis escuchado- hoy en el Boule.


Como este texto ha ido creciendo con el día, me marca ahora el reloj las 5.22 P.M., o sea, las 11.53 P.M. de ahí. La mayor parte del grupo baja ya del impresionante El Ávila. Iñaki y servidor hemos preferido trabajar (él) y zanganear (yo), y hace unos minutos hemos vivido la penúltima aventura. Al volver de comer (Arepas llaneras y Pabellón criollo) una patrulla de policías armados hasta el cogote ha parado el taxi y nos ha hecho bajar para un registro a conciencia. Confieso que he temido una encerrona con continuación kafkiana o, como mal menor, despedirme de los 130 Bolívares Fuertes (43 euros al cambio oficial; 26 en el mercado negro) que me quedan, pero el chófer nos ha dicho aquí no hay mordidas, que sólo eran ganas de molestar.


De nuevo en el hotel, posponiendo el momento de enfrentarme a la montaña de ropa sucia y aparejos técnicos que debo devolver a las maletas, fumo, bebo agua mineral helada y trato de encontrar palabras para describir -a petición vuestra- el olor de Caracas. Sospecho que me iré sin ser capaz siquiera de aproximarme, aunque también sé que reconocería ese aroma en cualquier lugar. Se queda en mi álbum de fragancias en el mismo estante mental donde algún día trataré de ordenar las emociones -tenues algunas; intensas la mayoría- que he coleccionado en este viaje que me ha ayudado a descubrir un puñado de datos sobre este país y miles sobre mí mismo.


[Posdata: Como ilustración, os dejo la foto que se hicieron junto al logotipo de la actual Radio Euskadi los pioneros de la vieja Radio Euzkadi que nos acompañaron en la impagable primera hora del programa del sábado, con Iñaki Anasagasti al otro lado del satélite. Ellos son Kepa Lekue, Guillermo Ramos, Iñaki Aretxabaleta y Jon Mikel Olabarrieta, cuatro de las decenas de personas que mantuvieron viva la voz de la resistencia vasca. Parte de lo que somos es gracias a lo que fueron.]

jueves 24 de abril de 2008

¿Alguien sabe qué día es?

Nota: Esto está escrito desde hace un buen rato, pero a la banda no tan ancha le dio por petar y el texto ha estado en el limbo hasta ahora...

Dice el reloj que son las 20.24 P.M. y yo le creo, aunque mi pequeño problema es que no sé de qué día porque tampoco recuerdo con precisión cuándo fue la última vez que deshice la durísima cama con tres almohadones. Sospecho que ayer, pero ¿cuándo fue ayer? Me aferro a referencias más o menos lógicas: probablemente ayer fue el día, o sea, la noche cerrada en que un taxista llamado Rafael nos llevó a Maite y a mí a Unión Radio, donde ya hacía un rato que Espiga se comía las uñas, Xabi llevaba la procesión por dentro, Urki y Osa se encomendaban a la patrona de las transmisiones vía satélite con colchón telefónico y Joserra jugaba de goal keaper, atento incluso a la Melita que tomamos prestada a nuestros compañeros de la emisora caraqueña que hoy ¿o fue, insisto, ayer? ha jugado con la camiseta de Radio Euskadi.

Retorno en cuadrafonía arriba, cuelgue del inmarsat abajo, Morenito de Hondarribia ha cuajado un pedazo de faena, siempre perfectamente asistido por las dos bandas interoceánicas, y con la complicidad del técnico local Freddy Tapia. Yo, después de mi cameo, he hecho una reverencia y el diligente Rafael me ha debido de ver tal cara de cadáver que se ha saltado catorce semáforos en rojo (literal) y ha ido por dos calles en dirección prohibida para devolverme al cuartel, digo al hotel, petado de multicolores soldaditos (alguno boliviano, como el del poema) que velaban el sueño de Lage, Evo y Ortega. Un lirismo tonto me ha llevado a pensar que con ellos dormía un continente, pero luego he caido en la cuenta de que a mi no me iba a tocar tampoco esa noche, y he pasado por el arco de seguridad resignado a que el aire de la madrugada se quedara de nuevo sin mis ronquidos. Mi insomnio, que es muy celoso, anda enfadado porque no le gusta que nada ni nadie que no sea él me suman en la vigilia por cojones. Le llegan los cuernos a la luna, pero la carne es débil y no encuentro el modo de no trajinarme ante sus morros este portátil, que lo mismo me sirve para hacerme la víctima ante vosotros que para remendar montañas de grabaciones o para batir el récor mundial de faltas de mecanografía en un email.


Nadie piense que proclamo mi infelicidad por hacer algo que me gusta y que estoy disfrutando como Santa Teresa de sus llagas. Además, igual que en el chiste de los piratas, hay buena noticia, pero en este caso, de verdad: no habré cerrado los párpado en ¿? horas, pero sí he comido, nada menos que en el Viejo Urrutia, donde Fernando -al que escucharéis el sábado en nuestro Hamaiketako- había dejado bien claro a propios y extraños (en realidad, nadie es extraño en ese restaurante) para quién era la penúltima mesa vacante. Los señores vascos han llenado el estómago y, tras hacerlo, han vuelto a sus tareas. No os aburro con el detalle de las mías porque tendréis noticia de sus frutos el cada vez más cercano fin de semana. Para entonces, espero que haya desaparecido esta Pasarela Cibeles de la Milicia en que tenemos convertido el hotel, porque digo yo que los líderes carismáticos tendrán algo mejor que hacer que padecer al aporreador de teclas del Piano Bar tratando de interpretar Allá en el rancho grande...


¡Lo que son las asociaciones mentales! He mencionado el rancho grande y me he acordado de nuestra todavía flamante e inmensa sede... y de quienes se estarán pegando una paliza aún mayor que servidor, y encima andan preocupadas/o porque piensan que les van a devolver al director de su programa en forma de escamas de jabón. De eso nada. Resistiré hasta el fin.

miércoles 23 de abril de 2008

El hotel de los líos


19.00 P.M. en el único reloj al que le he puesto la hora local. Los demás, incluido el del portátil, marcan la 1.30 A.M., así que os presiento plegando la oreja o practicando el trasnoche. Escribo a la carrera, que es el mismo ritmo que he llevado durante todo este día en que no podido comer más que una galletita salada que me ha conseguido el Viceministro de Estrategia Comunicacional de Venezuela, Freddy Fernández, antes de grabar la entrevista que escucharéis el sábado.


Eso ha sido a las cuatro de la tarde, hora a la que he llegado vivo después de peleas sin cuento con el tráfico, la impuntualidad de algún invitado, la burocracia, una entrevista que se ha caído, dos inventadas de la nada, cuarenta que no creo que pueda aprovechar y una especie de ensoñación que me ha puesto delante de la mismísima Norkis Batista, la protagonista de la telenovela de más audiencia del país... y más cosas que habréis descubierto los que hayáis pinchado en el link.


En un paso fugaz por el hotel para coger una camisa de recambio me he encontrado con el edificio tomado por soldados casi adolescentes tocados con boina roja y nada discretos guardas de seguridad con guayabera, además de ni sé la cantidad de tipos con traje negro y visible microcasco y/o walkie-talkie. En medio de tal despliegue de seguridad, yo me he fumado mi cigarrillo reglamentario, pensando qué podría hacer alguien en mi situación si, en lugar de un paquete de rubio y un mechero, llevase otras armas. El chófer que ha venido a recogerme no acaba de entender que no le hubieran registrado el maletero y el motor: Creo que se espera al mero Presidente, ha dicho, con el mismo tono de confidencia que las otras dieciocho personas a las que había escuchado idéntico vaticinio.


De momento, Chávez no ha venido, pero tampoco sería tan sorprendente, porque sí que ha llegado Carlos Lage, o sea el que en el actual escalafón cubano va inmediatamente después de Raúl Castro. También se espera a Evo Morales y Daniel Ortega. Participan en una cumbre-sorpresa de ALBA, siglas que corresponden a Alternativa Bolivariana para las Américas. Es estadísticamente probable que nos crucemos con alguno de ellos en el hall, aunque no en el ascensor, pues un militar ha tomado uno de los seis que hay en el hotel y parece dispuesto a que sólo lo usen los lujosos huéspedes revolucionarios. ¿Casan bien esas palabras: lujoso y revolucionario?


No me pidáis respuesta, que tengo que abreviar. Y tampoco foto, porque a ver quién es el guapo que saca la cámara en este pequeño estado de sitio. Me temo que nos tendremos que conformar como ilustración con ese edificio indescriptible que parece un homenaje a mi persona y, más concretamente, a mi adicción al café liofilizado.


Y hasta aquí puedo escribir. Espero tener tiempo para resumir lo que queda por el camino. También espero no desfallecer por el camino. ¡Qué estrés! Y la mitad de la parroquia, pensando que estoy de vacaciones...


¡Ah! Dentro de unas horas emitimos el primer Boulevard íntegro desde Venezuela. Paga la ronda Lapitz, pero los demás estaremos trasnochando con él un ratito o todo el ratazo, según los casos. Nos escuchamos.

martes 22 de abril de 2008

Bin Laden, zapatero en Caracas


Las 18.30 P.M. cuando empiezo a escribir. Por ahí deberíais estar pegados a las sábanas, soñando, por ejemplo, con una Polar casi congelada como la que tengo a mi izquierda, mientras tecleo en la recepción del hotel. Ya está oscuro desde hace un buen rato, así que no se puede pensar en atravesar la verja que mantiene este lugar como una especie de Fort Apache del lujo bussiness class. Imposible imaginarse a la joven que acaba de entrar con su traje de noche, zapatos de tacón de aguja y brillantes a discreción dando una vuelta cien metros más allá. Todo puerta a puerta. ¿Es que aquí no se pisa la calle?


Tampoco exageremos. Esta misma mañana nos la hemos paseado, grabadora en mano, para charlar aquí y allá. Es a lo que he venido: a escuchar a la gente. Me da igual un político anti o pro que el predicador antes conductor de autobús y borracho que ha intentado convertirme a su fe, la joven con aspecto de tener cien años que vende programas informáticos originales a menos de tres euros o el chófer profesional que se pega doce horas peleando contra el tráfico imposible de esta ciudad donde todo parece estar a la orden, amigo.


La foto que os dejo es del singular reclamo de uno de los puestos del mercadillo de la Esquina del Chorro, donde han llevado a un puñado de los cientos de buhoneros que han sacado de las calles. Joserra, Xabi e Igor, que se tienen muy pateada esta parte del mundo, estaban asombrados del aspecto que ofrecía la zona sin la invasión de los vendedetodo. La pregunta que queda en el aire es dónde estarán todos los demás, porque en el rastro -bastante desierto de compradores- apenas había una treintena de puestos. ¿Qué vendían? Exactamente lo mismo que en el baratillo de Santurtzi o Portugalete... con una excepción: uno de los artículos más demandados son los libros -apenas fascículos- con las nuevas leyes. Increíble pero cierto, el chiringuito donde se venden estaba a tope.


Hay tarea a la vista, así que de nuevo os birlo anécdotas que no sé si podré recuperar: la suspensión del programa de Chávez a nuestra llegada (nada que ver con ella, ¿eh?), la nutrida presencia iraní en el hotel por un encuentro de esos que hará echar las muelas a Bush, la amenaza de bomba en un avión de Air Europa que tenía previsto el despegue hacia Madrid al mismo tiempo que llegaba desde allí nuestro vuelo...

lunes 21 de abril de 2008

Toma de contacto


Saludos desde Caracas. Hora local: 6:27 A.M, es decir, las 12.57 P.M. Tiene su cosa lo de la diferencia horaria: seis horas... ¡y media! menos.
Llegamos al hotel a la 4.15 A.M. de Euskadi, después de un periplo de medio día. Sólo el vuelo desde Madrid nos llevó nueve horitas. Sumadle los previos y los post aduaneros, y veréis que he estado sin fumar ni os cuento...
La foto os muestra lo que veo desde la ventana de mi habitación. Primeros movimientos en esta parte de la ciudad (ya os daré indicaciones precisas) por la que nos han pedido que ni se nos ocurra ir a pie...
El resto de momentos los he fotografiado en mi propio cerebro. Los comparto con vosotros sin digerir:
Los treinta grados con un setenta por ciento de humedad relativa que no recibieron. La larga espera para sellar el pasaporte y revisar las maletas... que habían llegado, porque uno de los nueve bultos que facturamos anda haciendo su propia vida. En esa misma espera aduanera, el pequeño divertimento de ver a Víctor Ríos (la barba más conocida de Izquierda Unida) cambiándose de cola para conseguir... salir de los últimos. Los 25 kilómetros del aeropuerto a la ciudad, en los que se suben novecientos metros, mientras los ojos se van al arcen, donde no dejan de pasar cosas, desde reparaciones de emergencia a arrumacos urgentes y fogosos. Un depósito de gasolina llenado por menos de dos euros...
Dejo alguna imagen más para otros apuntes. Esto sólo era un saludo. Llegamos. Estamos cansados y animados. Después del desayuno nos espera un día largo. Maite Mayo e Iñaki Espiga empiezan con un recorrido por Petare. Jon Osa y José Mari Urkidi se afanarán con lo técnico, que de momento está complicado. Yo me voy con Xabier Lapitz, que tiene tarea extra para la tele, junto a Joserra Plaza (mi ídolo) e Igor Olaeta (mi otro ídolo). Os vamos contando...

viernes 18 de abril de 2008

Ellos no son tontos

La oferta y la demanda, es la que manda,
y tal como anda la santa madre, más vale tarde que mañana.
Que no se te vaya la gana ni el murmullo del ron,
que podemos hacer tanto amor estando juntos
anidando liendres, anidando liendres.
(Enrique Bunbury: Anidando liendres)



Me lo dijeron, pero no me lo creí: Mediamarkt ha dejado de reembolsar el dinero a los clientes que devuelven los productos porque los han encontrado defectuosos o porque, simplemente, sienten que no cubren sus expectativas. Enfermo, como estoy, del vicio de la tecnología combinado con el del escrutinio milimétrico de los folletos promocionales, me ha tocado decenas de veces tratar de recolocar en sus imposibles embalajes supuestas maravillas que no funcionaban o que no se parecían a lo que prometían en los fastuosos anuncios. Salvo un pequeño gesto de fastidio del vendedor, jamás he tenido el menor problema para recibir de nuevo mi dinero... hasta ayer.


Sólo tres horas después de haber comprado una fruslería que se demostró inservible -llamadle unidad regrabadora externa de DVD- acudí con el todavía inmaculado ticket de compra a recuperar los 89 euros que, por cierto, ya había reinvertido mentalmente y me dí de bruces con la realidad en forma de tarjetita con el importe de uso exclusivo en el establecimiento. O sea: yo voy con un dinero que a ellos le sirve para gastar en todas partes (no será en sueldos, por cierto), me venden un artilugio que no hace lo que la propaganda dice que hace, y cuando voy a dejarlo donde lo encontré, en lugar de mi pasta de uso discrecional, me dan un trozo de plástico que representa esa pasta... pero que sólo puedo gastar en esa tienda. Paso por alto el tiempo perdido en ir, probar y volver y la frustración misma de comprobar que me la han intentado meter doblada con una presunta información que no se correspondía con la realidad. Me limito sólo al vil metal convertido en vil plástico, insisto, de uso obligatorio en un lugar, para más inri, donde me acaban de intentar colar como libre un gato sarnoso.


Os lo cuento no como desfogue o pequeña revancha, sino como pura información que os podría resultar útil. Es estadísticamente probable que, tentados por la agresiva publicidad o llevados por la necesidad real de haceros con este o aquel cachivache, acabéis adquiriéndolo en el gran bazar rojo. Ahora ya sabéis que si lo hacéis y por azar o de nuevo por estadística, el producto no chuta, a todo lo más que podéis aspirar es a una tarjetita con el equivalente a vuestro dinero, con la pequeña salvedad de que sólo os servirá para pagar allí.


La buena noticia es que quedan decenas de firmas que contemplan, lo mismo en compras presenciales que virtuales, la devolución hasta del último céntimo sin siquiera preguntar. La mala es que, por lo visto, el aparente suicidio comercial de MediaMarkt (si los clientes de verdad no son tontos, obrarán en consecuencia) no será tal porque el resto de las grandes empresas de distribución están a un cuarto de hora de hacer lo mismo... ¡y encima de presentarse como víctimas!

jueves 17 de abril de 2008

Alrededor de la Memoria

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
(José Agustín Goytisolo / Paco Ibáñez: Palabras para Julia)



Acabo de llegar de Donostia roto y feliz. Roto, porque ha sido uno de los días más largos y más duros que recuerdo (30 horas sin dormir); feliz, porque ha merecido la pena dejarme los cuatro granos de voz que me quedaban en la mesa redonda que he moderado -o similar- en el Centro de Cultura Ernest Lluch. Es mucho más que un privilegio compartir la misma mesa con Assumpta Montellá, Miquel Torner y Toni Strubell. Que enfrente estuvieran Marieta, Mugu, Iturri, Giorgio, Sorkun, Cristina Lagé, Txaro, Iker, Alicia... ha sido el bálsamo que necesitaba. Vale, de acuerdo: también necesitaba la estupenda cena en el Via Fora!, porque había salido de la radio sin comer... Y de propina, encontrarme, según he bajado del coche, con mi adorada Mari Carmen Arregi, tan fiel a MQP ahora en su juvenil jubilación como cuando nos comandaba la parte técnica al otro lado del cristal.


De la Mesa, con la Memoria de nuevo haciendo de mantel, me traigo la emoción de Toni y Assumpta, la sencillez optimista de Miquel, y la pregunta de por qué la media de edad entre los asistentes superaba los cuarenta... y tal vez los cincuenta. ¿No interesa rescatar el pasado a los jóvenes? ¿Les hemos cansado? ¿Les falta base y se pierden cuando hablamos de los caminos del exilio, las fosas comunes o los campos de concentración? ¿No han escuchado a sus abuelos o es que tal vez sus abuelos ya son de la generación que no vivió todo aquello?


Me gustaría dormirme pensando en todo eso, aunque sospecho que tengo lista de espera de pensamientos. ¿Qué tal si seguimos hablando mañana? Dulces sueños... y mejores despertares.

martes 15 de abril de 2008

Han vuelto

Hau dena aldatu nahi nuke,
Alferrik bizi ez naizela uste.
Bainan soilik amorrua senti dezaket
Zuen kontra botatzeko.
Eta ezin dut indar gabe eta, bakartua naho, edo.
Beharbada
Drogatuegia egongo naiz bainan...
Errepikatzen dut, eta berriz diot,
Berriz diot:
Hau dena aldatu nahi nuke.
(Hertzainak: Hau dena aldatu nahi nuke)


[Pronúnciese el título del apunte con el soniquete de la niña de Poltergeist]


Bonita conmemoración de la República. Tuvo que ser ayer, 14 de abril, cuando la primera plana de todos los periódicos digitales nos mostrase ese par de jetas (tómese en el sentido que se quiera) casi superpuestas. Es madrugada cuando escribo, pero me apuesto lo que sea a que hoy las ediciones de papel repetirán la jugada, dejando en las hemerotecas la consabida lección: todos somos iguales, aunque unos son más iguales que otros. Tienes que echarle mucha miel a la democracia para que acabes de tragarla. Y a veces, ni aún con toda la granja San Francisco te llega.


Berlusconi gana por mayoría absoluta. ¿Respetamos la decisión del pueblo que lo ha votado? Roca, el que decoraba wáteres con fieras disecadas, compra la libertad por un kilo de euros. ¿Respetamos la decisión de los jueces que han puesto el precio? Qué dilema. Si respondes no a las dos preguntas, pasas por un totalitario que no cree en la soberanía popular y por un disolvente que no cree en la independencia judicial. Si respondes sí es que has entrado en este blog por error.

domingo 13 de abril de 2008

Porque sí

There's a lady who's sure all that glitters is gold.
And she's buying a stairway to heaven.
And when she gets there she knows if the stores are closed.
With a word she can get what she came for;
And she's buying a stairway to heaven.
(Led Zeppelin: Stairway to heaven)



Aún hay quien me pregunta si no tengo otra cosa mejor que hacer con mi tiempo que convertirlo en letras y espolvorearlo -a veces como azúcar glass; otras como pimentón picante de La Vera- sobre vuestros ojos y tal vez también sobre vuestras conciencias. Otros ni siquiera me lo preguntan. Dan por supuesto que mi vida es tan vacía y mi ego tan grande, que lo que pongo aquí me sirve lo mismo como aguaplast para los socavones vitales que como templete verbenero para montarme un impúdico Full Monty. Y luego, claro, están los que me miran con una mezcla de pasmo y pena, después de echar cuentas sobre la pasta que, si fuera más listo, me podría llevar facturando a tanto la línea de acuerdo con la tarifa oficial.


A falta de una explicación convertible en palabras contantes y sonantes más allá de lo evidente, os pondré un ejemplo de lo que me hace sentir que alimentar este blog o cualquiera de los que leáis y/o escribáis no es pasar el rato ni sacar brillo a la vanidad. Si tengo que compararlo con algo, se me parece más a dejar miguitas para que Pulgarcito encuentre el camino de vuelta o, con medio gramo de lirismo añadido, hacer peldaños de una escalera al cielo de uso prioritario para quien lo tiene un poco más jodido que los demás. Y voy con el ejemplo:


Iratxe Molinuevo, nuestra Moli, la soñadora que pese a serlo (o quizá por ello) no despega los pies de la tierra, nos vino un día a la Mesa a Tres Bandas de MQP con una proposición muy decente: darle aire -así lo decimos en la jerga de los piadores- a un acto que estaba preparando el Centro de Iniciación profesional de Sestao. Se trata de algo tan simple como sacar a la calle el trabajo de esas chavalas y esos chavales a los que parte de la sociedad -mayormente los que no saben poner un enchufe o interpretar la burbuja de un nivel- mira por encima del hombro y no pocas veces con recelo. Los que aprenden albañilería pondrán ladrillos, mientras los carpinteros tirarán de sierra, lija y martillo, los de peluquería harán mechas y los de cocina, pinchos... ¡y chocolate con bizcochos!


Evidentemente, no es un megacongreso de listillos en nosequé pagado con la Visa pública, ni un superhappening cultureta requetepatrocinado, así que las posibilidades de salir en cualquier medio convencional eran entre escasas y nulas. Pero en eso llegó Julen a dar la primera voz, vino después Boquitas, seguida de Mak, Jaio... y así hasta una docena de llaneros blogguitarios (perdón a los no citados, pero gracias a todos) que gritaron a los cuarenta vientos la nueva, de forma que ahora mismo a este lado del Volga todo el mundo sabe que tiene un motivo para dejarse caer el viernes, 18 de abril, por la Plaza del Kasko de Sestao a partir de las once de la mañana y durante todo el día.


Es posible que haya algún contable con tres MBAs capaz de traducir a vil metal el impacto publicitario de un movimiento así, pero seguro que no tiene bemoles a calcular el cariño y el apoyo que han sentido las personas que pusieron en marcha la iniciativa. Y la suma continúa porque, afortunadamente, seguimos siendo muchos los que hacemos ciertas cosas porque sí. Garabatear en la nada es una de ellas.

viernes 11 de abril de 2008

Al mal tiempo...

I met a white man who walked a black dog,
I met a young woman whose body was burning,
I met a young girl, she gave me a rainbow,
I met one man who was wounded in love,
I met another man who was wounded with hatred,
And it's a hard, it's a hard, it's a hard, it's a hard,
It's a hard rain's a-gonna fall.
(Bob Dylan: It's a hard rain's a-gonna fall)


Me consta que no ha sido nada fácil tomar la decisión de aplazar el World Cafe. Todos los que hemos tenido algo que ver con esta chaladura en rojo, incluso los que en un primer momento no cogimos la copla y aún hoy no estamos seguros de haber aprobado ese parcial, empezábamos a tener cuerpo de noche de reyes. Yo cerraba los ojos y os imaginaba ya en esa peculiar coreografía a medio camino entre las verbenas con sabor (¡Cambio de pareja!), el juego de las sillas, mahai eztabaidagunea y la asamblea de majaras que, mirad por dónde, esta vez ha decidido que el domingo no habrá ni sol ni buen tiempo. Pongo, bien doblado, el sueño bajo la montañita de estímulos positivos que me aguardan en las próximas semanas (Elna, Venezuela, Sartaguda, Senpere, Reset) y volveré a desplegarlo poco antes del 18 de mayo.


Esperamos veros ese día. Sabemos, en realidad, que os veremos, porque la frase que más hemos escuchado esta mañana ha sido Cuenta conmigo. Será que tengo la sensiblina en máximos históricos, pero ha sido emocionante notar que para vosotros la cita era algo más que un plan cualquiera para un domingo de primavera cualquiera. Y también ha sido de récord Guiness de nudo en la garganta la avalancha de ofrecimientos de ayuda de las compañeras y los compañeros de Radio Euskadi para sacar adelante el programa del domingo, que habíamos concebido desde el primer al último minuto como transmisión Urbi et Orbi del World Cafe.


Serán las famosas gafas nuevas, pero gracias a esas reacciones -y a palabras bonitas como Un besito, Ven, o Es una suerte escucharte- a la hora en la que escribo he conseguido hacerle la zancadilla al disgusto (gracias, Julen, por iniciarme en el judo mental) y juraría que mis labios ensayan algo parecido a una sonrisa. No es gran cosa, pero os la regalo, y con envoltorio especial para las personas de la casa que más ojeras han dejado en esto.

jueves 10 de abril de 2008

El frío infierno

Cae fuego en lugar de maná,
se disfraza el asfalto de mar,
el zapato no encuentra el pedal,
parece que anda suelto Satanás.
Canta Bod Dylan en el cassette,
tinta roja escrita en la pared,
un cadáver abraza el arcén,
parece que anda suelto Lucifer.
Un semáforo va a dar a luz,
una novia vestida de tul
se masturba sobre un ataúd,
parece que anda suelto Belcebú.
(L.E. Aute: Anda suelto Satanás)





Por motivos que muy pronto os contaré con pelos y señales, ando en pleno proceso de inmersión venezolana, lo que significa que exprimo parte de mi implacable insomnio chapoteando en diferentes cibercharcos de la República Bolivariana. En una de esas apneas, concretamente en las páginas del segundo periódico en ventas del país, temí que me había afectado la borrachera de las profundidades cuando leí: El Vaticano descarta que haya fuego en el infierno. Lo primero que pensé fue que lo del cambio climático se estaba poniendo serio de verdad, pero pronto comprendí que lo que trataba de contarnos el arzobispo Ravasi era que durante dos mil años nos habían estado tomando el pelo al amenazarnos a los polipecadores reincidentes con acabar como los cochinillos de Segovia, pues la realidad es que Satanlandia se parece más (ya que ponemos referencias castellanas) a Soria un tres de enero. Vamos, que fai un cutu que escarabaya el peyeyu y pinga el mocu, que se dice en asturianu.


Ya sé que a los pedazo de descreídos y ateazos que ficháis por aquí tanto os da pasar el castigo eterno cociendoos en vuestra salsa o ultracongelados como los palitos de cangrejo, pero al que suscribe, que tuvo un pie en el seminario, estas cosas le hacen pensar... y no bien precisamente. ¿Qué datos manejan los barandas de la fe para que les haya dado por volver a acojonar al rebaño? ¿Es pura política comercial para no perder cuota de mercado ante la pujanza del islamismo y su riquísimo catálogo de represalias y expiaciones para los desviados de la Verdad? Esto lo empezó, desmintiendo a su propio antecesor, el mismísimo Joseph Ratzinger (a.k.a. Benedicto XVI), y veo que lo continúa su mano ejecutora doctrinal, este tal Ravasi que a mí tanto se me parece -fijaos en la foto- a Carlos Dávila. Me divertirá el próximo capítulo, aunque algo me dice que la carco-curia pierde el tiempo atemorizando al personal con algo que ocurrirá en la próxima vida, a la altura del más allá, según se entra a la izquierda. Si en vez de tanto libro de onanismo teológico hubieran leído A puerta cerrada, hace tiempo sabrían que, con llamas sopleteras o con carámbanos de hielo, no hay parque temático de la tortura penitencial como el del más acá. El infierno, escribió Sartre, son los otros.

martes 8 de abril de 2008

Ser y estar

Vamos viviendo,
viendo las horas que van muriendo,
las viejas discusiones se van perdiendo
entre las razones.
A todo dices que sí,
a nada digo que no,
para poder construir la tremenda armonía,
que pone viejos los corazones.
El tiempo pasa,
nos vamos poniendo viejos
y el amor no lo reflejo como ayer.
En cada conversación,
cada beso, cada abrazo,
se impone siempre un pedazo de razón.
(Pablo Milanés: Años)



Estoy a punto de quemar la moviola mental de tanto repasar las jugadas más interesantes de la hora que dedicamos el domingo a darle vueltas a cómo han cambiado las relaciones de pareja en los últimos veinticinco años. Fue un delicioso caramelo que nos regaló el Fórum Radio Euskadi, que como todos sabéis, esta vez lleva incorporado un retrovisor para comparar la sociedad vasca de hoy con la que conoció el estreno (prefiero decir el reestreno; no me olvido del exilio) de la emisora en la primavera del 83.


Con Imanol Querejeta ejerciendo de Doctor Amor, invitamos a la abogada y amiga Patricia Verdes (rupturas), el sexólogo y mil cosas más Luis Elberdin (instintos básicos) y a los pinchadiscos y además compañeros técnicos de Radio Euskadi José Mari Urkidi (lentas del 83) y Raúl González (Funky y chuntachunta del 2008). Cada uno de ellos habría dado para una hora entera... o más, así que inevitablemente nos tuvimos que conformar con picotear de aquí y de allá con una banda sonora compuesta por Every breath you take, Yo tenía un novio, Flash begi batean y Up where we belong. Ni os imagináis el subidón que me dio el día anterior seleccionando esa música que yo bailé con mi pantalón carpintero de novecientas rayas, el niki-surf azul, y las deportivas blancas con cierre de velcro, que es exactamente la ropa que llevo en la foto de ahí arriba...


¿Alguna conclusión? Buff... Me quedaré con una idea por cabeza. Imanol dijo que los hombres hemos aprendido que la pareja también se sostiene con la plancha, la escoba o la Vileda. Patricia nos habló de mujeres que a los setenta años echaban cuentas y mandaban a hacer gárgaras al tipo al que realmente no habían soportado nunca. José Mari puso nostálgicos a los que pergrinaban a la mítica Txitxarro de aquellos años. Raúl nos dijo que los jóvenes de hoy no usan la música como excusa.


He dejado para el final a Luis, porque de además de despertar la lujuria de quienes nos escuchaban con sus detalladas descripciones de técnicas de submarinismo carnal actuales, nos contó que cuando preguntaba a dos jóvenes que habían acudido a su consulta si eran pareja, los aludidos se miraban, se encogían de hombros y decían que ni si ni no, que sin más, estaban juntos. Ahí encontré yo mi titular, seguramente excesivo y matizable: En el 83 las parejas eran; hoy están.

sábado 5 de abril de 2008

El violín de Wei Ming

So I say
Thank you for the music, the songs I'm singing
Thanks for all the joy they're bringing
Who can live without it, I ask in all honesty
What would life be?
(Abba: Thank You for the music)


Al César lo que es del César, y a Vitriolín lo que es de Vitriolín: Fue Mikel el primer heraldo que nos vino a contar (¡en el apunte sobre la felicidad!) el motín que casi había presenciado después de que la policía le requisara la herramienta de trabajo al que que los paseantes de Azkuna City llamaban Vivaldi o, simplemente, El chino del violín. Hoy, gracias a Deia, sabemos que el oriental melómano se llama Wei Ming, que lleva seis años dulcificando con su música la vida de los bilbaenses o provocándoles dolores de cabeza -según las versiones- y que recuperar su instrumento le costará 650 euros del ala... salvo que surtan efecto las medidas de presión iniciadas por un abogado bohemio que se ha erigido en su representante.


Esos son parte de los hechos. Ahora toca tomar partido, algo que me consta ya se está haciendo en la capital vizcaína. ¿Nos dejamos subyugar por la imagen lírica del inmigrante que se gana las alubias creando un sirimiri de notas musicales y firmamos para que le devuelvan el violín o hacemos caso a los que aseguran que hay serruchos que despiden un sonido menos hiriente que el presunto Stradivari de Ming y aplaudimos a los Municipales? A falta de más datos, seré (algunos dirán que para no variar) equidistante: que le devuelvan el violín, pero no el amplificador.

jueves 3 de abril de 2008

Y ahora, la autenticidad

Cada uno da lo que recibe
y luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma.
(Jorge Drexler: Todo se transforma)



Como en los antiguos folletones, estas líneas vienen del capítulo anterior, aunque no tengo muy claro si como continuación, exégesis, excusatio non petita o ganas de enredar un poco más tras la agradable sorpresa que supone comprobar que un asunto así llega a treinta y pico comentarios de vellón. Nada de lo que habéis dicho en ellos me ha dejado indiferente, pero confieso que Mikel y Noe me han colocado en el entrecejo la palabra autenticidad, que yo mismo había desenvainado en mi desvarío sobre la (in)felicidad.


¿Qué es lo auténtico?, me preguntáis clavando vuestras pupilas en los pixels de la pantalla, y yo me atuso la patilla, me retuerzo el pendiente (los que me habéis visto en directo sabéis de qué hablo) y reconozco que no lo tengo demasiado claro. De hecho, es probable que no exista, por lo menos aplicado a la condición humana, lo cual no destruye mi teoría, porque lo que valoro realmente no es ser auténtico sino tratar de serlo. Eso lo traduzco en conducirse por la vida con la mínima cantidad de maquillaje emocional imprescindible y, desde luego, en aparecer con la cara lavada y recién peiná ante las personas que hemos decidido que nos importan. No he elegido el verbo por casualidad: importar es altruista; interesar es egoísta.


De sobra sé que por puro instinto de supervivencia no podemos ir enseñando las cartas al primero que pase, ni siquiera al segundo, pero a veces merece la pena arriesgarse con el tercero. Reconozco que me ha ido fatal obrando de este modo, pero volvería a ofrecer la espalda a las mil navajas que la han convertido en mercancía para el MacDonalds si tuviera la seguridad de que, como así ha sido, me iba a salir bien en media docena de ocasiones. Creo que ya os he contado que uno de mis lemas de cabecera lo encontré bajo la tapa de un yogur: siga jugando; hay miles de premios. En este caso, la recompensa para los insistentes es encontrarse con lo que mi admirado Rogelio Botanz llama gente que sí. El precio es tragarse toneladas de yogur con sabor a gente que no, pero es cuestión aprender a taparse la nariz y los poros de la piel.


No sé si hay personas auténticas. Ya digo que me bastan las que tratan de serlo, las que no aspiran a vivir cómodamente en una mentira con aire acondicionado y afecto condicional, las que no levantan altísimos muros para ocultar su vaciedad, las que me usan pero nunca me utilizarían, las que no fingen orgasmos pero tampoco los disimulan, las que se alegran de verme cuando yo me alegro por lo mismo, las que saben que estaré ahí aunque no esté... y viceversa.

martes 1 de abril de 2008

Felicidad

Felicita e un cuscino di piume
l'acqua del fiume che passa e va.
E' la pioggia che scende
dietro le tende la felicita.
E abbassare la luce per fare pace
la felicita, felicita.
(Al Bano & Romina: Felicita)




No deja de crecer mi admiración por Imanol Querejeta y encontraréis el penúltimo motivo para que sea así en sus sabias palabras en la entrevista que le hizo Mitxel Ezquiaga en Diario Vasco el domingo pasado. Mi nariz me dice que la intención del periodista era que nuestro psiquiatra de cabecera certificase con su rúbrica una gavilla de encuestas que venían a sostener que los vascos nos las apañamos muy bien con la felicidad. Sin embargo, si leéis entre líneas, veréis que Imanol imita a su compatriota Morenito de Maracay y acaba llevando el toro a una arena de tonos ocres en lugar de rosados para clavarle unos cuantos pares de banderillas. No es lo que yo percibo en mi entorno, dice en su segunda respuesta, inmediatamente después de haber vaciado un enorme jarro de agua fría en la primera con un dato irrebatible: Entre los vascos hay cada vez más demanda de asistencia psicológica o psiquiátrica.

Con mi conocida tendencia al optimismo [ironía], yo siempre he pensado que la felicidad fue ayer o será mañana porque hoy toca otra cosa. Parecerá bobada, pero chutándome esa filosofía de todo a cien en lugar de fluoxetina he conseguido tener a raya lo que si me hubiera dejado diagnosticar, alguien con bata blanca habría bautizado Depresión. No me cuesta nada deducir que buena parte de los que acaban en el diván contestaron un día a un encuestador que se sentían la mar de felices. Es lo que pasa cuando se cae la tramoya en la que la mayoría elige vivir.

Si pongo la lupa sobre algunos de los autoproclamados felices que conozco, aparte de unos pocos casos genuinos de satisfacción con lo que son y lo que tienen, no distingo más que seres que huyen a galope de la autenticidad. Inventan amigos para siempre allá donde, en el mejor de los casos, hay aliados circunstanciales y como tienen pavor a encontrarse con ellos mismos en cualquier esquina, disparan sobre quien amenace con desordenar los hilvanes de su conciencia. Es cierto que a muchos la farsa les dura toda la vida, pero a otros la realidad les acaba cercando y no les queda más remedio que firmar la capitulación en la consulta del psiquiatra. O joderse y bailar.