sábado 31 de mayo de 2008

Intención... o no


Vaya por delante que esta instantánea de L. Andrés, publicada en El Mundo ayer, me parece fantástica desde el punto de vista estético. Aplaudo el instinto que hizo al fotógrafo situarse en ese lugar concreto y cazar en el mismo disparo a todo el tripartito, personificado en el Lehedakari, Joseba Azkarraga y Javier Madrazo.


De lo que no estoy tan seguro es de la intención. Tal vez el autor buscaba una pequeña broma, incluso un guiño interno. Pero el chiste privado es otra cosa cuando la imagen es seleccionada para ilustrar justamente una noticia cuyo titular es Ibarretxe pretende valerse de la Ley Electoral Vasca para celebrar su consulta. Por otra parte, ¿veis lo mismo que yo? porque tal vez esa intención está en mi mente en forma de prejuicio. A veces vemos más de lo que hay. ¿Qué os parece en este caso?

viernes 30 de mayo de 2008

Ahora también en Público


Un pequeño anuncio por palabras: He empezado a colaborar en el diario Público, así que si tenéis moral, podéis arriesgaros a la sobredosis los lunes, miércoles y viernes, que es cuando sale la columna. La cosa se llama La Trama Mediática, lo que os dará una idea de qué tipo de asuntos trata. Cualquier parecido con el Cocidito NO es pura coincidencia, si bien es cierto que hay unas cuantas diferencias. De momento, la acogida de las dos primeras entregas ha sido aceptable. Como siempre, espero contar con vuestra confianza crítica. Si os apetece echar un vistazo a la de hoy, aquí la tenéis. De todas formas, queda más molona en la versión en papel... y una de las cosas buenas que tiene el periódico es que os podéis descargar en pdf la edición íntegra. ¡Nos leemos!

miércoles 28 de mayo de 2008

Dos preguntas


Si se llega a celebrar la consulta prevista para el 25 de octubre, sólo tendréis la opción de decir sí, no, o de absteneros ante las dos preguntas que se nos propondrán. Pero como en un blog hay más espacio que en una papeleta, aquí tenéis todas las líneas que necesitéis para argumentar vuestra respuesta.


Como solían decirnos los profesores paternalistas, es altamente recomendable leer muy bien los enunciados (nada que ver con la presunta exclusiva vocentera del sábado) antes de contestar. He aquí la redacción definitiva de ambas preguntas:


  1. ¿Está usted de acuerdo en apoyar un proceso de final dialogado de la violencia si previamente ETA manifiesta de forma inequívoca su voluntad de poner fin a la misma de una vez y para siempre?
  2. ¿Está usted de acuerdo en que los partidos vascos, sin exclusiones, inicien un proceso de negociación para alcanzar un acuerdo democrático sobre el ejercicio del derecho a decidir del pueblo vasco, y que dicho acuerdo sea sometido a referéndum antes de que finalice el año 2010?

Podéis consultar los apuntes, hablar con el compañero o la compañera y, si lo deseáis, incluso copiar. No hay límite de tiempo. Y tampoco pasa nada si dejáis el examen en blanco.

martes 27 de mayo de 2008

Barras y arrobas



Should I? Could I?

Have said the wrong things right a thousand times
If I could just rewind, I see it in my mind
If I could turn back time, you'd still be mine.
(Bon Jovi: Misunderstood)



Más de una vez me han tirado de las orejas cariñosamente o me han atizado una colleja sin contemplaciones por mi empeño en marcar los géneros cuando hablo en público. Soy el primero al que le chirrían los saludos a todas y todos o, directamente, le impacienta el suspense aparentemente innecesario que se crea al hablar de una asociación de madres y padres de alumnas y alumnos. Sin embargo, me mantengo en mis trece porque hay algo -no me preguntéis qué- que me dice que lo que se pierde en frescura se compensa con el valor añadido que tienen los pequeños actos militantes. Ya veis que el Lehendakari va aún más lejos, y me consta que lleva con orgullo que sus parodiadores hayan convertido ese rasgo en una de sus señas de identidad.


Lo que no tengo nada claro es el daño que una arroba o una barra inclinada le pueden hacer al lenguaje no sexista. Es más, hasta que ayer por la mañana Emakunde sacó una tarjeta amarilla a ese modo de incluir los dos géneros a la hora de escribir, estaba convencido de que su utilización era una forma de evitar la discrimación equivalente a la mención del masculino y el femenino en la comunicación oral. ¿Quién y con qué criterio ha decidido que no es así? Lo desconozco. Supongo que debo hacerme con una de esas guías y empollármela bien antes de emitir un juicio.


De momento, me quedo en una situación de duda próxima a la zozobra. He bajado al infierno las veces suficientes como para tener confirmado que está alicatado hasta el techo de las mejores intenciones. Me pregunto si no habremos forzado la máquina gramatical del castellano por encima de su capacidad de absorción o, incluso, si no habremos rozado la caza de brujas al tratar de identificar la testosterona de palabras y expresiones probablemente inocentes.


Con todo, lo que más me inquieta es la sospecha de que el seguimiento a rajatabla de la ortodoxia lingüística que nos proponen con este manual (¿o debo repetir guía?) no garantiza un comportamiento igualitario. Vamos, que puede haber finísimos estilistas del no-sexismo verbal que se pongan ciegos a tocar culos porque creen que lo que llevan entre las piernas les da derecho a eso y a más. Ojalá el machismo se cambiara sólo maquillando las palabras. Me temo que el problema está un poco más al fondo... y no necesariamente a la derecha.

domingo 25 de mayo de 2008

Lo peor no ha pasado

Todo en la vida es
como una canción
que cantan cuando naces
y también en el adiós
La la la la la la la la la la...
La la la la la la la...
(Massiel: La la la la)



Desgraciadamente, el puesto dieciséis no será el final. Aún nos quedan meses para demostrar que tendemos sin remedio al rebaño, al come y calla, al lo que diga el señorito, al guau guau con lametón sumiso y agradecido y, literalmente, a bailar al son que nos toquen. Ahora sí que deberíamos gritar todos sin excepción: ¡¡¡Beeeee!!!


Pensaréis que exagero, que he perdido definitivamente el sentido del humor, que debería relativizar lo que no deja de ser una pequeña gamberrada y ocuparme de asuntos con más sustancia. Pero ahí está el problema y el manantial de mi desazón: ¿cómo coño nos vamos a dedicar a tomar el palacio de invierno si no somos capaces de ocupar la casa de Pin y Pon?


Lo siento, pero este fenómeno -o lo que narices sea- ha llevado a máximos históricos mi desconfianza por la especie humana. En comparación, el aserejé -que me dejaba inmóvil incluso en momentos en que hubiera reventado el alcoholímetro más robusto- me parece un prodigio de profundidad intelectual y buen gusto. Ahora contemplo con nostalgia aquella tonada que tenía su punto de rito tribal, de conexión atávica con el primer lenguaje o, qué se yo, de exorcismo expresado en misteriosos sonidos de arquitectura cabalística. Y desde luego, ni en su letra (es decir, en su ausencia de letra) ni en su puesta en escena había nada digno de petar el correo electrónico de Emakunde. Ya, claro, en este engendro tampoco... Soy yo, que no veo como el recopón de la transgresión la imagen de unos floreros de carne alrededor de fulano que farfulla que no sé quién baila con las bragas en la mano.


Con el pesimismo que conocéis, me preparo para lo peor de lo peor, que en sí mismo no será la reproducción en bucle del bodrio original en garitos de garrafón a diez euros el trago, sino las versiones con que nos agredirán las orquestas pachangueras, los pseudohumoristas de las teles locales, los patéticos animadores de bodas y saraos varios y, por descontado, esa docena de coleguitas graciosos que sufrimos todos sin hemoal que nos alivie sus rigores. ¿Es que nadie ha pensado en hacer una consulta al respecto o, por lo menos, en pedir una condena explícita en la que ya hay en marcha? Yo sabría qué votar.


(PS: Los principios morales del autor -tan bajitos pero correosos como él mismo- le hacen imposible mencionar el título del zurullo musical del que se habla, así como el alias de su perpetrador. Pero... ¿A que todo quisque sabe a qué y quién se refiere? Eso es lo terrible.)

jueves 22 de mayo de 2008

Aquí no hay de eso

I have run
I have crawled
I have scaled these city walls
These city walls
Only to be with you
But I still haven't found what I'm looking for
(U2: I still haven't found what I'm looking for)

Supongo que la mayoría de los que tenéis blog conocéis el StatCounter, ese chivato que lo mismo te sopla cuántos pares de ojos se detienen, aunque sea un milisegundo, por tus escritos, que te los localiza en un mapamundi o te los divide entre partidarios de Firefox o Explorer. De todas formas, ninguna de sus prestaciones me parece tan divertida -a la par que ilustrativa- como el detalle de las palabras o frases puestas en la ventanita del buscador correspondiente (99 por ciento de las veces Google) que han servido para llegar hasta tí. En el caso de esta página, lo habitual es que la búsqueda sea mi nombre en diferentes versiones ortográficas. También hay quien trata de encontrar información sobre personas o asuntos que se han mencionado en alguno de los apuntes. Hasta ahí, nada soprendente; lo que no deja de maravillarme es cómo el azar y los misteriosos algoritmos pueden hacer que desembarquen visitantes que persiguen unicornios que nunca han pastado por aquí. Para que os hagáis una idea de lo que hablo, en la última semana me he dedicado a anotar algunas de esas búsquedas. Las comparto con vosotros/as, junto a mi duda sobre si los viajeros despistados habrán sido capaces de llegar a su destino después de comprobar que este blog no era el lugar para informarse sobre...


  • Cuartos para niños modernos y guays
  • Juaquinillo el feo
  • Cómo saber que gafas sientan bien
  • Maquetos de mierda
  • Puedo hacer puenting con una hernia
  • Cuánto tiempo he de estar sin las lentillas antes de graduarme para gafas
  • Hoja de reclamaciones de articulos de uso intimo
  • Bbk nómina cafetera
  • Ver video de peleas violentas de chicos con otros chicos
  • Lugar en portugalete donde se pueda hacer el pasaporte
  • Hay rebajas de pena cuando cumple años el rey
  • Amas de casa calenturientas

miércoles 21 de mayo de 2008

Bronca de cinco tenedores

Siempre que vuelves a casa
me pillas en la cocina
embadurnada de harina
con las manos en la masa.
¡Niña!, no quiero platos finos,
vengo del trabajo
y no me apetece pato chino.
(Vainica doble: Con las manos en la masa)


Si me veis en cualquier local adornado con estrellas Michelín, tened por seguro que es porque no he podido escabullirme y, desde luego, que no será mi Mastercard la pagana de esas chorripijeces de nombre rimbombante cuyo disfrute queda fuera del alcance de mi paladar nicotinizado y de mi sentido del pudor. Pocas veces me he sentido tan identificado con el niño del cuento del traje del emperador como cuando me han atado a la silla de uno de esos presuntos templos culinarios y he tenido que masticar carísimas extravagancias de sabor a cartón mientras una parte de mis compañeros de mesa se convertían en dobladores de peli porno para demostrar a base de hummmms, ahhhs y ooohs reiterativos que eran unos gourmets del copón. Palabra que he visto esas reacciones ante tres guisantes machacados, ralladuras de gamba congelada o unos manchurroncitos de puré de lentejas que no os digo lo que parecían.


Con un preámbulo así, no es difícil que imaginéis que vengo a postularme como partidario de Santi Santamaría en la guerra que ha abierto contra los intocables de la cocina chachipiruli. Pues lo desmiento: igual que pasa con las reyertas en algunos partidos, esta es una de esas querellas internas que, al no irme ni venirme, me resulta lo suficientemente divertida como para sentarme en una butaca de primera fila a ver cómo se arrean los de este curioso gremio que son los fogoneros de alcurnia. Siempre me ha parecido un fenómeno digno de estudio la cordialidad con la que se odian y la animadversión con la que se quieren los del gorro alto.


De hecho, lo llamativo del pifostio con tufo de autobombo que ha montado el remuevepucheros (restaurador lo llaman en fino) catalán es que haya piado de sus colegas en público lo que bastantes de ellos dicen de los demás en privado. Ha roto una suerte de ley del silencio que, si lo miramos desde cualquier otro oficio, no deja de ser comprensible, lo mismo que cuando los futbolistas que se han pasado noventa minutos mentándose a la madre y regalándose codazos se van a vestuarios diciendo que lo que pasa en el campo se queda en el campo. Hay incluso quien le llama ética profesional a eso.


Con todo, como pretendo ser justo, disculpo a los ases de la baraja gastronómica. Lo hago, no sólo porque varios de ellos me caen muy bien y me merecen todo el respeto a pesar de lo que he escrito hasta ahora, sino porque pienso -y me lo habéis leído muchas veces- que no es lo mismo pecar por la paga que pagar por pecar. Mientras haya horteras de bolera dispuestos a orgasmar ante un macarrón relleno de pasta de fletán caramelizado, a mí como si les atiborran a metilcelulosas (que son buenas para el estreñinimiento) u otras porquerías de las que hablaba el tal Santamaría. Me parece más grave que en el menú del día de doce euros con que sablean al currela medio frían los huevos y las patatas en el mismo aceite que los calamares, las croquetas de pollo y la merluza albardada.

martes 20 de mayo de 2008

Atrapado por Atrápalo

Volando voy, volando vengo...
Volando voy, volando vengo...
Por el camino yo me entretengo
Por el camino yo me entretengo
(Camarón: Volando voy)


Tengo amigas (sólo mujeres; los chicos no debemos de saber buscar ofertas) que han volado a Londres, Dublín, Roma, Milán, París o Barcelona por menos de diez euros más las inevitables tasas. Supongo que debí haber confiado a alguna de ellas la compra de un billete de ida y vuelta a Munich, pero preferí enredarme yo solito en esas webs que la mismísima Unión Europea considera antros virtuales para lucimiento de trileros y tocamocheros varios. Craso error.


Siguiendo la máxima que el tal Manuel Luque de los jabones copió a unos publicistas yankis de los cincuenta, me entretuve durante un par de horas buscando, comparando y, ya puesto, alucinando ante alguna de las propuestas, como la que me ponía la broma en 1.670 napos con paradita en París incluida (Es lo que pretendía enseñaros en la foto, pero no se ve muy bien). Harto de rellenar casillitas y de ver páginas de espera, comprendí que no encontraría nada más apañado que el viaje con vuelos directos por el que me pedían 164 euros. Figuraba en cuatro o cinco sitios, pero como la mayoría tenía nombres sospechosos, me decidí por Atrápalo.com, que, por lo menos, me sonaba. Segundo y fundamental craso error.


Con paciencia y extremo cuidado para que una letra mal puesta no me dejara en tierra, fui tecleando todos los datos que se me pedían: nombre, NIF, dirección completa, fecha de nacimiento, email, teléfono y, por supuesto, el número de la tarjeta de crédito, incluyendo los dígitos de verificación. Por medio, me habían subido el precio un pico por unos gastos de gestión y un seguro de anulación de los que sólo te advierten cuando ya no tienes la entrepierna para farolillos y no ves el momento de terminar la gymkana pulsando el botón de confirmación de compra. Al hacerlo, sentí una liberación que se demostró ingenuamente prematura cuando, tras una nueva espera, me apareció un mensaje tipo palmadita en la espalda donde lamentaban que en los segundos previos la oferta había dejado de estar disponible. Para más recochineo, como si fuera una tómbola de barrio, me invitaban a volver a probar suerte.


Y ahí me caí del guindo: qué forma más sencilla de quedarse con todos mis datos para utilizarlos y/o vendérselos a esos mejillones cebra del marketing que te abordan cada cinco minutos por tierra, mar y aire (correo convencional, correo electrónico y teléfono) con proposiciones que, además de deshonestas, son cansinas e impertinentes. Atrápalo me atrapó como al pardillo que soy. Supongo que me lo merezco, pero si habéis seguido leyendo hasta aquí, vosotras y vosotros tenéis una información que os servirá para no ser toreados, por lo menos, en ese ciberchiringuito.

domingo 18 de mayo de 2008

World Cafe Radio Euskadi en vivo

Pongamos a prueba nuestro lema. ¿Será verdad que Todo lo que te contamos en Radio Euskadi lo ves? Hoy lo vamos a intentar. Al mismo tiempo que nos escuchas por la radio, en esta páginate vamos a ir mostrando lo que pasa por aquí. Aunque no hayas venido, podrás decir que has participado en el World Cafe, una de las chaladuras más grandes que se nos han ocurrido en los últimos veinticinco años. 3, 2, 1... ¡Cero! ¡Estamos en el aire!
[Actualización: Van saliendo crónicas y comentarios sobre el evento. Por ahora he visto las de Loretahur, Iñaki Murua, Julen, la dulce Joía-Jaio, el indiscreto Kanif, mi primo Iturri en castellano eta euskaraz be bai, Mikel Eztabai (¿o estabaahí?) y el impresionante reportaje multiformato de Mikel Agirregabiria, además del guiño cómplice de Txetxu, a quien le ha llegado sana y salva su botella desde Venezuela. Si conocéis más, sopladme. ¡Ya me soplan algo! Una chulada también lo de Txolarte.]


  • 17.48. Estee... que tal vez haya que mejorar un poco la técnica para pensar y masticar chicle al mismo tiempo o, lo que es lo mismo, para hacer un programa y postear simultáneamente. La cosa es que a partir de las doce no ha habido ni medio respiro ante el micrófono, así que no os he podido contar cómo ha terminado el invento, con una media de 4,99 sonrisas por cada mesa de cinco personas. Final feliz, aunque según mi costumbre, tendré aún que digerirlo. Siento especialmente no haber podido atender personalmente a todos/as los/as oyentes que han venido a saludarme, a sacarse una foto o a que les dedicara el libro. Me he sentido totalmente desbordado y, como tenía algún compromiso (algunos blogaris saben cuál), me he escabullido. Gracias a todas las personas que lo habéis hecho posible, con mención de honor para el MQP-Team (en la redacción y en la técnica) y doble subrayado para Javi Domínguez por los motivos que él sabe. Nos vemos, nos escuchamos, nos leemos... (A todo esto, ¿Alguien ha visto mi cámara de fotos?)
  • 11.51. Increíble pero cierto: con absoluta puntualidad, a las 11.30 la conversación ha comenzado...
  • 11.20. Ya no queda nada. Impresionante la disciplina. Todo el mundo sentado en su silla... salvo Imanol Querejeta, que charla con nosotros, justamente, sobre lo terapéutico de reunirse a charlar.
  • 10.38. Hablamos del Bizkaiko Dantzari Eguna, porque la nuestra no es la única fiesta que se celebra por estos pagos. Ya antes hemos conectado con el Parque de la Taconera de Iruña, donde tiene lugar la fiesta de la escuela pública euskaldun. Con nosotros, nostálgico, Iñaki Goirizelaia, que pese a ser dantzari antes que nada, nos ha elegido. Por cierto, ha tenido su gracia Edorta Jiménez, cuando al enviarle a las mesas a cumplir su labor de dinamizador, me ha preguntado: "¿Has dicho dinamitador, con t?".
  • 10.00. Acaba de terminar A Tres Bandas. Opiniones frescas... más que nada porque la temperatura lo es. Las nubes se mantienen en su sitio. El grupo musical aprovecha los boletines para ensayar. Todavía no huele a café... ¡pero ya tenemos nuestras tazas rojas!
  • 08.55. Todo listo. No hubiéramos soñado un día como este. Ya estamos en nuestros puestos Julen Iturbe-Ormaetxe, Iratxe Molinuevo y Carlos Vilches, recién llegado de Iruña. El grupo Amorir que son dos días (parece un homenaje a nuestra competencia) ensaya a nuestra izquierda. Frente a nosotros, la marea de mesas rojas va tomando forma. De momento están vacías...

viernes 16 de mayo de 2008

Tenemos una silla para usted

Goizeko euri artean aterkiñarik gabe
eskuak sakelean pena bat bihotzean
etxetik urruti nago kalean bakarrik
goizeko euri artean kitarra bakarrekin.
(Txomin Artola: Goizeko euri artean)


Según Euskalmet, el domingo por la mañana Bilbao estará cubierto por las nubes, pero aguantará sin llover. Como haberlas haylas, los huevos transportados por Ander Iribar hasta el convento de las Clarisas podrían abonar esa tesis, o ese deseo, o esa necesidad imperante.


¿Te atreves a hacer tu propio pronóstico para el día del World café de Radio Euskadi? ¡Participa en la encuesta de la parte superior de esta página! Eso sí: el domingo queremos verte en la explanada de Abandoibarra, con el Guggenheim haciéndonos de lujoso elemento de atrezzo para una foto que nos gustaría que fuera histórica. Nos vemos y nos escuchamos allí.

miércoles 14 de mayo de 2008

ETA, no me salves


Esa foto de Efe no nos lleva a Bagdad ni a Beirut; ni siquiera a la Euskadi de los setenta, los ochenta o los noventa. Es Legutio, apenas hace unas horas. ETA, anclada en el tiempo, eternamente añeja, carcamal y reaccionaria, además de asesina, ha acabado con la vida de un guardia civil y ha herido a otros tres agentes. ¿Habrá aún quien lo vea como un acto heroico de la resistencia vasca o sabemos todos ya que se trata de un repugnante crimen que, para más inri, es otra memez desde el punto de vista táctico y estratégico? Y esos que se rebelan por todo, ¿cuándo se van a rebelar contra los secuestradores de su fuerza transformadora? ¿O es que tienen asumido que su auténtico y único papel posible es decir beeeee?
Pues yo sí lo grito bien alto junto a otros muchos: ETA, no me salves.

martes 13 de mayo de 2008

Basura





Bueno, ya está bien,

parad de una vez.
¿Nos tomáis el pelo?
Pero, ¿qué os creeis?
Bueno, ya está bien,
parad de una vez:
¡Esta vez sabremos qué hacer!
(Celtas Cortos: Ya está bien)





57 medios que se dicen de comunicación se rasgan las vestiduras y claman con vocecita de cordero degollado que se cierne sobre ellos la censura previa. Eso, cuando se disfrazan de víctimas; si aparecen tocados de sans culottes reivindicadores, levantan el puño y berrean que derramarán hasta la última gota de su sangre para defender la libertad de expresión amenazada. Tendría un pase si no fuera porque los pretendidamente ofendidos y ultrajados se quejan -hay que tener pelotas- porque una mujer, que bastante desgracia tiene con ser cuñada de Felipe de Borbón, ha pedido que la dejen en paz.


De nuevo siento que no soy de los nuestros, es decir, de esa manada de carroñeros tan mal acostumbrados, que piensan que se puede organizar una cruzada contra alguien que no está dispuesta a dejarse sobar por sus pezuñas. Es como si los chorizos montasen la bronca porque tanta puerta blindada les dificulta ganarse las alubias. Me iba a preguntar en qué país vivimos, pero ante lo resbaladiza que podría ser la respuesta, me callo, eso sí, negándome a otorgar que valga todo para saciar el ansia de basura del populacho.


Y conste que sí pienso que la censura previa nos sobrevuela y que la libertad de expresión está coartada, entre otras muchas cosas, porque nadie nos cuenta qué mierda de condiciones laborales aceptan los becarios sin pedigrí y trepas alevines que los señores de la bazofia rosa mandan a morder los tobillos de la cabaña famosil y porque tampoco he visto nunca en ningún colorín los desmadres diurnos o nocturnos de los dueños de esas agencias -puaggh- de prensa del hígado.

lunes 12 de mayo de 2008

Seiscientos kilómetros

Maravillas, Maravillas
florecica de Larraga
amapola del camino
te seguiré donde vayas.
De Monreal a Otxoportillos
de Sartaguda a Santacara
para sembrar las cunetas
con flores republicanas.
(Fermín Valencia: Maravillas)

Santurtzi, Sartaguda, Senpere, Santurtzi: redondeando, seiscientos kilómetros en 48 horas por todo tipo de carreteras bajo las más variopintas circunstancias meteorológicas, con Maripuri, mi contradictoria pero efectiva GPS, como única compañía a bordo del Saxo blanco con abolladuras en el lateral izquierdo. Creo que me he ganado el pitillo y el chupito de orujo de naranja en los que busco inspiración para las próximas líneas.


Del programa de ayer, poco tengo que contar. El sexto Herri Urrats consecutivo. Como en las bodas, las comuniones o los funerales de los amigos, simplemente hay que estar ahí y punto, con la indumentaria adecuada para la ocasión, que en este caso es un vestido de lagarterana en algunos momentos, una camiseta militante en otros y una equipación de portero de fútbol (me pido Yashin, la araña negra) por si hay que volar de poste a poste o salir a la desesperada hasta el borde del área grande. Imposible retirarse al túnel de vestuarios sin haber recogido unos cuantos balones del fondo de la red, pero qué le vamos a hacer. ¡Y menos mal que la defensa -Cris y Olaia en los laterales corriendo la banda; Domínguez de central organizador e Itsaso como líbero al más puro estilo Beckenbauer- me evitó la goleada que parecían aventurar los pronósticos!


Tengo bastante más por digerir de las cinco horas (preparativos aparte) que pasamos el sábado bajo el intenso chaparrón de agua y de emociones en Sartaguda, el pueblo de la viudas, de los melocotones... y de Edurne Mendia, que terminó el programa empapada y embarrada después de haberse entregado hasta más allá del límite de sus fuerzas. Tal vez veo lo que quiero ver, pero sus ojos, de un azul que seríais incapaces de imaginar, me dijeron que había merecido la pena volver a la épica de la radio (sólo los buenos oficios del técnico José Ignacio Revuelta y de la eficaz Mari Luz impidieron que nos electrocutáramos) para contar lo que ocurrió en un día casi mágico para miles de personas unidas por la dignidad antes, durante y después de la derrota del 36.


Pudistéis escuchar al joven de 93 años, Jesús Benito, contar cómo le mataron a media familia y a prácticamente todos sus amigos, con cuyos nombres esculpidos en el muro conversa ahora y les cuenta que se siente un poco menos solo. También os llegó la voz de Néstor Basterretxea, que vino con un brazo en cabestrillo y dolorido, diciendo que no se hubiera perdido ese momento ni aunque le hubieran cortado las manos... Y eso que el sábado hacían falta más de dos: una para el paraguas, otra para la ikurriña o la tricolor republicana, otra para estrechar la de los amigos que se encontraban o se reencontraban, y aún una más con dedos sensibles para acariciar el relieve del nombre de los seres queridos en el lugar más imponente del parque. Fue justamente esa la imagen que se le quedó grabada a Fermín Valencia, el cantor de todas las causas perdidas y de todas por las que hay que seguir luchando.


Porque la lucha sigue, como nos quedó claro al escuchar a Roldán Jimeno, Fernando Mikelarena, Carlos Espinosa, Carlos Martínez, Jose Mari Esparza, Ana Vieitez, Joseba Ezeolaza, Emilio Silva, Jokin Muñoz, Castillo Suárez, José Antonio Labordeta o nuestro Juantxo Agirre Mauleon, que repitieron, con matices, el mismo mensaje: la Justicia está enterrada a más profundidad que los huesos que se van recuperando. El Parque de la Memoria de Sartaguda es sólo un paso de un camino que tiene todavía muchos hitos pendientes. Para alcanzarlos -esto ya es cosecha mía- habrá que ir juntos, después de despojarse de las absurdas rencillas que, desgraciadamente, también nos tocó ver entre personas que buscan (¡eso dicen!) el mismo fin.


Tal vez nos sirvan de ejemplo el alcalde, José Ramón Martínez -que nos atendió con ropa azul mahón de faena- y su convecino Gabriel Martínez, que votan juntos por los mismos objetivos, aunque uno es socialista y el otro, de ANV. Sin su acuerdo no hubiera sido posible la inauguración del Parque. En eso iba pensando a las cuatro de la tarde de anteayer, con los limpiaparabrisas trabajando a destajo, mientras conducía hacia el norte e iba dejando atrás un pueblo en cuyas cuadrillas de jóvenes se mezclan como la cosa más natural del mundo nietos y nietas de los que dispararon y de los que recibieron los disparos.

miércoles 7 de mayo de 2008

Free Burma! (Cien mil muertos después)


Hace unos meses, más por intuición que por conocimiento y documentación, grité Free Burma! junto a millones de personas de todo el mundo. Hoy, con algún dato más y casi inmovilizado por la impotencia intelectual de no alcanzar siquiera a imaginar lo que son cien mil muertos, vuelvo a gritar (ya sé que a la nada) contra la megalomanía asesina de la Junta Militar de ese país que tiene la puta desgracia de ser sólo noticia cuando la represión o la naturaleza se ceban encarnizadamente contra su población. Me gustaría poder hacer algo más que eso, pero como tantas veces, no se me ocurre qué.

lunes 5 de mayo de 2008

No se culpe a nadie

And I'm on the highway to nowhere
Tryin' to get by without you
I don't know why it took me so long to
Wind up back at nowhere with you, oh
Wind up back at nowhere.
(Drake Bell: Highway to Nowhere)


Suelo hacer el tour de mis tres barrios (Desde Kabiezes a Zuazo, y de ahí a Astrabudua) en treinta minutos. Cualquiera menos prudente que yo lo haría aún en menor tiempo. Esta mañana, sin embargo, los apenas veinte kilómetros me han llevado dos desesperantes horas en medio de un caos que me ha hecho pensar en los impresionantes trancones de Caracas como una pequeña broma. Número de agentes policiales que he visto en ese tiempo: cuatro, los que estaban en las inmediaciones del accidente que presuntamente ha desencadenado el colapso. Habría bastado un par de ellos con un silbato en cada uno de los tres embudos por los que he pasado para aligerar notablemente la situación. Mientras crecía la angustia en mi ama por la cita médica perdida, yo no podía dejar de pensar en la cantidad de circunstancias en las que he visto multiplicado por cien el número de policías que hoy he tenido al alcance de mis ojos.


Algún día dejaremos de considerar los atascos como imponderables de esta sociedad consumista y motorizada hasta los dientes. Me resulta una excusa simplona, que roza lo insultante cuando pretenden hacernos creer que una colisión, por grave que sea, en un punto muy concreto puede paralizar el tráfico en decenas de kilómetros a la redonda. Sencillamente, no me lo creo. No ha sido el accidente lo que ha provocado las gigantescas retenciones, sino la ineficacia al gestionar algo estadísticamente previsible y que ha ocurrido las suficientes veces como para saber de memoria el modo de reducir su impacto. Pero es más fácil echarle la culpa a la fatalidad.

viernes 2 de mayo de 2008

Cuarenta años no es nada

Papá cuéntame otra vez que tras tanta barricada
y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada,
al final de la partida no pudisteis hacer nada,
y bajo los adoquines no había arena de playa.
(Ismael Serrano: Papá cuéntame otra vez)

Cuarenta años de mayo del 68. No me digáis que la efémeride os deja indiferentes porque no me lo creería de personas que, haciendo la media, tienen la misma edad y prácticamente las mismas ideas que la penúltima revolución romántica -la última fue la de los Claveles- que figura en los libros de Historia. Estoy seguro de que cuando no os ve nadie, o incluso bajo vigilancia, escrutáis los adoquines para comprobar si ocultan una playa y también tengo la certidumbre de que vuestro realismo os lleva una y otra vez a seguir reclamando lo imposible.


Ya sé que tres cuartas partes de las cosas que nos han contado sobre esos días no pasarían la prueba del algodón de la verosimilitud y que por cada diez tipos que juran haber estado allí hay ocho impostores. También sé, y eso puede ser peor, que los dos que sí estuvieron usan ahora zapatos Lotus y ropa interior de raso y serían los primeros en mandar a los guardias a poner a escuadra a cualquiera que amenazara desde la calle su tranquilidad burguesa. A pesar de todo eso o precisamente por ello, me es muy grato el recuerdo de un tiempo en que a algunos poderosos no les llegó la camisa al cuello. Fue efímero y, como digo, incluso engañoso, pero al precio que van las utopías, me resisto a tirar a la basura esas imágenes en blanco y negro o en colores desvahidos. Quién sabe si un día nos servirán para algo.