jueves 25 de septiembre de 2008

Nadie me comprende




Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así,

porque nadie me ha tratado con amor,
porque nadie me ha querido nunca oir.
Yo soy rebelde porque siempre sin razón
me negaron todo aquello que pedí
y me dieron solamente incomprensión.
(Jeanette: Soy rebelde)



Je, habéis caído. El título era sólo un reclamo para cazaros en manada y poneros etxekolana para el domingo, que es cuando nos ilustraremos junto a Imanol Querejeta sobre el sentimiento de incomprensión. Si tuviéramos sentido del marketing, lo patentaríamos como “Sindrome de Calimero” y nos hincharíamos a escribir artículos y libros, pero ya sabéis que no nos adorna tanto morro. Trato de apuntar unas ideas y, como siempre, vosotras y vosotros tiráis por donde os apetezca...


Lo primero sería hacer el censo de auténticos incomprendidos. Confieso que es una de las cuestiones en las que con los años me he ido haciendo más y más intolerante. Aunque nunca he tenido la soberbia -ni la paranoia- de pensar que toda la población del planeta conspiraba para provocar mi sufrimiento, sí era capaz de observar en otras personas cualidades que las hacían diferentes del resto y, en consecuencia, serios candidatos a la incomprensión. Ahora, que tengo una bodega repleta de lágrimas ajenas embotelladas, tiendo a desconfiar de quien se me presenta con una tarjeta de visita que lo anuncia como desheredado de la comprensión general.


De hecho, no me cuesta nada entender a noventa y nueve de cada cien individuos de esos: o son unos victimistas redomados que siempre piensan que el profe les tiene manía o unos guays del copón de la baraja que, en su afán de salirse del rebaño, acaban balando en un orfeón de ovejas presuntamente descarriadas con normas más estrictas aún que el antiguo coro. Vestirse de gótica todas las mañanas tiene que dar más pereza que ponerse corbata y gemelos.


No conozco a nadie que, tras leer a Cortázar, no se identifique con los cronopios. Luego, rascas con la moneda de cinco céntimos, y descubres que todos son -somos- famas o, en el mejor de los casos, esperanzas. Mola sentirse único, pero como en el chiste del póker de Eugenio, serlo de verdad tiene que ser la hostia.


Lo curioso -y esta idea me lleva al asunto de la impostura que tanto nos apasiona a Noe y a mi- es que un buen puñado de esos rebeldes sin causa de plexiglás acaban vendiendo la moto, cada uno de su cilindrada. Enfants terribles que no son más que tocahuevos de instituto de secundaria, adelantados a su tiempo que llevan más retraso que el tren de La Robla, marginales que van siempre por el centro del caudal, sistemáticos antisistemas, poetas malditos bendecidos, correctísimos políticamente incorrectos... Al final, los genuinamente diferentes van a ser -como comentábamos en la mesa camilla de MQP donde empezó a sofreírse este asunto- los que se casan vírgenes a los veinte años. A esos sí que no los comprende nadie.

miércoles 24 de septiembre de 2008

Silencio



No quiero hablar, ni tampoco que me hables,

si al despertar, te recuerdo rodeada
de esa quietud con que vivías a mi lado,
para velar por el silencio primitivo.
Palabras que son cansancio.
Pero yo te prometo inventar un lenguaje nuevo para ti.
(El Último de la Fila: Las palabras son cansancio)



Cariñosamente, cuatro amigos me reprochan mi silencio tras la vuelta a las andadas de los peones de la destrucción nacional. Es cierto: un asesinato, tres coches bomba que pretendían provocar sendas matanzas, y no he sido capaz de sentarme a escribir sobre ello. Un Pepito Grillo que no sé si juega a la equidistancia o ha tomado partido, me recuerda que tampoco ha visto una línea mía sobre la semana fantástica de la ilegalizaciones o sobre el radiotelegrafiado portazo en las narices de la Consulta. Ahí sí salto: justificar lo primero con lo segundo me parece, además de una villanía, una demostración de infantilismo estratégico e intelectual. A setas o a Rolex, pero si tengo que elegir, a setas.


Como soy un tipo introspectivo, peso, sopeso, analizo, despiezo, rumio, calibro y, finalmente, me encojo de hombros. No, no es indiferencia. Tal vez, perplejidad. Seguramente, impotencia veteada de hastío. ¿Qué voy a decir que no se haya dicho? Es más: ¿qué voy a decir que no sepamos todos? Si no me paro trece veces por minuto (Celaya) a describir mi respiración, no veo por qué me voy a detener a contar lo que ocurre frente a los ojos y los oídos de todo el mundo. No hay nada más cansino que explicar lo evidente. Corrijo: sí lo hay. Aún da más pereza tratar de explicárselo a quien no quiere verlo.

domingo 21 de septiembre de 2008

El Foral que multaba poco

Txakurrak bezala sentitzen naiz
Soka aulkiaren azpian lotuta
Ezin mugiturik aurkitzen naiz
Espaloian aparkatzeagatik
Isuna jarri didatela ikustean.
(Jousilouli: Espaloiak)

Me quedo con media docena de buenas sensaciones de este fin de semana a cámara rápida y con exterior interruptus salvado dignamente. Vuestra colaboración en el espacio de Imanol Querejeta, de matrícula de honor y paseo a hombros; seguiremos por esa línea y, sí, reservaremos más tiempo. Estoy especialmente satisfecho -y aquí os vengo con una vuelta de tuerca- del primer Juicio Rápido en A Tres Bandas. Ha dado juego en antena y creo que puede funcionar también en el blog, así que preparaos para formar parte de un ciberjurado. Os planteo el mismo caso de nuestro estreno en MQP.


Los hechos


La Dirección General de Interior del Gobierno de Navarra ha sancionado con la suspensión de 15 días de empleo y sueldo a un policía foral de la División de Tráfico por su escasa “actividad denunciadora”.


La fiscal, Edurne Mendia, sostiene:

En 100 días de trabajo, este Policía Foral no ha llegado ni a las 20 multas… según la comparación que hemos realizado con el resto de sus compañeros. Por lo tanto, el rendimiento de este agente es más que bajo… y nos vemos en la obligación de denunciar su actitud.

Porque, además, se percibe un cambio de actitud en él… es decir, entre los años 2001 y 2006 bajó muchísimo el número de multas interpuestas por el acusado… lo cual demuestra que simplemente dejó -por propia voluntad- de cumplir con su obligación.


La defensa, representada por Josune Imizkoz, alega:

Primero: que las infracciones de tráfico no sólo se deben combatir a golpe de multa... sino que se debe incidir también en la información y la reeducación de los conductores para prevenir accidentes...

Segundo: resulta un despropósito que una administración pueda imponer un cupo determinado de sanciones por policía y tiempo, pudiendo dejar entrever un afán recaudatorio...

Y tercero: ¿No estamos en crisis todos? Puede que la voluntad del agente en cuestión fuera aliviar la carga económica de aquellos, que por despiste o distracción, hubieran cometido alguna falta de tráfico.


Los contertulios de A Tres Bandas han absuelto por unanimidad al foral. Es más: Carlos Vilches ha propuesto un ascenso para él.

Es vuestro turno.

viernes 19 de septiembre de 2008

El domingo, los celos

Si fueras posible amarrar
tenerte siempre cerca, poderte controlar,
saber cada paso que das, si sales o si entras,
si vienes o si vas, las narices enseñar,
¡ay, amor! ¡Cómo inmenso es el mar!
(Victor Manuel: Ay, amor)


[Como anunciamos, el domingo hablaremos de los celos en el espacio de Imanol Querejeta. Tras la buena experiencia anterior, volvemos a pedir que nos echéis una mano. Mi texto será una base mínima; Imanol centrará la cuestión, pero serán los comentarios que dejéis aquí los que nos hagan de hilo conductor. La foto la he tomado de la galería de Flickr de NaDeR MaKKi]


Una constatación curiosa: cuando en septiembre de 1999 le pedí a Imanol que inaugurase sus intervenciones en MQP hablando de los celos, el asunto me resultaba apasionante, casi obsesivo... y no exactamente por motivos personales, porque ya hacía tiempo que había pasado ese sarampión -más bien cólera miserere- de morir en vida ante la idea de no ser el único tripulante del corazón de mi(s) amada(s). Hoy, sin embargo, me encuentro que no sé realmente lo que pienso sobre el asunto, más allá de un puñado de obviedades y de alguna que otra de mis ideas extremistas.


Siempre he pensado que el amor es una de las fuerzas más destructivas de la naturaleza humana. Es cierto que, una vez domesticado y vaciado de esa estupidez o infantilismo que algunos llaman locura para hacerlo glamouroso, se convierte en la viga maestra de las existencias de los que necesitan esperar a alguien y tener quien los espere. Sin embargo, en la inmensa mayoría de las ocasiones es una pérdida de tiempo (si hay suerte) o una inmolación por alguien que 99 de cada cien veces no merece ni un miligramo de la sal de nuestras lágrimas.


En ese estado de sitio general de los sentimientos, en esa alienación absurda pero inevitable, los celos arraigan, crecen, se multiplican y minan las almas hasta convertir a los invadidos en asesinos de sí mismos... o -a veces, literalmente- de los demás. Escuchar un nombre en la boca del otro, intuir un roce suyo con cualquier ser anónimo de entre doce y cien años o ver cómo trata con sospechosa amabilidad a cualquier habitante del planeta, son la antesala de la tsunami emocional que se lleva por delante lo que encuentre a su paso, empezando por la dignidad propia.


Es sorprendente cómo hombres y mujeres que en todos los demás ámbitos de su vida mantienen la calma, actúan con racionalidad y mano izquierda, se convierten en hidras de mil cabezas si les da por la ira o en pura mierda, si optan por la autocompasión. Y lo peor es que casi no hay diferencia entre si el sentimiento es fundado o infundado. De hecho, conozco casos de gente que ha reaccionado mejor cuando se ha encontrado a su pareja con compañía en la cama que cuando le ha descubierto un pelo ajeno en el jersey.


Es mi (casi) inútil aportación. Me he limitado, además, a la pareja, sabiendo que sólo es uno de los terrenos donde causan estragos y que no hay relación humana que esté libre de ellos: la familia, el círculo de amistades y/o conocidos y el trabajo no son excepciones. El sentimiento de posesión es una de las señas de identidad de la especie que nos tocó en la lotería cósmica... o sólo cómica.

miércoles 17 de septiembre de 2008

Escuadristas con micrófono

video

Quedaba por nacer el escuadrismo televisivo y ya está aquí. Lo ha parido el grupo Intereconomía, conglomerado mediático que va camino de convertirse en emporio con una receta simple: ideología ultramontana (la Cope es de izquierdas a su lado), demagogia de bazar, cultura general por debajo del certificado de estudios primarios, osadía ilimitada y desprecio absoluto por la ética periodística más elemental.


No contentos con hacer tertulias donde los presentes van atizándose lingotazos de vino en las narices de los espectadores, su sentido de la innovación les ha hecho crear una especie de hooligans con micrófono que se dedican a acosar a los reporteros de otras cadenas. La primera víctima ha sido una antigua compañera de Radio Euskadi, Estibaliz Gabilondo, actual integrante del equipo de Caiga Quien Caiga, que esta temporada emite La Sexta.


Los hechos están en decenas de crónicas, pero os los resumo. Estibaliz fue enviada por el programa a un pleno de la Diputación de Castellón, presidida por el barón regional del PP Carlos Fabra, que tiene varias causas judiciales abiertas por presuntos delitos de bolsillo creciente. Como en los tiempos de las Camisas Pardas, la Banda de la Porra y otros angelitos del pelo, en el jolgorio se presentaron unos fulanos acreditados por Intereconomía que putearon a la periodista para evitar que se acercara a su político protegido.


El baranda de la cadena, un tal Xavier Horcajo, juraba ofendidísimo que él no había mandado a nadie a ningún sitio y menos, a boicotear, pero como a más de un serial killer o, sin ir más lejos, a los niñatos que cuelgan sus palizas en Youtube, el narcisismo le delató. Con un par, esa misma noche soltó en su programa estrella (el de los contertulios que se animan con jumilla y otros caldos) el making of de la ekintza, que es el que ilustra este apunte.


En el pastiche comprobaréis, aparte de la suficiencia de los gamberretes y su fidelidad chuchesca al patrón, que el concepto de telebasura debe ser revisado para incluir esta zafiedad que consiste en hostigar a los periodistas que van a incordiar al señorito. El final del video es de novela de gángsteres de a duro: “Ahora ya sabe lo que se siente cuando alguien es atosigado con incómodas preguntas”. Faltó añadir que esto era sólo un aviso y que la próxima vez utilizarían medios más convincentes.

martes 16 de septiembre de 2008

¡¡Todo el poder para los soviets!!


Nobody knows where you are,

How near or how far.
Shine on you crazy diamond.
Pile on many more layers
And I'll be joining you there.
Shine on you crazy diamond.
And we'll bask in the shadow
Of yesterday's triumph,
And sail on the steel breeze.
Come on you boy child,
You winner and loser,
Come on you miner for truth and delusion, and shine!
(Pink Floyd: Shine on you crazy diamond)



No voy a pedir a nadie que me lo explique, porque lo único que me queda claro del reguero de noticias que causan mi perplejidad bañada en estupor es que los listillos de la cosa económica no tienen ni puñetera idea. ¿Cómo carajo se puede ir al guano de un rato para otro el cuarto banco de inversión más importante de Estados Unidos? ¿Qué es eso de que los chulazos que se dedicaban específicamente a emitir recomendaciones de compra o venta y a repartir certificados de buena conducta (o sea, de solvencia) de otras entidades han tenido que ser comprados a toda leche por el Bank of America?


Todo esto, cuatro días después de que el gobierno del Imperio, que deja que se mueran millones de pringados sin seguro médico, haya puesto un pastucio para salvar de la quiebra a los dos gigantes hipotecarios del país de las barras, las estrellas y la mantequilla de cacahuete. Y a este lado del Edén, lo mismo: primero el gobierno británico vacía sus arcas para parchear las cantadas de sus colosos inmobiliarios y hace unas horas, el Banco Central Europeo rompe el cerdito para inyectar pasta al mercado, como quien le da un chute de metadona a un jonco sin remedio.


Luego tienen las santas narices de andar reprendiendo al personal que no calzamos Lotus ni tenemos jet privado porque nos dejamos la luz de la cocina encendida mientras estamos viendo la tele. Lo menos que se merece esta panda de manguanes que dejan arruinarse negocios trillonarios es que les pongan unas orejas de burro y los paseen en calzoncillos (Abanderado, nada de seditas ni Calvin Klein) por Nueva York, Londres, París o Madrid. Hace falta ser mastuerzo para fundirse en un titá esos patrimonios. Como decía esta mañana uno de los curritos del Lehman, es como si el hermano tonto se hubiera pulido la herencia.


Pero no, claro. Los gañanes esos van a seguir teniendo sus casoplones, sus limousinas, sus yates y sus gemelazos de oro. Me juego el plan de pensiones a que todos y cada uno tienen ya un nuevo despacho desde el que jugar al monopoly con la choja de los demás. No me digáis que no es como para salir a la calle a pedir todo el poder para los soviets. Habrá que hacerlo, aunque sea como homenaje a una de las bandas genuinamente rojas, que ha perdido hoy por un cáncer traidor a uno de sus fundadores. We don't need no education. We don't need no thought control!!!

sábado 13 de septiembre de 2008

Mejor no tener ideas



Soy el hombre delgado que no flaqueará jamás

Querías ser libre pero que no te pasara nada
Siento una simpatia natural y espontánea
hacia las cosas extraordinarias.
(Bunbury, con una frase prestada de Pedro Casariego: El hombre delgado que no flaqueará jamás)




Mira que no ando sobrado de tiempo precisamente, y sin embargo no he podido evitar invertir unos cuantos minutos -ya habrá sido algo más- en la historia de un tipo llamado Kane Kramer que, por esas bromas del destino, anda ahora tieso como la mojama, cuando pudo haber sido uno de los hombres más ricos del planeta.


Tiene pelotas, haber inventado -o por lo menos soñado con bastante precisión- el Ipod, y encontrarse treinta años después sin pasta para comprarse uno. Las cosas de adelantarse a su tiempo, imagino, sumadas a unas pésimas cualidades para los negocios. Si no es porque Apple necesitaba al pardillo para demostrar que fue a él y no a una firma llamada Burst.com a quien le pimpló el artilugio, ni nos enteramos.


¿Cuántos padres y madres de ideas andan por ahí, mano sobre mano, mientras otros se llevan la gloria y la pasta?

jueves 11 de septiembre de 2008

Cuarenta y uno


Cuarenta y uno ya, y no acabo de decidir si tengo que cantar gracias a la vida, que me ha dado tanto, o encargar al bufete de Garrigues que le ponga una querella por incumplimiento de contrato. Optaré, supongo, por Violeta Parra, aún sabiendo cuál fue su final, porque si hago tres sumas y doscientas restas, no salgo tan mal parado. Me sobran, es cierto, dedos para contar lo que me importa, pero también es verdad esférica que no he perdido nada de lo que no tengo: todo lo cedí voluntariamente o, simplemente, me hice a un lado y dejé que pasara sin hacer ademán de tomarlo.


Cuarenta y uno, sí, y no te los cambio por tus veintitantos, que me ha costado mucho pastorearlos uno a uno hasta este redil donde la esperanza no entra si no sabe el santo y seña o no trae un par de cafés bautizados con tres gotas de autenticidad para sobornarme.


Cuarenta y uno, y tampoco te los presto, más que nada, porque no sabrías qué hacer con ellos, salvo rociarlos de distancia o, peor aún, alimentarlos con restos. Son orgullosos mis años, ¿sabes? Prefieren morir de hambre pura y dura que de malnutrición. A mi me pasa igual. Jamás pude con los sucedáneos. ¿Vas atando cabos?


Cuarenta y uno. A ti sí te invito a celebrarlos, a marearlos, a tirarlos al aire -te regalo los que caigan a la izquierda de la raya de tiza- o, simplemente, a contarlos. Qué gracia si resulta que son menos. Da lo mismo. Puedes quedarte con todos. También con los que vengan de hoy en adelante.

martes 9 de septiembre de 2008

Spanglish


A lo mejor soy más insustancial de lo que creía, pero no se me ha descoyuntado el bullarengue por un pelo al encontrar esta joya en el divertidísimo blog Land of Espoilers, adornado con una apostilla genial. Como diría uno de nuestros técnicos fávoritos, ¡cómo está la patria!

Y vosotras y vosotros, ¿cuántas veces habéis encontrado el amor de vuestra vida? ¿Once en castellano u once en inglés?

viernes 5 de septiembre de 2008

MQP 2008 - 2009


Ahí tenéis el nuevo equipo de MQP, que mañana y pasado hace su particular pre-estreno del curso radiofónico 2008-2009. Será nuestra décima temporada y en ella cumpliremos mil programas. Mi deseo es que durante todo el tiempo que nos toque compartir haya motivos para hacer durar las sonrisas que lucimos en la foto. Si queréis poner nombre a esas caras y conocer un par de detallitos de cada cual, pasaos por la web del programa. Mientras tanto, deseadnos que la suerte nos acompañe.

miércoles 3 de septiembre de 2008

Halagos y debilidad: una teoría




Yo tengo un novio que me lleva a la bahia,

que me dice mia, mia, que me dice qué calor.
Qué calor, qué calor tengo.
Qué guapa soy y qué ritmo tengo.
(Karen Paola: ¡Ay, qué calor!)







Ha vuelto a salir la frase en los comentarios al apunte anterior y he recordado que desde hace semanas tenemos pendiente un juego floral sobre las verdades y las mentiras que encierra: ¿El halago debilita?


Empiezo aclarando que a quien más veces he escuchado la sentencia es a José María García, lo que da una idea de mis clásicos. Como complemento y a veces antídoto -en realidad, como bálsamo universal- recurro a una cita mucho más exhibible del filósofo y escritor José Luis Sampedro que algún día grabaré en la cabecera de mi cama: (algunos) vivimos de migajas afectivas.


Un guiño, un pulgar en alto, la palmada en la espalda de toda la vida, que puede ser un SMS o un emilio de dos líneas en los tiempos actuales, son para buena parte de nosotros el combustible que nos permite perseguir sueños en lugar de -como decía Jardiel- roncarlos. Si tu depósito es del tamaño adecuado, y mantienes limpios los inyectores, aunque tu corazón sea de doscientos caballos, no necesitarás repostar muy a menudo. Bastará un gesto de complicidad desde la acera de enfrente, un post-it en la pantalla del ordenador o, incluso, la llamada perdida desde un número conocido para tirar hasta Venta de Baños o, si te pones, hasta Tordesillas.


Lo curioso -y sospecho que nos pasa a más de uno- es que si recibimos el carburante en dosis altas, se nos bloquea la dirección, se nos ahoga el motor, o las dos cosas a la vez, y acabamos desconcertando a quien nos elogia con la cara de genuino gilipollas que se nos queda al recibir una ingesta de alpiste vital que supera nuestra capacidad para metabolizarla.


Hay, sin embargo, tipos que parecen tener una voraz solitaria en el depósito, y cada tres pasos se les enciende el testigo de la reserva. Son insaciables yonkis de las lisonjas y hacen cualquier cosa por administrárselas en vena, desde fabricárselas a medida a mendigarlas, pasando por robarlas. Conozco, desgraciadamente, a muchos de esos adictos que cuando no tienen suficiente con el autobombo -sus trofeos deportivos, su pedazo colección de matrículas de honor, lo muchísimo que ligan-, acaban apropiándose de los méritos ajenos para mercarlos por un chute de polish para el ego. Es a este tipo de personas a quienes debilitamos con el elogio, por mejores intenciones que albergue, porque consumido el primero, necesitarán el segundo, exigirán el tercero y se creerán víctimas de un tremendo agravio al ver que no les llega el cuarto, lo que les hará sentirse justificados para vengarse del mundo en la piel del primer pardillo que tengan a mano.


Lo cuento con tanto detalle porque -insisto- he lidiado en mi vida (y quién no) con bastantes de esos macroegos que, en el fondo, son estratosféricamente infelices porque cada trago de grifa para la autoestima les da más sed. Afortunadamente, aunque hagan mucho ruido, creo que son bastante menos que los otros, los que van tirando con las migajas afectivas. A esos podremos atribularlos con un halago, pero no debilitarlos.

martes 2 de septiembre de 2008

Ellas y ellos son MQP

¿Qué es lo que mueve montañas?
¿Qué es lo que mueve a los hombres
cuando nos desmoronamos
para creer que pasará?
Algo que llegue y que se lleve
todo lo que nos hiere.
(Tahúres Zurdos: Mañana)


Faltan algunos que siempre encuentran una buena excusa para no mandarnos su foto. Pero esas y esos que veis ahí son, por supuesto junto a vosotras y vosotros, la esencia de MQP. ¿Exagero? ¿Me paso con el jabón? Os prometo que no.


Hace unos meses, en lo más profundo del pozo -algo os he dejado caer por ahí-, cuando ya había pedido, incluso, que apartaran de mi este caliz que me destrozaba los labios del alma con cada sorbo, tuve lo más cercano a una revelación que llegaré a conocer en mi vida. Como a mi musa recurrente, Escarlata O'Hara, cuando se le aparece el espíritu de su padre para recordarle que no hay nada más importante que la tierra roja de Tara, comprendí en un segundo qué hacía merecer la pena de lo que en ese instante sólo me parecía una sucesión infinita de errores de planteamiento. Y en el centro de todo estaban -siguen estando- esas personas.


El privilegio de tratarlas una a una en larguísimas conversaciones telefónicas (os reto a tener una charla de menos de diez minutos con, por ejemplo, Sonia, Imanol, Elena, Ortiz o Mugu) y gozosos contactos cara a cara me hace deciros con total seguridad que MQP no tiene un solo colaborador convencional. Todos y cada uno de ellos están tocados por una suerte de chaladura mágica que les hace únicos y, para mi, imprescindibles, no ya por su extraordinaria aportación profesional al programa, sino por el inmeso regalo personal que es saber que puedo contar -y no hasta dos o hasta cinco, como dice Benedetti- con ellas y ellos. Igual que el viejo lema de Martini: donde estés y a la hora que estés.


Caer en la cuenta de ello -junto a los recuerdos de mi hermana Iratxe Celis y mi primo Dani Álvarez, unas palabras balsámicas de Susana Martín y algún que otro dulce arrullo más- hizo que se rompiera el maleficio y que pudiera salir de esa especie de Sing Sing emocional en que había resbalado: algo sí tenía que haber hecho bien para que todos esos seres humanos excepcionales -y otros más- hubiesen coincidido alrededor del tíovivo loco que trato de mantener en danza contra (casi) todas las leyes de la física.


No tengo nada de visionario. No soy Martin Luther King teniendo un sueño ni San Pablo cayéndose del caballo en el trayecto a Damasco. Sólo aspiro a mirar alrededor y ver que camino en compañía. Ni siquiera me preocupa hacia dónde y, menos aún, cubrir etapas de miles de leguas o subir a cimas donde no hay más que enfermos de mal de alturas y alpinistas con piolets comprados en armerías. Os he dicho un millón de veces que esto no tendría sentido sin los que estáis a ese lado, y ahora trato de explicaros que tampoco sin los que están a este lado. Aunque el verdadero milagro es, como ocurre con tanta frecuencia, cuando este y ese lado son... el mismo lado. Preguntádselo a un doctor en Geometría y os dará que eso no es posible. Yo sé que sí.

lunes 1 de septiembre de 2008

Tres, dos, uno... ¡de septiembre!


Ba de ya - say do you remember

Ba de ya - dancing in September
Ba de ya - never was a cloudy day
(Earth, Wind & Fire: September)



Pues sí, y además, lunes, para más inri de los que tienen motivos para padecer eso que los milongueros bautizaron (y coló, vaya si coló...) como síndrome postvacacional. Yo, como el gran Ortiz, -y también porque tengo sangre gallega- ni lo sufro ni lo dejo de sufrir. ¿Que se me ha quedado adherida al cuerpo la pereza? ¡Nos ha jo..robado! ¡Como a todos! Pero puede bastante más la curiosidad, que además de matar gatos, empuja de lo lindo a tipos de arranque cansino como servidor. Y no veáis la curiosidad que tengo por ver cómo de dura viene este año la piedra que intentará que vuelva a tropezar en ella. Espero que la penúltima cura de espanto -en la mismita UCI estuve- me haya servido para aprender de una vez por todas que dos y dos no son cuatro.


De momento, aquí estoy, de plácido trasnoche casi póstumo, echando a los dados qué tuercas aflojo y cuáles aprieto, dónde zurzo, dónde hilvano o dónde meto tijera. Estoy tranquilo, paradójicamente, porque a estas alturas sigo sin tenerlo claro. Nada me aterra más que la absoluta seguridad. En mi próxima vida tal vez consiga ser uno de esos seres que lo llevan todo atado y bien atado antes de dejarse caer a la piscina. Yo, si me dejo el acojono en casa, simplemente no salto.


Si mi conciencia no me conociera, andaría dándome la vara con que he tenido tiempo más que de sobra. Me recuerdo a mi mismo con nueve, diez, once años, terminando los ejercicios de vacaciones la misma noche antes de la vuelta al cole. El que nace lechón, muere gorrino (capullos, no os toméis el refrán al pie de la letra) y sé que no habrá curva de mi vida que no decida tomar hasta el último segundo... o hasta que ella me tome a mi.


Valorad todo esto como puros ejercicios de calentamiento. Tengo montañas de cosas que teclear en los próximos meses y hay que ir haciendo dedo. Gracias por hacer de sparrings... y por acompañarme en este nuevo intento de darles una buena manta de hostias a la rutina y a su prima la decepción. Esta vez, con un poco de suerte, las mantenemos a raya hasta noviembre...