domingo, 26 de septiembre de 2010

César Cabo, una celebridad


Cuando César Cabo aparecía en la pantalla a mediados del verano portavoceando a los controladores aéreos, siempre me entraba la duda de si estaba viendo las noticias o una teleserie. Hay que reconocer la gran jugada de uno de los colectivos más odiados a este lado del Volga al elegirlo para dar la cara -de ángel en este caso- por ellos. Esa caída de ojos y ese porte justificaba cobrar una millonada y pasarse la vida amargando los vuelos de todo quisque. Aposté contra mi mismo que no tardaríamos en encontrarnos al querubín en otros quehaceres. Necesitados siempre de ampliar el parque de celebridades cañís, ese por el que pacen profesores Neira y demás, una planta como la de Cabo, unida a su labia, era un seguro de éxito. Facebook, donde tiene página de famoso y no de simple mortal,  ya había dictado su veredicto, y él se dejaba querer diciendo que no pero sí. Lo tiene todo para ser portada del Cosmopolitan. De momento -no es poco- es contraportada de El Mundo. Y que nadie lo llame intruso, que compartió aulas de periodismo con Letizia Ortiz.