domingo, 9 de enero de 2011

La elección de Izaskun

Me ha encantado el último jirón de piel que ha compartido Izaskun Pérez con los que nos asomamos a su blog. Para alguien como yo, que hace tiempo abandonó casi toda esperanza de que las llamadas nuevas generaciones se encogorciasen hasta las cachas con este metílico puñetero de contar cosas a los demás, leer su (renovada) declaración de amor torrencial al periodismo ha sido una mezcla de alivio y de preocupación. Alivio, al ver que aún hay quien, a sus veintipocos, se apunta a batallas perdidas y lo hace incluso con conciencia... de su inconsciencia. Preocupación, porque la experiencia me dice que esa pasión -palabra que deriva de "padecer"- le va a procurar más de un dolor futuro a mi querida en la distancia alma errante. Imposible que no me salga mi vocación de guardián entre el centeno. Ojalá se me ocurriera cómo cuidar de ella, de su mellizo de adicciones Jon Laiseca (ahora, a un océano de distancia) y del resto de la camada que ha salido respondona a la vacuidad estomagante que es signo de estos tiempos. Estúpido afán, lo sé. Han demostrado que saben -¡¡y sabrán!!- cuidarse solos.