domingo, 23 de enero de 2011

Obsolescencia programada... y consentida


Hace un par de semanas, La 2 de RTVE emitió este documental que prueba lo que todos hemos pensado muchas veces: la vida útil de los productos que nos ofrece la industria está medida casi al milímetro. Me pasó no hace mucho con mi coche. Veinte días después de vencer la garantía, tuvo un avería que me mordió mil doscientos euros. Tendré que decir que fue una suerte, pues aunque carísima, la reparación era posible. Cámaras digitales, teléfonos móviles, ordenadores, impresoras... suelen correr peor suerte: sale más caro el arreglo que comprar un artilugio nuevo. He perdido la cuenta de las veces que me ha pasado.

Sí, todos somos o hemos sido víctimas de la obsolescencia programada a la que alude el título del documental. Culpable número uno, la industria, pero... ¿No hay más cajones en el pódium? ¿No es también culpa nuestra? Me resultó muy curioso que la noche que lo emitieron, Twitter bulliera de recomendaciones para verlo y notas sobre su contenido: "No os lo perdáis", "Así nos engañan", "Son unos ladrones"... La cosa es que la red social del pajarito es muy indiscreta. Bajo los mensajes, suele chivar el programa e incluso el cachivache empleado para remitirlos. No pocos Iphones fueron delatados. Muy curioso, que una de las firmas que, según vimos, aplica a rajatabla lo de la vida corta y limitada sin posibilidad de reparación es la de la manzanita mordida que fabrica esos aparatos, por demás, de tecnología férreamente restringida.