domingo, 24 de abril de 2011

Avant bq, pésima elección


Estaba escrito que el final sería así. Lo que veis en la imagen es lo que queda de mi fastuoso lector electrónico Avant bq. No ha llegado ni a cuatro meses de vida... de mala vida para mi. Cuelgues continuos, caprichosos cambios de paginación, batería que duraba medio suspiro y te dejaba a dos velas tres líneas antes de descubrir al asesino... Una mierda sin matices, para entendernos. He hecho compras desastrosas y catastróficas, pero ninguna como esta, que yo recuerde. Y aún así, mirad lo que os digo, soy capaz de encontrarle el lado positivo al fiasco.
Sí, porque a pesar de todas las faenas (o sea, putadas) que me ha ido haciendo el infame bicho, no ha impedido que en estas semanas haya leído lo que en los dos últimos años completos. Hablo, claro, de lecturas sosegadas, placenteras y voluntarias, no de los diferentes truños o de las miles de páginas que me tengo que tragar casi siempre por motivos laborales. Conclusión: ha fallado el modelo concreto, no el ereader como artilugio y, mucho menos, como concepto. Ahora tengo claro que un aparato que funcione tiene que ser la bendición que asegura la mayoría de quienes lo han probado.
Como no era cuestión de llorar las penas de Murcia ni ando con ganas de meterme en una pelea con el vendedor tipo Don Erre que erre de las mías, he optado por la directa y ya he encargado el siguiente. Salvo que haya vuelto a meter la pata gloriosamente en la elección, sé que a final del verano lo habré amortizado con creces. Y si no, me pego otro desahogo como este.
A quienes hayáis puesto los ojos sobre esto espero que os sirva como escarmiento en carne ajena.