miércoles, 4 de julio de 2012

Fnac, Kindle, Ebook... ¡Crash! (II)


La vida te da sorpresas y menéame ni te cuento... Casi me había olvidado de mi bilioso relato de la frustrante compra de un ebook en la Fnac, cuando de pronto me empiezan a llover en la bandeja de entrada mensajes para moderar. Ni idea de cómo o por qué, pero el caso es que exactamente un mes después de mi desfogue, una mano invisible —¡muchas gracias por el detalle!— había dejado el enlace en el superescaparate. Y de ahí, vaya usted a saber siguiendo qué misteriosa lógica, a la portada, con la consiguiente torrentera de comentarios de variado pelaje.

Que viva la libertad de expresión, sí, pero que viva pelín mejor documentada de lo que demuestran algunos de los espontáneos que se echaron al ruedo a opinar sin leer o, directamente, sin tener ni puta idea de qué iba la fiesta. Me empieza a parecer hasta normal que se recorte en Educación, porque por lo visto, vamos sobradísimos de sabios. ¡Y qué modestos! ¡Todos anónimos o con gilinicks para no darse importancia!

Aparte de los que me culpaban por ser tan tarugo de querer pagar por lo que cualquiera puede agenciarse gratis, el argumento que más me ha sobado la bajera es el que se resume en la chusca comparación “es como si tienes un coche diesel y te enfadas porque no funciona con gasolina”. Que no, luminarias, que no. Que yo fui con mi coche Diesel a una gasolinera que juraba —y sigue jurando, porque no lo ha cambiado— que vendía combustible para todos los vehículos del mercado. Si tenías uno de SU marca, repostabas directamente. Si era de otra, lo hacías a través de un conversor u-ni-ver-sal. No se menciona ninguna excepción, a no ser que la expresión “cualquier otro dispositivo” implique alguna salvedad que en mi inmensa estulticia yo no sea capaz de ver. “Cualquier otro dispositivo” sigue queriendo decir “cualquier otro dispositivo”, ¿verdad?

Es más, ni siquiera se habla de formatos porque, de hecho, ni falta que hace. El 99 por ciento de los muchísimos libros que me he leído en mi Kindle eran en origen Epub. Ni medio minuto tarda Calibre en pasarlos a Mobi y dejarlos listos para su disfrute en el aparatejo de Amazon. En la presunta “ayuda” de la Fnac se da a entender que el programa ADE de las narices se encarga de hacer ese trabajito. Ahí reside el engaño.

No me extiendo más. Lo jodido de este episodio es que cualquiera que se esté pensando si merece o no merece la pena pasarse a los lectores electrónicos tendrá la sensación de que es meterse en un berenjenal o que hay que hacerse dos masters. Soy consciente de la poca credibilidad que me queda después de haberme cascado este fárrago, pero puedo prometer y prometo que no es para tanto. Y sería para menos si no hubiera chiringos morrudos como Amazon o la Fnac... ni listillos que se piensan que deberían trabajar en Silicon Valley porque saben decir Epub, DRM y Calibre.

Mi inmensa gratitud al resto de comentaristas, la mayoría, que han tratado de aportar su visión y su experiencia sin ánimo aleccionador.